Viernes, Agosto 01, 2014

Política de Estado


Martes, 31 Enero 2012 14:25

Suben los precios porque suben los salarios


Efectivamente, es así de simple, eso es lo que está sucediendo en Argentina desde hace muchos años. No es como piensan los economistas “heterodoxos” kirchneristas, algunos de los cuales son funcionarios del INDEC actual, que miente con sus estadísticas y está desprestigiando al país, dentro y fuera de sus fronteras.

La altísima inflación es uno de los principales errores del gobierno, porque está frenando la plena utilización del potencial argentino y postergando su ingreso al mundo de los países desarrollados.


No es la inflación un problema solamente de este gobierno pero, cual le sucede a mucha gente,  no puedo explicarme cómo, si el Dr. Duhalde dejó el país con 6% de inflación anual, hayamos vuelto a tener altísimos índices, cercanos a la hiperinflación, que se produce a partir del 40% anual, según los economistas.

Cuando yo leía en los diarios que el gobierno pedía que los aumentos de salarios tengan un tope de 18%, creí que se debía a algún tipo de acuerdo de acuerdo realizado con las agrupaciones de empresarios y los sindicatos. Lamentablemente, tampoco en esta ocasión hubo diálogo ni debate para lograr un acuerdo tripartito entre las tres partes involucradas: gobierno, empresarios y sindicatos.

Parecería que hay mucho desorden y falta de coordinación en el gobierno nacional, y una gran falta de diálogo y debate con los empresarios, dirigentes sindicales y dirigentes de la oposición. Ni siquiera parece haber suficiente diálogo entre los mismos integrantes del gobierno. Además, no se advierte que haya unidad de mando en el organigrama gubernamental.

La Presidenta misma dijo en un discurso, poco después de ser reelecta por un segundo y último mandato, que necesitaba de la colaboración de todos los argentinos, “lo cual no significa debatir”, decía. Pero la política es diálogo.

Si la Presidenta abandonase las referencias al pasado y no se preocupase por el mañana, tendría muchísimas más energías para enfrentar los temas acuciantes del momento. Por lo demás, si ella tuviera un equipo económico de altísimo nivel, de profesionales honestos y experimentados, podría dedicarse a jugar al golf cinco días a la semana, y de ninguna manera necesitaría a un hombre como Guillermo Moreno.

No obstante, no está todo mal en el gobierno de Cristina Fernández. Aun si pareciera desprolija la manera como se están encarando los aumentos salariales para el año 2012, el gobierno tiene todo el derecho del mundo  para poner freno a los aumentos superiores al 18%, por ejemplo. ¿Lo hará?

El país entero lo necesita, y más precisamente los empresarios, que requieren un horizonte de certidumbre de por lo menos 12 meses, para que puedan contribuir inmediatamente a la estabilización de los precios. Después de todo, casi en ningún país del mundo se dan aumentos salariales del 18%, excepto quizás en la conflictuada Venezuela.

En mi opinión, para comprender el problema de la inflación en Argentina, es imprescindible comprender el excesivo miedo que los distintos gobiernos le han tenido a los sindicatos. No es ese el único motivo, pero ha influido mucho ciertamente.

Durante el gobierno de Isabel Martínez de Perón se desmadraron tanto los aumentos de salarios, que cuando la Unión Obrera Metalúrgica consiguió un aumento de 160% anual, si, dije bien: 160% anual, recién entonces decidió  la Presidenta no convalidar esos aumentos exagerados de salarios.

En el gobierno de Raúl Alfonsín, por no ponerse firmes con los sindicatos, se concedieron aumentos salariales que llevaron la inflación a un récord cósmico, intergaláctico, de 600% anual. El primer Ministro de Economía fue Bernardo Grinspun, quien solía decir que en Argentina había una “inflación de costos”, y que había que otorgar aumentos de 1% por encima de la inflación, pero esa política fue un verdadero desastre.

El Dr. Cavallo, en el gobierno de Carlos Menen, decidió inventar la convertibilidad porque tampoco creía que los acuerdos de salarios y precios pudieran ser efectivos, por lo cual se decidió atar el peso argentino al dólar. Pero era una medida un poco extrema que no duraría mucho.

Probablemente, el problema no consiste principalmente en la agresividad de algunos sindicalistas. En primer lugar hacen falta gobiernos serios, que no sean populistas, ni izquierdistas, ni habladores, ni demagogos, ni despilfarradores, ni incapaces, ni “originales”.

De todas las reivindicaciones para los trabajadores, la más importante es el salario. Pero eso no quiere decir que deban otorgarse salarios nominales que produzcan aumentos en los precios y, a la larga, terminen perjudicando a los trabajadores.

También me hubiese gustado que el líder de la CGT, el Sr. Hugo Moyano, reclamase por una mejora en los servicios de transporte ferroviario, por mayor empleo en blanco, por mejores planes de vivienda, por mayor austeridad con respecto al gasto público, por una reducción de los niveles de evasión impositiva, por una reducción gradual de los subsidios, por una reforma tributaria que haga menos regresivo y más justo y equitativo, el pago de los impuestos.

Creo que en Argentina hay muchos dirigentes sindicales que son conscientes de la prudencia que se debe tener, y que están bien de acuerdo con un tope de 18%. Pero ¿Cómo puede ser que se escucha decir que el gobierno pondrá un tope de 18%, y luego el Ministro de Trabajo sale a decir que no hay piso ni techo para los aumentos de salarios? Somos campeones mundiales de inflación ¡y el Sr. Tomada dice lo que dice!

Me hubiese gustado que haya habido un acuerdo entre gobierno, empresarios y sindicatos, pues el país entero necesita imperiosamente que se reduzcan sustancialmente los niveles de inflación, para que Argentina pueda aprovechar su inmenso potencial, para que seamos un país creíble, para que vuelvan las inversiones, para que la moneda argentina no siga perdiendo valor y, por sobre todas las cosas, para que se logre un aumento en el poder adquisitivo de la población, que nada tiene que ver con aumentos nominales irresponsables de salarios.

La Presidenta va a contar con un genuino apoyo de la población si su gobierno pone, de una vez por todas, un tope a los aumentos salariales. Creo que solamente serían necesarios dos meses para que podamos comprobar la efectividad de esa medida, pues estimo que los precios de los productos argentinos tal vez estén un poquito sobre-elevados debido a la lógica incertidumbre que tienen los empresarios.
Los argentinos tenemos que dejar de pelearnos y no tener miedo de apostar por Argentina. El auténtico desarrollo no se logra con una yuxtaposición de egoísmos, se construye con la generosa y humilde colaboración de todos y cada uno de los argentinos.
[Carlos Alberto Ferrari - Buenos Aires - 31-01-2012]

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Santo Tomas Moro

"El hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral."

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