Jueves, 29 Noviembre 2018 10:39

El acuerdo sino-vaticano, un nuevo acuerdo de Munich

El acuerdo firmado entre China y la Santa Sede recuerda el acuerdo de paz que Hitler firmó con Gran Bretaña y Francia, que nunca fue cumplido y que dio tiempo al dictador nazi para invadir Checoslovaquia y preparar la Segunda guerra mundial. No es posible “ignorar los sufrimientos y el pisotear la sangre de los mártires, en el nombre de los sucesos diplomáticos”. Por un profesor de historia.

 Beijing (AsiaNews)- Si bien la “intención parece buena”, un acuerdo “en el que falte la justicia terminará sólo dañando a los otros”. No es posible “ignorar los sufrimientos y el pisotear la sangre de los mártires, en el nombre de los sucesos diplomáticos”. Son algunas de las expresiones que Rock, el autor de esta reflexión pone como conclusión de este comentario suyo sobre el acuerdo entre China y la Santa Sede. Para Rock-seudónimo de un laico chino, profesor de historia- tal acuerdo recuerda muy de cerca el acuerdo de Munich de 1938, en el cual Hitler prometió la paz con Gran Bretaña y Francia, rechazándolo luego en los hechos con la invasión de Checoslovaquia y desencadenando la Segunda guerra mundial. Rock recuerda la valentía de Pío Xi, único líder en Europa que denunció los crímenes de la Alemania nazi. Él pide no dejar sólo al Salvador en “la responsabilidad de ocuparse de la grey”

La firma del Acuerdo China-Vaticano finalmente se realizó después de un gran debate. Después del acuerdo del pasado septiembre, no fueron revelados todavía los detalles, pero el impacto sobre la Iglesia china es difícil describir por lo grande que es. Además del reconocimiento de los 8 obispos ilícitos (incluído uno ya muerto)  y el reconocimiento de la diócesis de Chengde, del resto no se sabe nada. Como consecuencia se nota una cierta dificultad de enseñanza. Esta situación recuerda eventos similares en la historia, los cuales merecen un reflexión dentro de la Iglesia.

En 1932, el partido nazi guiado por Hitler tomó el poder en Alemania e inmediatamente lanzó un plan para preparar al ejército para conquistar Europa. Lo primero que hizo fue romper el Tratado de Versalles firmado al final de la Primera guerra mundial y un pequeños Estado inmediatamente fronterizo fue el objetivo principal. Después de la anexión de Austria en marzo de 1938, le tocó a Checoslovaquia, con la invasión del Studetenland con el pretexto de la humillación de los alemanes presentes en aquella región (1) . El gobierno checoslovaco sin ningún miedo por esta amenaza, no dudó en proteger al país.

Pero, en aquel momento, las potencias europeas autoras del Tratado de Versalles, el Reino Unido y Francia, se colocaron adelante para mediar: el primer ministro británico Chamberlain comunicó a Hitler negociar personalmente y concluir en un acuerdo de paz. Después de numerosas consultaciones entre Gran Bretaña, Francia y la Alemania nazi, el acuerdo fue firmado en Munich el 29 de septiembre de 1938, pero sin ningún representante de la República Checa. A expensas de la soberanía de Checoslovaquia, Gran Bretaña y Francia lograron la así llamada promesa de paz de Hitler. bajo la presión de Gran Bretaña y de Francia, Checoslovaquia se rindió y renunció a la región de los Sudetes. Pero, en realidad, este hecho marcó el inicio del final de este país.

Después de la firma del acuerdo, el primer ministro británico Chamberlain volvió a londres. En el aeropuerto, frente a los periodistas y al pueblo británico, se mostró satisfecho y triunfante por el acuerdo de paz estipulado con Hitler, diciendo “¡He traído la paz para una entera generación!”. Pero, el Premier Churchill respondió que el tratado de Munich era una “capitulación completa” de los países democráticos occidentales a la fuerzas armadas nazis, “una vergonzosa derrota, sin guerra de Gran Bretaña”. De hecho, mientras la tinta del acuerdo de Munich aún no se había secado, que ya Hitler rompió la promesa y ocupó la entera Checoslovaquia. Las huelgas en Polonia de 1939 dieron el inicio a la Segunda guerra mundial. Francia fue derrotada en 1940 y también el Reino Unido fue destruido bajo el indistinto bombardeo de los nazis. Chamberlain, que sostenía que había llevado la paz a una entera generación, dimitió y sus palabras después del acuerdo de Munich se convirtieron rápidamente en una burla. El análisis de Churchill de acuerdo se volvió un clásico: “Si entre la guerra y la vergüenza eliges la vergüenza, la guerra es sólo pospuesta”.

Vale la pena recordar que mientras las potencias europeas encuentran un compromiso con los nazis, el Papa Pío Xi no tuvo miedo de los nazis. El 21 de marzo de 1937 (Domingo de Ramos), con la Encíclica “MIt brennender Sorge”, el Papa denunció la opresión de Alemania nazi sobre la Iglesia, invitando a los católicos a resistir al racismo y al culto nacionalista (que van contra los valores morales y de fe de la Iglesia), a permanecer fieles a Jesucristo y a condenar las atrocidades nazis contra los católicos y las otras Iglesias. En el documento se recuerdan también los crímenes de la Alemania nazi y las violaciones de los acuerdos políticos y religiosos, pero al mismo tiempo se reclama a la certeza de la presencia del Buen Pastor, que siempre defiende a su grey.

Cualquier acuerdo que falte de justicia terminará sólo dañando a los otros. Aunque si inicialmente la intención aparece nueva, es necesario evaluar correctamente y claramente las consecuencias sobre el plan objetivo. Es verdad que la Iglesia predica la benevolencia, pero esto no significa que se puedan ignorar los sufrimientos y ¡el pisotear la sangre de los mártires, en el nombre de los sucesos diplomáticos! ¡La historia es un espejo que refleja claramente el ascenso y la caída de los países del mundo! ¡La historia de la humanidad debe ser maestra para la Iglesia, un lugar donde aprender, sobre todo a no repetir los mismos errores! ¡De otro modo realmente se descarga sólo sobre el Salvador la responsabilidad de ocuparse de la grey!

 

(1) Sudetenland, en checo y eslovaco Sudety, en polaco Kraj Sudetów, es el término alemán con el cual se indican los territorios germanófonos en las fronteras septentrionales, meridionales y orientales de la actual República checa.

 

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