Viernes, 15 Febrero 2019 08:18

Arizona podría considerar el consumo de pornografía como ‘crisis de salud pública’

La pornografía no es casi nunca tema de debate en las sugerentes conversaciones de barra de bar ni tampoco cuestión de análisis en los pretenciosos coloquios académicos. Sin embargo, quizá no haya realidad concreta que tanto condicione la forma en que el hombre se comporta, mira a los demás y se relaciona con el mundo que lo rodea. Años de libre acceso a la pornografía han ido moldeando un hombre encerrado en sí mismo, incapaz de trascender las relaciones instrumentales.

Cada vez más personas son conscientes de los efectos dañinos de la pornografía; incluso algunos políticos han manifestado su voluntad de legislar contra ella. Es el caso de una parlamentaria republicana de Arizona, Michelle Udall, que ha presentado una resolución encaminada a considerar el consumo de pornografía como crisis de salud pública en el estado.

Si bien la medida no entrañaría consecuencias legales, consolidaría la idea de que la pornografía perpetúa un ‘ambiente sexualmente tóxico que daña todas las áreas de nuestra sociedad’. Lo cual, en una época en que la pornografía es presentada como benéfica para el desarrollo de los jóvenes, no es algo despreciable. 

‘Al igual que la industria tabacalera, la industria de la pornografía ha creado una crisis de salud pública. La pornografía se consume de manera generalizada’, ha señalado Udall. Aun comprendiendo el símil entre la industria tabacalera y la pornográfica, no lo podemos compartir del todo. Mientras el tabaco es sólo nocivo para la carne, la pornografía es nociva para el espíritu. La pornografía, y no el tabaco, altera progresivamente la mirada del hombre; el pornógrafo no mira al otro como un sujeto al que amar, sino como un objeto al que usar en propio beneficio. Y esto conlleva unos efectos nefastos para la vida comunitaria.

Citamos, por su interés, un extracto de la resolución presentada por Udall: ‘Los niños están expuestos a la pornografía a un ritmo alarmante, lo que lleva a una baja autoestima, trastornos de la alimentación y un aumento de la actividad sexual desordenada a edades cada vez más jóvenes (…) La pornografía normaliza la violencia y el abuso de mujeres y niños al tratarlos como objetos, aumentando la demanda de tráfico sexual, prostitución y pornografía infantil

La pornografía, en datos.

La pornografía no constituye un fenómeno excepcional, ni mucho menos. Un estudio de la Universidad de Middlesex, en Reino Unido, revela que un 53% de los adolescentes de entre 11 y 16 años han visto material pornográfico explícito en la red; al tiempo que muestra que el 65% de los jóvenes consultados de 15 y 16 años reconocen haber consumido porno asiduamente. En el caso de los niños de 11 y 12 años, el dato se antoja incluso más escalofriante: un 28%.

El estudio, por otro lado, señala que la mayor parte de los jóvenes que consumen pornografía se encontraron con ella por primera vez casualmente, sin pretenderlo. Una aseveración que coincide, en esencia, con los datos que maneja un informe realizado por el Comité de Mujer e Igualdad del Parlamento británico: sólo el 22% de los adolescentes entre 11 y 16 años que han visto – o ven – pornografía dieron con ella intencionadamente. Esto es, se cruzaron con mientras navegaban por Internet, como quien se topa con una fiera cuando explora la selva.

Prohibir el consumo de pornografía entre los menores no sería, pues, atentar contra su libertad, sino protegerla de las acometidas de un mal que esclaviza.

 

 

15/02/19 www.infovaticana.com