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Política de Estado


Sábado, 31 Agosto 2019 19:26

"Tener un bebé, incluso si eres violada o incluso en caso de incesto, no es lo peor que te puede pasar"

“Esta no es una historia fácil de contar. He tardado muchos años en poder contarla. Pero de vez en cuando, alguna mujer me dice que he cambiado su forma de pensar sobre el aborto… Estoy muy agradecida a Dios por cualquier manera grande o pequeña en que pueda ser una ayuda para alguna persona y, en última instancia, mantener vivo a un bebé”.
 
Las intensas palabras del anterior párrafo fueron escritas por la norteamericana Donna Shibuya, cuyo testimonio -publicado en el portal Salvar el 1-, revela cómo a pesar de lo brutal que pueda haber sido la vida para una persona, siempre es posible renacer y lograr paz.
 
A los 37 años de edad, Donna tuvo ante sus ojos documentos judiciales que hablaban de un dramático origen. No solo porque su madre y abuela habían fallecido cuando ella tenía apenas cinco años, sino porque su padre era también su abuelo, el padre -violador- de su mamá. 

Adoptada por Ida y Charley , a los pocos meses de estar viviendo con ellos, el padre adoptivo las abandonó. “Ida nunca se volvió a casar y me crio como madre soltera. Ella era una madre increíble”, destaca Donna.

Sobre el proceso posterior que la enfrentó al aborto y el recorrido de conversión para perdonar, perdonarse y sanar es ella misma quien lo narra a continuación:
 
Abortar no resuelve el daño del incesto o por cualquier otra violación

"A medida que crecía, más me daba cuenta del problema del aborto y del slogan de los "derechos de las mujeres para controlar sus propios cuerpos". Derechos de elección, especialmente, en el campus universitario. Por supuesto, la violación era considerada una de las razones más justificadas para abortar, y la idea de que una mujer que había sido violada o que había sido víctima de incesto pudiera criar a su bebé era repugnante. Yo era el resultado de ambos, ¿entonces?...
 
A veces pensaba que mi madre podría haber tenido una vida más feliz si hubiera podido abortarme, y empecé a pensar que tal vez hubiera sido mejor no haber nacido. Creía eso porque todo el mundo coincidía en que la vida del niño no importaba en estos casos, por lo que pensaba que yo había tenido la culpa de que mi madre me abandonara. Mi madre biológica probablemente me odiaba, razonaba. La gente decía que no era justo que la mujer victimizada se viera obligada a lidiar con "el hijo del violador", incluso escribí un artículo en la universidad titulado "El bebé", en el que argumenté enérgicamente a favor del aborto. ¡Qué tonta era! Realmente, desearía haber sabido entonces lo que sé ahora.
 
Tras convertirme al cristianismo hace nueve años, comencé a descubrir mi valía y el verdadero don y el valor de mi vida. Me di cuenta de que si Dios me había dado la vida, esa era razón suficiente para merecer estar aquí y vi que todo el movimiento a favor de la elección era una excusa para que las personas pudieran matar egoístamente a los bebés por conveniencia y no porque el embarazo se produjera debido a una violación (que ocurre el 1% de las veces) o al incesto (que sucede al 0.5%). Es despreciable que los grupos a favor del aborto hagan un lavado de cerebro a la gente y que les hagan creer que la violación es una razón válida para poder matar a un bebé.
 
La forma en que fui concebida no fue mi culpa. No elegí a mi madre adolescente ni a mi padre / abuelo violador. Además, las personas que argumentan que los bebés concebidos por incesto deben ser abortados porque habrá alguna deformidad física o daño cerebral tampoco tienen razón.
 
Me atrevo a decir que, según las estadísticas, la mayoría de las personas son descuidadas en sus relaciones sexuales, tienen relaciones sexuales de manera casual porque quieren lo que quieren y abandonan todos los valores y el sentido común. Luego, con arrogancia, sienten que merecen un derecho a elegir: una "tarjeta para salir de la cárcel" sellada con las palabras Violación o Incesto. Los partidarios del aborto se aferran desesperadamente a estas palabras como escudos para esconderse detrás, para que puedan seguir utilizando el aborto como una forma de control de la natalidad y sentirse bien al respecto. Si fue un accidente, un error, una noche de ebriedad o una violación, nosotros, los niños concebidos en esas circunstancias, ¡todavía queremos vivir!
 
Ahora hay vídeos en Internet donde los ex-abortistas hablan de cómo retroceden los fetos para esquivar los fórceps cuando el médico intenta agarrarlos. Nosotros, los niños seleccionados para el aborto por las circunstancias de nuestra concepción, queremos disfrutar del “derecho a vivir” como cualquier otra persona. ¿Cómo se atreven los llamados "defensores de las mujeres" a ponernos en la tesitura de matar a nuestro propio hijo además de haber sido ya víctimas de violación o incesto? ¿Cuánto mejor podría haberme sentido con respecto a mi propia vida si no hubiese tenido que escuchar año tras año, que mi madre habría tenido una vida mejor si yo no hubiera nacido?  En ese momento me lo creí porque mi joven madre tuvo una vida trágica. ¿Cómo le habría ido a ella si la sociedad le hubiera dicho que es normal amar a su propio hijo aun concebido en violación?
 
Un bebé no es un castigo (a diferencia de lo que el ex presidente Obama argumenta) y un bebé no es una sentencia de muerte. Un bebé es claramente una prueba de violación, y si se hubiera acudido a la justicia, mi ADN podría haber llevado a mí padre violador a la cárcel y salvar a mi madre de él.
 
Ahora, pueden acusarme si quieren de ser incapaz de identificarme con las mujeres del otro lado, mujeres que están esperando un hijo no deseado. Créanme cuando digo que he estado en el otro lado. Cuando tenía 21 años aborté. Tomé el cool-aid y me convencí a mí misma de las mentiras narcisistas y quise creer que ese niño está solo un grupo de células. Mi cuerpo / mi elección, es sólo un procedimiento médico y así sucesivamente. Sin saber el valor de mi propia vida, ya había escrito el documento de apoyo al aborto. . . Ya estaba a mitad de camino. Quería desesperadamente que la retórica fuera cierta porque quería una razón para no tener que sentirme culpable y egoísta, a pesar de que me sentía así.
 
Pero ahora tengo 52 años y puedo decir honestamente que mi aborto sigue siendo una de las peores decisiones que he tomado en mi vida. Inmediatamente después de que terminó, lloré profundamente de angustia en la clínica, porque sabía que estaba equivocada y me arrepentí profundamente. No era un conjunto de células, era mi bebé. Extraño al niño que podría haber criado. He orado a Dios por su misericordia y perdón. Al cabo del tiempo, me bendijo con mi hija. Ser su madre es una de las grandes alegrías de mi vida.
 
Tener un bebé, incluso si eres violada o incluso en caso de incesto, no es lo peor que te puede pasar. Después de experimentar personalmente la pérdida, siento que el aborto es lo peor. No permita que la violencia o el mal que le infligieron la lleve a infligir violencia a las víctimas más inocentes, los bebés".

 

 

30/08/19 www.portaluz.org

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