Miércoles, Enero 22, 2020

Política de Estado


Domingo, 03 Noviembre 2019 15:24

Santa Teresa, las excomuniones y la conciencia

Cuando la gran santa española, Teresa de Ávila, emprendió la reforma carmelita con la fundación del monasterio de San José de Ávila, no podía ni imaginar que pocos años después, en 1577, su nombre se convertiría en objeto de excomunión por partida doble. Es un suceso de su vida que los biógrafos tienen a cubrir con un velo de comprensible y caritativo silencio para no dejar en mal lugar a los religiosos culpables de tan grave desafuero. Veamos qué pasó. Iniciada la reforma, Santa Teresa no se limitó a fundar numerosos carmelos; también reformó el monasterio en el que había entrado siendo todavía joven (la Encarnación de Ávila) cuando el visitador apostólico la envió como priora en 1571. A pesar de la pésima acogida que tuvo en un principio por parte de las religiosas, consiguió transformarlas en tres años gracias a los esfuerzos infatigables de San Juan de la Cruz, a quien la Santa había llamado a Ávila para que se encargare de la dirección espiritual y de confesar a las monjas. La transformación y las consecuentes austeridades no fueron del agrado de los carmelitas calzados, antiguos confesores del monasterio, y cuando en 1577 las religiosas eligieron nuevamente a Teresa (que después de tres años en la Encarnación había reanudado las fundaciones) hubo una enérgica reacción por parte de los antiguos confesores que rayó en lo inverosímil. La propia Santa nos lo cuenta de su puño y letra con lujo de detalles.

En la Carta CLXVI, del 22 de octubre de 1577, dirigida a la madre María de San José, priora del convento de Sevilla y confidente suya, dice la Santa: «Yo digo a vuestra reverencia, que pasó aquí en la Encarnación una cosa, que creo que no se ha visto otra de la manera. Por orden del Tostado vino aquí el provincial de los Calzados [el P. Juan Gutiérrez de la Magdalena, provincial de los carmelitas calzados de Castilla] á hacer elección, y trayo grandes censuras y descomuniones, para las que me diesen á mí voto, y con todo esto á ellas no se les dió nada, sino, como si no las dijeran cosa, votaron por mí cincuenta y cinco monjas; y cada voto que daban al provincial las descomulgaba y maldecía, ha hoy quince días, y sin oír misa ni entrar en el coro, aun cuando no se dice el Oficio Divino, y que no las hable naide, ni los confesores ni sus mismos padres».

Pero las monjas no se dejaron intimidar lo más mínimo, convencidas de la legitimidad de la elección y las votaciones. «Y lo que más cae en gracia –prosigue la Santa– es, que otro día después de esta elección machucada, volvió el provincial á llamarlas, que viniesen á hacer elección, y ellas respondieron, que no tenían para qué hacer más elección, que ya la habían hecho; y de que esto vió tornólas a descomulgar, y llamó a las que habían quedado, que eran cuarenta y cuatro, y sacó otra priora, y llamó al Tostado por confirmación. Ya la tienen confirmada, y las demás están fuertes, y dicen que la quieren obedecer sino por vicaria». Como vemos, ¡no una, sino dos excomuniones para quien hubiese votado por Teresa! Aun así, las religiosas no cedieron ni después de la segunda excomunión. «Los letrados dicen que no están descomulgadas, y que los frailes van contra el Concilio [de Trento], en hacer priora la que han hecho, con menos votos. Ellas han enviado al Tostado á decirle como me quieren por priora, él dice que no…» Así pues, tras la segunda excomunión, aquellas religiosas no solamente se negaron a claudicar, sino que escribieron a su enemigo (al que había decretado las excomuniones) para hacer valer sus derechos. Como solía hacer Santa Teresa en los casos complejos, recurrió a los teólogos. La historia no nos ha transmitido sus nombres: cabe suponer que uno de ellos fuese el ilustre dominico P. Domingo Báñez, que tenía en mucho aprecio la reforma teresiana y era además confidente de la Santa. En todo caso, Teresa, que –como ella misma decía– habría dado la vida por la más mínima ceremonia de la Iglesia, no vacila en afirmar que esas excomuniones no son válidas. A fin de resolver tan espinosa cuestión, escribió al rey Felipe II, gran admirador de la Santa y de la reforma teresiana, el cual a su vez se dirigió al Nuncio, que finalmente levantó las excomuniones. Pero hubieron de transcurrir dos meses, durante los cuales las monjas rebeldes estuvieron presas y privadas de los sacramentos, y aun así no cedieron a las presiones a las que se las sometía a diario.

El 10 de diciembre de 1577 la Santa volvió a escribir a la madre María de San José (carta CLXXIII)  «Á las monjas de la Encarnación las han asuelto después de haber estado casi dos meses descomulgadas, como ya vuestra reverencia sabrá, y tenídolas muy apretadas: mandó el Rey que el nuncio las mandase asolver. Enviaron el Tostado y los demás que le aconsejan un prior de Toledo á ello, y asolviólas con tantas molestias.   […] y todo porque no quieren por priora á la que ellos quieren».

Como se ve, ni aun después del levantamiento de las excomuniones cambiaron de parecer las monjas supuestamente rebeldes, clara indicación de que la excomunión no era válida. Pero los atropellos no terminaron aquí. Los encargados de levantar la excomunión (los mismos que la habían decretado)  no tuvieron escrúpulos para secuestrar en el mismo día, después de dales una paliza, a los dos confesores del monasterio: San Juan de la Cruz y el P. Germán de San Matías. «Y quitáronles los dos Descalzos  –escribe la Santa en la misma carta– que tenían allí puestos por el comisario apostólico, y por el nuncio pasado, y hanlos llevado presos, como á malhechores. […] El día que los prendieron dicen que los azotaron dos veces, y que les hacen todo el mal tratamiento que pueden […] Y dicen que [el padre Germán] iba echando sangre por la boca».

Los dos fueron encarcelados por separado. San Juan de la Cruz fue llevado en secreto a Toledo, donde quedó preso en unas condiciones inhumanas. Y con su típica ironía dolorida, Teresa concluye «que más quisiera verlos en tierra de moros». Sobre el padre calzado que había urdido el secuestro, escribió más tarde al Rey que si lo habían hecho vicario provincial debía «ser porque él tiene más partes [talento] para hacer mártires» (Carta CLXX). Eso sí, los abusos cometidos contra ambos frailes no fueron objeto de la menor censura. Los que no tuvieron escrúpulos para excomulgar a cincuenta y cinco monjas inocentes no vacilaron en incurrir en graves responsabilidades por encarcelar y golpear a dos religiosos. Sabían, evidentemente, que tenían cubiertas las espaldas.

La excomunión es la censura eclesiástica más grave en que pueda incurrir un bautizado. Como todas las censuras, es un instrumento en manos de la Iglesia que tiene como fin principal la salus animarum de quienes incurren en ella. Con todo, pasa por manos humanas y, como en el caso en cuestión, puede pasar de ser instrumento de salvación a arma en manos del poder, e incluso de pasiones. En ese caso la censura no tiene validez, como decía Santa Teresa, y debe prevalecer la conciencia, como en el caso de las cincuenta y cinco monjas de la Encarnación de Ávila a las que Santa Teresa apoyó y de las que dijo:  «Aquellas almas […] de mucha perfección, y hase parecido en cómo han llevado los trabajos» (Carta 226). En casos parecidos, el transgresor no es el excomulgado sino el excomulgante, como lo fueron los que torturaron a San Juan de la Cruz y su compañero. Las palabras del cardenal Newman cobran más actualidad que nunca: «Si el Papa o la Reina exigieran una obediencia absoluta, vulnerarían las leyes de la sociedad humana; a ninguno de los dos se les debe obediencia absoluta».

A la gran Teresa, una de las estrellas que más relucen en el firmamento de los santos, le gustaba repetir hacia el final de su vida: «¡En fin, Señor, soy hija de la Iglesia!» Por eso, cuando decía que la excomunión no era válida, sabía que obedecía a la Madre Iglesia, que no pide jamás a sus hijos que renuncien al juicio de su propia conciencia. Dicho de otro modo: Santa Teresa sostenía la primacía de la conciencia, que, como también decía Newman, «es una grave consejera» y «tiene sus derechos porque también tiene sus deberes».

Los labios de Santa Teresa, y los de las cincuenta y cinco monjas excomulgadas de Ávila, habrían podido pronunciar con mucha razón el clamor del cardenal inglés: «Antes la santidad que la paz». En los tiempos de honda apostasía que vive el orbe católico, el ejemplo de las cincuenta y cinco carmelitas excomulgadas es a la vez una advertencia y una enseñanza. Hace ya años que se ve a inocentes que son objeto de censuras injustas y a culpables que son alegremente absueltos y promovidos a puestos importantes. Si empiezan a prodigarse las excomuniones injustas, brindaremos con la gran santa de Ávila y con John Henry Newman; indudablemente por el Papa, pero primero por la conciencia y luego por el Papa.

 

12 comentarios en “Santa Teresa, las excomuniones y la conciencia
  1. Belzunegui

    La Teresona era muy tozuda, pero tozuda en el Bien, la Verdad, la Belleza, en Jesucristo, con el que se topó en las escaleras del convento como Niño Jesús, desarrollándose el siguiente diálogo:

    – ¿ Quién eres tú ?

    – ¿ Y tú quien eres ?

    – Yo soy Teresa de Jesús

    – Pues yo Jesús de Teresa.

    1. EsRICARDO

      Precioso.

  2. Chester Ton

    Eclesiastés, 1
    9. Lo que fue, eso será; lo que se hizo, ese se hará. Nada nuevo hay bajo el sol.
    10. Si algo hay de que se diga: «Mira, eso sí que es nuevo», aun eso ya sucedía en los siglos que nos precedieron.
    11. No hay recuerdo de los antiguos, como tampoco de los venideros quedará memoria en los que después vendrán.»

    1. Teresa perseguida por ser fiel a Dios en su Conciencia.
    2.- Pachapapa debe haber abandonado la lectura de la Escritura hace Decadas para caer tan bajo !!!
    3.- En un lustro, NADIE recordara su Apostasia.

  3. J.B. Carlos

    El padre Minutella ha debido leer las cartas de Sta. Teresa. Es el único que pone la conciencia por encima del escalafón.

    1. EsRICARDO

      Eso creo yo.

  4. Carlos Nuñez Diaz

    Ja,ja,ja.
    Me habéis alegrado el día con ese «que más quisiera yo verles en tierra de moros»,y con ese «tener mérito para hacer mártires «…
    Qué grande la Teresona,madre mía, acusada por los «buenos» de su época hasta de trajinar mozas de acá para allá, con malos fines,y so capa de fundar conventos….!
    Sí. Sin dudarlo,Livieres,Manelli,sus hijas e hijos, Minutella,…,serían mejor tratados en tierra de moros.
    Si.Sin duda,el gran mérito de cierto señor del cono sur americano ,es el de ser un maestro facedor de Martires…

  5. Carlos Nuñez Diaz

    Hablando de tierra de moros…
    Si rodeado de ellas ,durante siglos resistió y floreció la Soberana Orde de Malta,ha venido a perder su soberanía en la capital de la cristiandad,a manos de un tirano banderas americano.Y si Dios no lo remedia, a más de su soberanía ,perderá su ser.

  6. Porque Jesucristo y su doctrina plasmada perfectamente en los 4 Evangelios canónicos SIEMPRE estará por encima de cualquier autoridad de este mundo, incluso de la Iglesia católica, que claramente se separe de Él.
    Hay que obedecer antes a Dios que a los hombres, sean quienes sean.

  7. Ante el cesar lo que es del cesar.

    1. no neguéis nunca a yahve, yahve es el cesar por que el todo lo puede

  8. Yahveh , José, significa » Yo soy el que soy » ó también » El que es por sí mismo » e incluso » El Hacedor de todo «.
    Como ves, el César que fue un hijo de su madre, mortal y pecadora, no tiene nada que ver con Dios.
    Es por si no lo sabías…

    1. yahve todo lo puede reza a yahve el te lo consigue neila

       

       

      03/11/19 www.infovaticana.com

Valora este artículo
(0 votos)
Inicia sesión para enviar comentarios

Santo Tomas Moro

El hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral.

Nuestra Señora de las Rosas - Mensajes

 

Mensajes a  Maureen Sweeney-Kyle

 

 

 

 

 

“Como hijos de la Nueva Jerusalén,

 

ustedes deben afrontar la corrupción

 

que está consumiendo el corazón del

 

mundo. 

 

La decadencia moral no tiene límites." ...

 

lea más: amorsanto.com 15-09-2009

 

 

 

Primer vínculo vital e irremplazable

Dale el pecho a tu niño hasta los 2 años de edad, como mínimo.

Monumento al no nacido - Eslovaquia

 

 

 

 

Políticas de Estado en Perú

Conozca las exitosas políticas de estado de Perú

Cántico de David 1 Cro 29 10-13

 

 

 

Bendito eres, Señor,

 

Dios de nuestro padre Israel,

 

por los siglos de los siglos.

 

 

Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder,

 

la gloria, el esplendor, la majestad,

 

porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra,

 

tú eres rey y soberano de todo.

 

 

De ti viene la riqueza y la gloria,

 

tú eres Señor del universo,

 

en tu mano están el poder y la fuerza,

 

tú engrandeces y confortas a todos.

 

 

Por eso, Dios nuestro,

 

nosotros te damos gracias,

 

alabando tu nombre glorioso.

 

 

 

 

 

Oración a Sta. María, Señora de la Gracia

Resultado de imagen para inmaculado corazon de maria

 

Santísima Virgen María

 

Señora de la Gracia

 

Te ruego me concedas tener

 

Un profundo conocimiento intelectual

 

De tus virtudes virginales

 

Una intensa experiencia vital

 

De tu ternura de madre

 

Y una constante actitud

 

De consagración total

 

A tu Inmaculado Corazón

 

Y que

 

Por el conocimiento

 

El amor

 

Y la consagración

 

Pueda hacerme

 

Un poco más semejante

 

A tu tan querido Hijo

 

Mi Salvador y Señor

 

Jesucristo

 

Amén