Jueves, Abril 02, 2020

Política de Estado


Viernes, 14 Febrero 2020 10:55

Así pagó el emperador Carlos de Habsburgo su resistencia a las presiones de la masonería europea

Según los relatos de su hija Isabel Carlota, custodiados en los documentos vaticanos, el Beato Carlos de Habsburgo sufrió durante mucho tiempo las insidias de los masones y pagó personalmente no haber cedido. Lo cuenta David Murgia en Il Timone:

Carlos de Habsburgo y la lucha contra la masonería

Es una historia extraña. Todo tiene inicio a principios del siglo XX cuando, en una pequeña ciudad del noroeste de Hungría, Sopron, llama a la pesada puerta del convento donde vivía una gran mística, la madre Vincentina -una monja ursulina muerta en olor de santidad-, ni más ni menos que la princesa María Josefina de Sajonia, madre de Carlos I de Austria, el último emperador austrohúngaro. No es la primera vez que ambas se ven. Pero esta vez la mística religiosa le revela su profecía: "Carlos está destinado a ser emperador, pero sufrirá mucho y será el centro de los ataques del Mal". Y si leemos los miles y miles de páginas, documentos y testimonios recogidos por la Congregación para la Causa de los Santos del Vaticano (que he podido ver personalmente), cuesta comprender las dimensiones del enorme "complot" urdido por la masonería inglesa y europea para atacar y dañar el honor de Carlos I (1887-1922), emperador de Austria y rey de Hungría, el último soberano del Sacro Imperio romano.

Carlos de Habsburgo fue beatificado el 3 de octubre de 2004 por Juan Pablo II. Su causa de beatificación se articuló muy bien (se utilizaron más documentos que para el fundador del Opus Dei, Josemaría Escrivá de Balaguer), y se basa en hechos concretos de la vida cotidiana, vividos en el campo de batalla, en medio de las tropas, o en la capilla de palacio con el rosario en la mano. Documentos que arrojan luz sobre las hazañas y la vida privada del "santo emperador", amado por su pueblo, que evitó inútiles pérdidas humanas prohibiendo los duelos, los bombardeos aéreos de las ciudades no fortificadas, como Venecia, que se salvó gracias a él. También se opuso al uso de gases letales contra el enemigo y prohibió que los submarinos atacasen las ciudades.

El proyecto para liquidarlo

Sin embargo, lo que más resaltan los expertos de la Santa Sede, sobre lo que no hay duda, es el papel que tuvieron en esta historia la masonería y algunos lobbies cuyo objetivo era aniquilar, para después repartírselo entre ellos, el imperio austrohúngaro, último baluarte del cristianismo. Hasta tal punto que al final de todo el conflicto, los estadounidenses se convirtieron en árbitros de la situación. Se creó la Sociedad de Naciones en Versalles y se redibujó el mapa de Europa. Las únicas verdaderas víctimas fueron Austria y Hungría, totalmente borradas. Según los expertos que han hablado con el dicasterio vaticano, el plan de los "hermanos" estaba claro: hacer dimitir al emperador por las buenas o por las malas.

He aquí el relato de una de sus hijas, Isabel Carlota: "Mi padre era muy consciente de que los masones eran muy poderosos. Y tenía conocimiento de sus intentos de que le educaran como hijo del Estado; es decir, le habían hecho la observación al emperador Francisco José de que, como probable futuro sucesor al trono, mi padre tenía que recibir una gran educación y que, por tanto, había que llamar a las personas más competentes de la monarquía que eran, en su mayoría, masones o librepensadores muy liberales. Los padres del emperador no lo permitieron".

La lucha contra la masonería

"En 1915, tras la muerte de Francisco Fernando", continúa la archiduquesa, "mi padre heredó el llamado patrimonio Modena, unido al título de duque de Este. Se encontró con una gran deuda, y sólo pudo salvar el palacio Modena, junto a los muebles; sin embargo, con ello no conseguía cubrir la suma total de la deuda. En aquel momento, uno de los responsable del Instituto de crédito hipotecario era uno de los más masones más importantes de Austria, que quiso atar a su persona a mi padre para, de este modo, tener un instrumento dócil entre sus manos. Así, retiró todas las obligaciones deudoras, con lo que el Instituto de crédito era el único acreedor, y le ofreció a mi padre que aceptara el palacio Modena como contravalor de la deuda. Primero mi padre intentó conseguir el dinero en otro lugar, pero cuando fue imposible entregó el  palacio Modena al Instituto, pero no cayó en la trampa. Entonces, algunos masones empezaron a organizar en secreto algunas sociedades, para que todos los periódicos de la monarquía se convirtieran en sus instrumentos".

Los ocho hijos del emperador, durante el exilio en Madeira. La más pequeña, Isabel Carlota, ofreció un testimonio fundamental sobre las presiones de la masonería a su padre.

Según los testimonios, el futuro beato se dejaba asesorar sobre cómo debía comportarse respecto a la masonería por el padre jesuita Karl Maria von Andlau, que le aconsejaba que rezara y demostrara siempre "gran prudencia". El joven soberano, que estaba al tanto del "gran proyecto" de la masonería, intentó alejar de sus cargos a todos los "hermanos". Pero no siempre lo consiguió.

El relato de su hija

Carlos fue recibido como el hombre nuevo: los pueblos del Imperio esperaban de él la vuelta al liberalismo (el Parlamento había sido suspendido en 1914 con el pretexto de la guerra en acto), la igualdad entre las distintas naciones, el inicio de los tratados de paz. Sin embargo, no consiguió satisfacer ninguna de estas expectativas. Carlos decidió promulgar el manifiesto federalista sólo el 16 de octubre de 1918, cuando ya la derrota era inminente. También llegó tarde el restablecimiento del Parlamento. El 21 de octubre se reunía la Asamblea constituyente de la nueva Austria republicana. El 11 de noviembre, Carlos y su familia tuvieron que abandonar obligatoriamente las residencias imperiales. Intentó en dos ocasiones, sin éxito, recuperar el trono húngaro. En 1917, Carlos I tuvo entre sus manos el plan de la masonería del 28 de mayo de 1915 para la repartición de la monarquía. Cuando el plan pasó a ser "operativo", el joven soberano ya estaba en el exilio.

Por tanto, a partir de junio de 1919 algunos "hermanos" decidieron presentar sus propuestas al beato. He aquí el relato de lo que sucedió tal como lo cuenta la archiduquesa Isabel Carlota, incluido en el dossier vaticano: "La primera oferta hablaba de tolerar la Logia y de dar libertad a los masones en cuestiones escolares y matrimoniales. Si mi padre se adhería a este plan, entonces se habría restaurado la monarquía al cabo de poco tiempo. Mi padre evitó responder a esta invitación". Poco después llegó la segunda oferta, ahora por vía indirecta. "Esta vez", continúa el relato de la hija, "pedían sólo algunas garantías para su crecimiento y, a cambio, prometían un gran apoyo financiero durante el resto de la vida de mi padre, como también un engrandecimiento de la monarquía".

"Poco tiempo después", continua la archiduquesa, "se volvió a presentar el primer 'hermano'. Esa vez habló sólo de tolerancia hacia la masonería, tras lo que mi padre pasó claramente a otro tema de conversación. Cuando el 'hermano', al irse, insistió para saber cuál era la respuesta, mi padre dijo que un príncipe católico no podía ni siquiera responder a tal propuesta. Cuando vio a mi madre, Carlos I le dijo: 'Ahora sí que nos irá todo mal'". Y así fue. Todos empezaron a distanciarse. Su destino estaba marcado.

La persecución y la muerte

Según los estudiosos vaticanos, el proyecto de la masonería contra el emperador era frustrar los intentos de paz, arruinando la dinastía católica con la revolución de 1918. Además, la masonería había intentado atraer, para sus propios fines, la simpatía del soberano con ofrecimientos, halagos e incluso, si este hubiera renunciado al trono, con un enorme apoyo económico. Pero cuando todos estos intentos resultaron infructuosos, llegaron las calumnias. Como en el caso de la "mujer fantasma", voces inmorales sobre las supuestas relaciones de Carlos con la señorita Carla Chonrowa, su presunta amante. Un personaje que, según las investigaciones realizadas por la policía judicial de Viena, nunca existió, sino que fue inventado a propósito.

En 1922, Carlos con su esposa Zita de Borbón-Parma (se ha iniciado su proceso de beatificación) y sus ocho hijos abandonaron el continente y se refugiaron en la isla portuguesa de Madeira. Los últimos meses fueron muy tristes: la villa Quinta do Monte estaba sobre una colina, entre la niebla y la humedad, y tampoco había luz eléctrica. Carlos cogió un resfriado que se transformó en pulmonía: murió el 1 de abril de 1922, con sólo 35 años.

 

 

 
Antonio Bedmar Fernández
Yo también ví por la televisión un programa en que se afirmaba que la unidad de Italia fué en realidad un complot internacional contra la Iglesia Católica. Antes de la unificación el Papa era soberano temporal de los Estados Pontifíceos. El Papa prefirió rendirse antes que ir a la guerra contra los que querían invadir su estado.
Aquello fué un golpe de efecto monumental. Ahora no lo podemos entender, pero en aquella época mucha gente pensó que, sin los Estados Pontifíceos, la Iglesia no podría subsistir, y probablemente los conspiradores pensaban lo mismo.
Que era el fin de la Iglesia.
Esto del Emperador Carlos podría ser algo parecido. A lo mejor pensaban que con esto se cargaban a la Iglesia. Pero lo que le da fuerza a nuestra Iglesia no son los Estados Pontifíceos, el Imperio Austro-Húngaro ni, en general, ningún poder temporal. Todas esas cosas pueden ayudar, pero no es lo principal, como ha demostrado la historia.
Lo principal es la oración y la Fé.
No cabe duda de que el enemigo número uno de la Iglesia Católica no es la masonería, ni el comunismo, ni en general ningún enemigo de este mundo. Nuestro mayor enemigo es el diablo. Y recuerdo un discurso de un sacedote:
Me he preguntado que haría Yo si fuese el diablo. Haría 2 cosas:
1. Convencer al clero de que la Oración no es tan importante como se decía en otro tiempo.
2. Destruir la Fé. Porque si un cristiano comete un pecado de debilidad, si yo cometo un pecado de debilidad, pero mantengo la Fé, yo me levanto del pecado, ¿no es cierto? Pero si la persona que ha caído ha perdido la Fé, esa persona ya no se levanta.
Hagamos oración, sobre todo si somos miembros del clero, y mantengamos la Fé.
 
 
14/02/20 www.religionenlibertad.com
Valora este artículo
(0 votos)
Inicia sesión para enviar comentarios

Santo Tomas Moro

El hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral.

Nuestra Señora de las Rosas - Mensajes

 

Mensajes a  Maureen Sweeney-Kyle

 

 

 

 

 

“Como hijos de la Nueva Jerusalén,

 

ustedes deben afrontar la corrupción

 

que está consumiendo el corazón del

 

mundo. 

 

La decadencia moral no tiene límites." ...

 

lea más: amorsanto.com 15-09-2009

 

 

 

Primer vínculo vital e irremplazable

Dale el pecho a tu niño hasta los 2 años de edad, como mínimo.

Monumento al no nacido - Eslovaquia

 

 

 

 

Políticas de Estado en Perú

Conozca las exitosas políticas de estado de Perú

Cántico de David 1 Cro 29 10-13

 

 

 

Bendito eres, Señor,

 

Dios de nuestro padre Israel,

 

por los siglos de los siglos.

 

 

Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder,

 

la gloria, el esplendor, la majestad,

 

porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra,

 

tú eres rey y soberano de todo.

 

 

De ti viene la riqueza y la gloria,

 

tú eres Señor del universo,

 

en tu mano están el poder y la fuerza,

 

tú engrandeces y confortas a todos.

 

 

Por eso, Dios nuestro,

 

nosotros te damos gracias,

 

alabando tu nombre glorioso.

 

 

 

 

 

Oración a Sta. María, Señora de la Gracia

Resultado de imagen para inmaculado corazon de maria

 

Santísima Virgen María

 

Señora de la Gracia

 

Te ruego me concedas tener

 

Un profundo conocimiento intelectual

 

De tus virtudes virginales

 

Una intensa experiencia vital

 

De tu ternura de madre

 

Y una constante actitud

 

De consagración total

 

A tu Inmaculado Corazón

 

Y que

 

Por el conocimiento

 

El amor

 

Y la consagración

 

Pueda hacerme

 

Un poco más semejante

 

A tu tan querido Hijo

 

Mi Salvador y Señor

 

Jesucristo

 

Amén