Domingo, 08 Marzo 2020 12:04

De las pandemias y sus usos

Debo admitir que me ha llamado poderosamente la atención la reacción de la jerarquía católica y de numerosos laicos a la alarma sembrada por el temor a una epidemia de coronavirus. La primera, de la que cabría esperar cierta mesura y visión sobrenatural, ha ido más allá incluso que las autoridades civiles en sus medidas para evitar la enfermedad, recortando el culto en ocasión hasta el extremo exagerado de cerrar iglesias cuando bares y grandes superficies continúan abiertos y frecuentados.

No es mi propósito hacer un canto a la irresponsabilidad sanitaria o a la imprudencia. Pero si de alguien se espera que relativice -en el mejor de los sentidos- la cercanía de la enfermedad y la muerte es de un hombre de fe.

En buena medida, el olvido de Dios es el olvido de la muerte. No es que se haya convertido exactamente en un secreto que hemos de morir, pero se hace todo lo posible para no lo tengamos presente. Pensar en la muerte -ese ‘memento mori’ que tanto recomiendan los santos- se considera hoy ‘morboso’, y la sociedad moderna parece en ese sentido una conjura para ocultarla.

La muerte no está presente. La gente vive más y mejor, no hay cortejos fúnebres por las calles, los difuntos se velan en desangelados tanatorios en las afueras de las ciudades, los sacerdotes muy rara vez predican sobre la muerte y los medios de comunicación, con su incesante cascada de actualidad, nos distrae de la meditación de nuestro fin inevitable… Y de lo que venga después.

Así es mucho más fácil el ‘carpe diem’, que es el ‘slogan’ implícito de toda nuestra publicidad y que es lo que nos tira. Es una apuesta conmigo mismo, en absoluto falsificable, pero estoy convencido de que alguien que meditara cada día de su vida sobre su propia muerte lo tendría difícil para ser ateo, o para vivir como un ateo siendo creyente.

A lo largo de la historia, la muerte estaba casi continuamente ante los ojos de cualquiera. No solo la esperanza de vida era muy inferior, sino que no se ocultaba, casi podría decirse que se celebraba, en el sentido de solemnizarse. Uno no necesitaba tener en su escritorio una calavera para toparse con ella de continuo. Y pensar en la propia muerte lleva a pensar en el sentido de nuestra vida y en nuestro destino eterno, cosas bastante saludables.

La Iglesia no vive aparte del mundo, y este estado de cosas, esta atmósfera de negación de la muerte, también nos ha afectado, y no creo que nuestra tibieza y la apostasía generalizada, la hemorragia de fieles en las últimas décadas, sean completamente ajenas a esto.

Si el coronavirus queda en nada, perfecto. Pero sería bueno que el susto que nos ha dado sirva para algo. Si, por el contrario, va a más, junto a todas las medidas higiénicas y prudenciales que aconsejen las autoridades médicas podríamos, ya puestos, aprovechar una situación que, al fin y al cabo, es tan obra de la Providencia como cualquier otra circunstancia. Sería, por supuesto, una ocasión extraordinaria para ejercer la caridad, que posiblemente haya quedado anclada en fórmulas automáticas. Pero también para ver nuestra vida como es en realidad, un breve momento de prueba para la Vida verdadera, para nuestro destino eterno. Y, va de suyo, para relativizar o ignorar tantos detalles menores que nos distraen y nos dividen.

 

12 comentarios en “De las pandemias y sus usos
  1. Belzunegui

    Si la Iglesia, ante el coronavirus, reacciona, a través de su jerarquía, en general y sólo con medidas sanitarias, es que ha perdido la Fe y una Iglesia sin Fe es una no Iglesia, pura fachada. El coronavirus ha servido para poner de manifiesto, si es que hacía falta, la vacuidad de la iglesia bergol iana, la no Iglesia.

    1. Belzunegui

      He comprobado que Antonio Socci es de la misma opinión. La expone en su página de Facebook, que sigo con interés.

      L’ASSURDA E VERGOGNOSA ABOLIZIONE DELLA MESSA. IL CORONAVIRUS HA SVELATO (SE CE NE FOSSE STATO ANCORA BISOGNO) LA NULLITA’ (E LA POCA FEDE) DEI VESCOVI ITALIANI E DELLA SEGRETERIA DI STATO VATICANA DELL’EPOCA BERGO LIANA.

    2. Belzunegui

      La sospensione delle Messe con il popolo ha fatto passare il messaggio che la Fede, Dio, non sono più all’altezza di rispondere alle nostre necessità.

      Rosalina Ravasio en La Nuova Bússola Quotidiana

  2. No es falta de Fe asegurar una vida sana y sin riesgos sanitarios. La Iglesia es responsable de brindar un lugar confiable

    1. Fernando

      No estoy de acuerdo con Francisco Acosta. La Iglesia debe transmitir un mensaje sobrenatural y de esperanza en la vida eterna a través de la correspondiente conversión y vida de santidad. Quedarse en las meras formulaciones sanitarias y de prevención pública denota hasta qué punto ha adoptado una visión timorata y pacata en el mejor de los casos y una profunda mala fe y perversión en el peor, y no improbable, de ellos.

      1. Belzunegui

        Así es, desgraciadamente, Fernando. Muchas gracias por tu aportación.

    2. Román

      No te parece confiable el agua de Lourdes?

  3. Rosae

    Papa Francisco? Pero si el verdadero Papa sigue siendo Benedicto XVI. De qué estan hablando?

  4. José

    Me parece que las medidas que se han tomado son adecuadas y están acorde con la Fé y sus rituales. Están bien explicadas y su justificación basada en lo que se conoce de la epidemia. Leo comentarios que más parecen cucamonas y lloriqueos infantiles. Otros se basan en un cientifismo puro, en la suficiencia o en un Fideísmo extremo. Dejemos que Sanidad y por supuesto los obispos decidan con mesura.

  5. José

    El agua de Lourdes es buena para sa salud del Alma y del cuerpo pero miles de enfermos en trenes, autobuses y encerrados en hoteles y santuarios son un enemigo público cuando hay epidemias de transmisión por aire. Caramba!

  6. José

    Han ” cerrado ” hasta en Vaticano por riesgo de expansión del virus. Como entre bien el cobi- 19 igual no se pueda ni abrir el Cónclave futuro. Que Dios no lo permita. La Medicina no está reñida con la Fé ya veis.

  7. Amalia

    No puedo estar más de acuerdo con Carlos Esteban. Me asombra que no se comente más. Lo primero que hac verrdao habn sido las iglesias, lo primero que han prohibido ha sido darse la paz y besar los pies del Cristo en fechas tradicionales. Pero siguen los maratones, las manifestaciones, todo, todo. Nadie parece darse cuenta de que se ha aprovechado la ocasión para OTRO ataque a la Iglesia; como si sus ritod fueran especialkmmente malsanos, y obviando todo sentido sobrenatural. NO se prohíben besos y apretones de manos en general, sólo en la Iglelesia (disculpen las erratas, escriboa ciegas por culpa del anuncio)

     

     

    07/03/20 www.infovaticana.com