Martes, 01 Octubre 2013 11:14

Dramática situación en Venezuela, dos muertos en pelea por alimentos

No era la primera vez que Rosibel Andreína González Gómez, de 18 años, hacía cola en los supermercados para comprar los productos escasos de la cesta básica, que están racionados a dos o cuatro paquetes por persona.

Su condición de embarazada de 6 meses le permitía usar la fila preferencial para pagar su compra y así recortar un poco el tiempo de dos horas de espera.

Pero al llegar este último miércoles a su vivienda en el barrio de La Aceitera de San Mateo, a dos horas en coche de Caracas, su medio hermana Ninoska Gómez Valderrama, de 20 años, le reclamó por un paquete de un kilo de harina de maíz PAN, con la que los venezolanos hacen su arepa o tortilla para desayunar.

Se pelearon y Ninoska pateó a su hermana en el vientre y mató así al feto. Rosibel fue llevada de urgencia al hospital José María Benítez.

El bebé de apenas seis meses nació con problemas y a los pocos minutos murió por el hematoma que le produjo el puntapié de su tía. Ninoska fue detenida por la policía.

Esta es la segunda muerte por la violencia que genera el desabastecimiento crónico de alimentos y productos de primera necesidad que afecta desde hace meses a Venezuela.

El primer caso conocido ocurrió el 9 de agosto último cuando José Gregorio Cortez Fuenmayor, de 41 años, murió asifixiado por la avalancha de consumidores que se disputaban una botella de aceite y un pan de margarina en el supermercado estatal Bicentenario de Ciudad Bolívar, al sur del país.

Un tercer episodio involucró a la cajera Yolmarys García, brutalmente golpeada por una levantadora de pesas en un super del Estado Falcón cuando se negó a venderle más de cuatro paquetes de harina.

Anoche, en tanto, José Ramírez Gómez, de 19 años, fue apuñalado en el abdomen y pulmón por no permitir que algunos avivados se metieran en la cola que había en las afueras de un supermercado Unicasa, en El Tigre, para la compra de pollos.

En la crisis de desabastecimiento, los venezolanos deben hacer largas colas de dos horas, a razón de dos y tres veces por semana, visitando varios supermercados, para conseguir alimentos básicos como pollo, carne, leche, aceite, harina, papel higiénico y detergentes.

Los productos escasos aparecen en los anaqueles y en media hora desaparecen. Según el Banco Central, el desabastecimiento está en el orden del 20 %. El gobierno de Nicolás Maduro culpa de todo a “la guerra económica de la burguesía”, a la que acusa de generar un estallido social. Pero los problemas no se explican mediante esa retórica. Venezuela, pese a su enorme riqueza, importa el 96% de lo que produce.

Con un aparato productivo arruinado debido al modelo oficial de sucesivas estatizaciones y burocratización creciente de la economía, las inversiones no llegan y las empresas cierran o reducen stocks.

El chavismo pretende impulsar la producción mediante un severo control de cambios que lleva más de una década vigente, pero al empresariado le es más rentable importar debido al tipo de cambio sobrevaluado: 6,30 bolívares por un dólar estadounidense en el mercado oficial, cuando en el mercado negro está a 45 y da lugar a fabulosos negociados cambiarios y a una corrupción paralela.

La última acción de amplio despliegue para combatir el desabastecimiento fue la ocupación militar de la Manufacturera de Productos de Papel, la semana pasada, que abastece el 45 % del mercado nacional de papel higiénico.

Venezuela ha aumentado el nivel de sus importaciones a más del 70 %. La producción está por el suelo y no hay divisas para importar, a pesar de que el país cuenta con las mayores reservas petrolíferas del mundo. Maduro está con el agua al cuello.

Con el dólar desbocado, las reservas monetarias han caído a su nivel más bajo: por debajo de los US$ 2.000 millones, según la mayoría de fuentes consultadas. Bastan para unos 6 días de importación de alimentos con una inflación que supera el 45 %. Todos temen que la violencia en los super haya llegado para quedarse.

 
 
 clarin.com  28-09-2013