Domingo, 20 Septiembre 2020 08:11

“El Papa no es el substituto de Jesucristo sino su representante”

El Padre Apeles ha escrito varios libros sobre temas vaticanos y de ceremonial entre los que destacan: El Papa ha muerto ¡Viva el Papa! e Historias de los Papas, ambos con la Editorial Plaza & JanésJavier Navascués le entrevistó para InfoCatólica en una conversación en la que se centran en la figura del Santo Padre, que tanto conoce el sacerdote.

¿Por qué el Papado es la institución más peculiar que existe actualmente?

Porque su titular, en efecto, tiene el poder supremo —que le viene directamente de Dios— sobre la Religión organizada más grande del mundo (con más de setecientos millones de adeptos) y al mismo tiempo es soberano del Estado más pequeño de la Tierra (44 hectáreas): la Ciudad del Vaticano. Estamos acostumbrados a no tomar muy en serio a los países pequeños como Mónaco, Liechtenstein, San Marino, Luxemburgo o Andorra, pero por minúsculos que ellos sean gozan ante el Derecho Internacional Público de exactamente la misma entidad que los grandes conglomerados políticos como pueden ser los Estados Unidos, Rusia, Australia, China o el Canadá. Por otra parte, en lo que se refiere concretamente al Estado de la Ciudad del Vaticano, es éste el soporte material y temporal de la autoridad moral más influyente, lo que redimensiona su aparente exigüidad. Si, además, consideramos que entre los muros de la llamada “Ciudad Leonina” y la columnata de Bernini que abraza la incomparable Plaza de San Pedro se concentra el mayor y más rico patrimonio artístico del mundo y la red administrativa más extensa y mejor informada, esas 44 hectáreas cobran una importancia insospechada.

El Papado tiene un doble aspecto: espiritual y temporal, ¿podría aclarar esta distinción?

En cuanto al primero, es el principio sustentador de la Iglesia Católica Romana y ello por Derecho Divino (Pedro es la “roca” sobre la que Ella está edificada). En cuanto al segundo, es el gobierno del Estado que garantiza la independencia del Jefe Supremo de esa misma Iglesia, pero en este caso, no está determinado por el Derecho Divino, sino por las evoluciones de la Historia. El Papa, en cuanto Vicario de Cristo para gobernar su Iglesia, es el Jefe indiscutible de esta y no puede ser de otra manera; en cambio, podría no ser Jefe de Estado, como lo es actualmente en virtud del Tratado de Letrán de 1929. Podría residir en Roma, su diócesis natural, siendo súbdito de la República Italiana, como el Cardenal de Toledo gobierna su arquidiócesis siendo súbdito del Reino de España. Sin embargo, actualmente el Papa es soberano y no súbdito y así ha sido indiscutiblemente por lo menos desde el año 756 hasta ahora con el intervalo de 1870-1929, período en el que fue soberano cautivo del Rey de Italia, que había invadido y se había anexionado los territorios pontificios suscitando así la llamada “Cuestión Romana”.

Si consideramos al Papado como forma de gobierno, hay también que distinguir si uno se refiere a la Iglesia o al Estado Vaticano. ¿Puede explicar la diferencia?

El Sumo Pontífice, como gobernante de la Iglesia, goza de un poder supremo, pero vicario, limitado por una especie de constitución no escrita que es la Tradición. No es el substituto de Jesucristo sino su representante, eso sí con plenas facultades, pero éstas encerradas en ciertos límites. El Concilio Vaticano I (Sesión IV: Constitución dogmática Pastor Aeternus, cap. 4) dice claramente que su deber es “custodiar fielmente el depósito de la Fe”. Este depósito es sagrado. El Papa, en virtud de su poder espiritual, no puede inventarse un dogma por su cuenta y riesgo o descanonizar un santo ya canonizado según todas las formalidades. Ni siquiera cuando hace uso del poder de las llaves, obra por su propia virtud y con carta blanca. Por otra parte, la monarquía papal está atemperada por el elemento aristocrático encarnado en el Colegio Cardenalicio —único que tiene actualmente la potestad de elegir al Sucesor de San Pedro—, verdadero Senado del Papa, y en las instituciones de los Concilios y Sínodos que el Sumo Pontífice de grado convoca y aprueba para asistirse de sus orientaciones en el gobierno de la Iglesia. En fin, puede hablarse hasta de un cierto elemento democrático, apuntado por Pío XII cuando habló de la necesidad de una opinión pública en la Iglesia. Así pues, nada más lejos de la concepción del poder espiritual del Papa que la idea de un poder absoluto y despótico, utilizada, sin embargo, en el siglo pasado por Bismarck como parte de la propaganda anticatólica de su Kulturkampf .

Otra cosa es el poder temporal del Papa. Éste es, hoy en día, soberano absoluto del Estado de la Ciudad del Vaticano ¿Qué quiere decir esto?

Ello quiere decir que en ese Estado no hay división de poderes y que la potestad legislativa, coercitiva y judicial residen en la persona del Romano Pontífice, que las delega en sus órganos administrativos. En el Vaticano no rige una Constitución política. Tampoco hay Parlamento. Sin embargo, no siempre fue así. Durante los primeros siglos, el Papa fue súbdito del Emperador y, cuando éste abandonó Roma para fijar su Corte en Constantinopla, aquél se convirtió, por el prestigio de su dignidad, en una especie de fideicomisario de la Ciudad Eterna. La tesis de que Constantino donó a San Silvestre Roma y sus dominios occidentales ha sido discutida y está basada en un documento que es una invención tardía, como lo demostró el humanista Lorenzo Valla.

El Santo Padre se convirtió efectivamente en soberano temporal en virtud de la Donación de Pipino el año 756, como agradecimiento del monarca franco por el reconocimiento pontificio de su condición regia tras destronar al último merovingio. El llamado Patrimonio de San Pedro fue redondeado posteriormente por las donaciones de la Condesa Matilde de Toscana en el siglo XI y la compra de Aviñón y el Condado Venesino en el XIV y consolidado por las conquistas de César Borgia, gonfaloniero de la Iglesia, en el tránsito del XV al XVI. En la época de la Contrarreforma, los Estados Pontificios fueron gobernados por su titular de cada momento como si de un feudo familiar se tratase. Aquí está el origen de las grandes dinastías de la aristocracia negra (Farnese, Buoncompagni, Aldobrandini, Borghese, Barberini, Pamphilij, Chigi, Altieri, Rospigliosi, Albani, etc.).

La Revolución Francesa arrebató al Papa sus posesiones enclavadas en territorio francés y secularizó dos veces el Estado de la Iglesia. ¿Cómo fue el proceso posterior? 

Restituido el Sumo Pontífice en sus derechos temporales, el gobierno del Estado de la Iglesia pasó del régimen reaccionario de Gregorio XVI al liberalismo de los comienzos de Pío IX. Éste llegó a otorgar una Constitución en 1848 y nombró a un laico liberal —el conde Pellegrino Rossi— Secretario de Estado. La Revolución de Febrero en Francia se expandió como reguero de pólvora por toda la Europa Católica y dio al traste con el experimento democrático de Pío IX al secularizar nuevamente el Estado de la Iglesia y vacunar así al Pontífice contra toda futura veleidad liberal. Al regresar de su destierro de Gaeta, Pío IX restauró el sistema absolutista, que rigió hasta la conquista de Roma por los garibaldinos y la usurpación saboyana. Desde la creación del Estado de la Ciudad del Vaticano, en 1929, el Papa sigue siendo monarca absoluto en sus dominios temporales, aunque no despóticamente sino a la manera del régimen de la Charte de la Restauración francesa, ya que existen unas leyes orgánicas que regulan los aspectos principales del gobierno.

¿Por qué el Papado suscita el interés o al menos la curiosidad de los hombres?

Se sea o no creyente, la persona del Romano Pontífice llama la atención y nada ejerce mayor fascinación a los ojos del mundo contemporáneo que ese proceso que, iniciándose a la muerte de un papa concluye en la proclamación de su sucesor por medio de un mecanismo electoral que desafía la sensibilidad y las más arraigadas convicciones del hombre moderno: el cónclave, una auténtica reliquia viviente del pasado, cuyas coloridas tradiciones e impenetrable misterio constituyen el anzuelo infalible con el que los medios de comunicación captan a su público. El cónclave es un dramático paréntesis que pone en suspenso no sólo a la Iglesia sino también al mundo, pero el conocimiento que el común de las personas tiene de esta vetusta institución es muy deficiente.

Para finalizar, cuando un Papa muere se produce una situación que, en lenguaje técnico, recibe el nombre de “Sede Vacante”, ¿podría explicar lo más esencial de esta situación?

El Derecho Canónico dice tan sólo respecto de ella: “Al quedar vacante o totalmente impedida la Sede Romana, nada se ha de innovar en el régimen de la Iglesia universal; han de observarse, sin embargo, las leyes especiales dadas para estos casos” (canon 335). La Sede Vacante es un estado anómalo y transitorio en la vida de la Iglesia, aunque, a veces, se ha prolongado por años (como ocurrió a la muerte —el 29 de noviembre de 1268— de Clemente IV, al que no se le dio sucesor hasta el 1º de diciembre de 1271, en un cónclave famoso).

Durante este período funciona una especie de gobierno interino que tiene atadas las manos para cualquier iniciativa importante. Se dice que algunos Faraones del Antiguo Egipto se hacían sepultar con sus servidores, arrastrándolos a una muerte común; pues bien, análogamente, puede decirse en sentido figurado que los funcionarios del Papa difunto mueren con él, ya que al vacar la Sede Apostólica, vacan asimismo automáticamente los altos cargos de la Curia Romana, empezando por el Secretario de Estado —si lo hay—. La Iglesia Católica entra, por así decirlo, en un estado de letargo, del que ha de salir lo más pronto posible. De ahí que las sucesivas legislaciones que regulan la Sede Vacante hayan ido acortando hasta el mínimo los plazos para la designación de un nuevo Papa.

Durante la Sede Vacante, el poder temporal del Sumo Pontificado reside en los cardenales y cada uno de ellos es como un papa potencial, por lo que se le rinden honores de soberano. El Presidente de Brosses —célebre viajero francés del siglo XVIII— cuenta en sus Lettres écrites de l’Italie, que, durante la Sede Vacante a la muerte de Clemente XII, cuando acompañaba en sus desplazamientos por Roma al Cardenal de Tencin, nadie se colocaba al lado de éste como de costumbre, sino que él solo se acomodaba en el fondo “comme réprésentant une portion de monarque” (Lettre LI).

 

7 comentarios en ““El Papa no es el substituto de Jesucristo sino su representante””
  1. Si mal no recuerdo el Padre Apeles es ese payaso que tanta audiencia tuvo tiempo atrás con sus ocurrentes payasadas en la Televisión Española.
    Ni caso responderle, pierdo tiempo y categoría.

  2. La cultura que construye y enseña es amplia y extensa y no tiene nada que ver con hacer el payaso que a unos guste y a otros no.

    El responsable de 50.000 o 100.000 muertes siempre será bien venido si a cambio nos promete un solo vivo que nunca pueda morir.

  3. Una persona muy culta que no basa su argumento en que la Iglesia Católica es la única religión verdadera capaz de salvar, no es una persona muy culta. Su idea de Iglesia es simplemente que es la mayor de las religiones y punto, ni es la única puesta por Dios, ni nada de nada. Es normal que partiendo de esta base diga luego que “el poder del Papa está limitado por la Tradición no escrita, que es como una Constitución”. Esta afirmación es básicamente una mentira enmascarada de verdad. Esa Tradición claro que está escrita y se la saltan alegremente: Trento está escrito, el Syllabus está escrito, la condena del liberalismo está escrita… Otra medio mentira que suelta es que el pa pa no puede inventarse dogmas. Claro que Pio XII se inventó el dogma de la Asunción, lo sacó de la doctrina. Lo q no puede hacer un pa pa y lo hacen todos desde Juan XXIII, es inventarse otra doctrina.

  4. Por eso mismo desde Juan XXIII no utilizan la autoridad reconocida en el Vaticano I para proclamar nuevos dogmas que al pa pa le dé la gana poner. No aplican el vaticano I porque ellos creen en los errores del segundo. 1. Jesucristo no puso dogmas, puso una doctrina. 2.Son los pa pas los que inventan los dogmas sacándolos de esa doctrina sin necesidad de ningún concilio. 3.Desde Juan XXIII se han dedicado a cambiar la doctrina con el pretexto de que no tocan los dogmas(una solemne imbe cilidad). 4. Enrean a la gente diciendoles que lo único que hay que creer son los dogmas (Cristo no los puso). 5. Enseñan que la doctrina va evolucionando con el tiempo. 6. Se quejan de q los progresistas intenten cambiar tambien la doctrina moral. 7. Los neocon no tienen remedio.

  5. Esto quiere decir que si la doctrina (que puso Cristo) va evolucionando con el tiempo porque cada pa pa se va inventando la suya agiornándose a su época pero respetando los dogmas (q es lo q los pa pas sí se pueden inventar), porque la Tradición está viva y va evolucionando por la ley de la evolución, entonces no hay ninguna doctrina ni ninguna Tradición, pues ha ido cambiando y no podemos conocer la doctrina original que dijo Cristo. Esto viene a ser lo mismo que Lutero. Por eso se remiten a la sola escritura para conocer la doctrina de Cristo o la liturgia, como si fuese la única fuente de revelación, y desechan la Sagrada Tradición que puso Cristo y que aparece en Trento, en la condena del liberalismo de Pio IX, la condena de la comunión en la mano, la condena del Novus ordo que es la misa de Pistoya, etc… y este bodrio es a lo que dicen que hay deber de obediencia, pues desobedecen ellos la Tradición. Son ellos los que desobedecen a los pa pas de antes.

     

     

    20/09/20 www.infovaticana.com