Miércoles, 30 Octubre 2013 14:09

Laprida, la ciudad más limpia gracias al esfuerzo de todos

LAPRIDA.- "Por algo nos llaman la ciudad limpia", pregona orgulloso Gustavo Mendía en la puerta de su vivienda. Junto a otros vecinos y autoridades de este distrito bonaerense, el hombre de 61 años forma parte de una cadena de gestión integral de residuos sólidos urbanos que, a lo largo de 20 años, ha reducido el impacto de la basura en la calidad del medio ambiente del lugar.

La planta de tratamiento de residuos, considerada de vanguardia, parece ser el caballito de batalla de este municipio ubicado al sur de la provincia. "Es que de este tipo de infraestructura fue la primera en el país", destaca el director de Servicios Públicos local, Juan Errobidart, en diálogo con La Nacion.

Dos décadas atrás, el basural a cielo abierto donde se acopiaban los residuos de Laprida atentaba contra el paseo turístico de la laguna El Paraíso. No sólo por la contaminación ambiental, sino también por el paisaje que ofrecía a los turistas.

En el distrito bonaerense, autoridades y vecinos se comprometen con la separación de desechos.  

Para dar comienzo a una nueva etapa, en 1991, el entonces intendente decidió crear la planta de tratamiento de residuos y, desde ese momento, el interés por reducir el impacto de las consecuencias de la basura ha hecho de Laprida un modelo a seguir.

Cada noche, alrededor de ocho toneladas de desperdicios son retirados por los camiones municipales. La mitad de las veces los trabajadores recogen bolsas de dos colores. Si son verdes es porque en su interior hay residuos orgánicos; si son blancas, en cambio, los restos son inorgánicos.

Aunque las autoridades comunales reconocen que, para cerrar el círculo del tratamiento de la basura, falta profundizar en las medidas de concientización de la población, en la actualidad cerca de la mitad de los lugareños (unos 5000 ciudadanos) participa de manera activa del proceso de separación domiciliaria de residuos.

Mendía y su señora, Analía, forman parte de ese grupo de vecinos que adoptó esa forma de vida. Con distintos recipientes y bolsas ubicados en su vivienda, esta pareja de abuelos les inculca a sus nietos la importancia de mermar la cantidad de basura.

Una vez que la basura es transportada a la planta se pone en marcha la siguiente fase. Los operarios arrojan las bolsas contra una zaranda al tiempo que las rompen. Ese movimiento permite que los residuos se dividan en orgánicos e inorgánicos.

Los primeros son amontonados para que, con el correr de los días (entre seis y nueve meses), se vayan descomponiendo de manera natural. Ese humus generado vuelve a la ciudad, en alguna plaza de Laprida. "Este simple tratamiento ya elimina el 50 por ciento del total de la basura", explica el funcionario Errobidart.

¿Qué sucede con la otra mitad? A través de una cinta transportadora por donde circulan, los restos inorgánicos pueden ser reutilizados o reciclados y son separados minuciosamente por operarios. Alrededor del 25 por ciento de esos residuos tiene la capacidad de volver al mercado (vidrios, papel, cartón, envases Pet, huesos).

Las noticias son buenas parar los habitantes de Laprida. Sólo el 25% de sus desperdicios es arrojado al relleno sanitario local. Se trata de un centro de disposición final de residuos con las normas requeridas para conservar el medio ambiente.

El mote de ciudad limpia va más allá de la planta de tratamiento de la basura. Basta recorrer las calles de Laprida para notar la pulcritud de los barrios. No hay papeles tirados en la calle y existen recipientes para la basura en la mayoría de las esquinas.

Gustavo Casimir, de 50 años, es oriundo de este distrito y, como todos los vecinos, parece tener enraizada la importancia de controlar lo que se desecha y cómo. "Por las dudas que las bolsas se rompan, nunca saco los residuos a la calle. Directamente los llevo a la planta", cuenta, convencido de que su pequeño grano de arena puede hacer la diferencia.

 

lanacion.com.ar  13-05-2012