Lunes, 23 Agosto 2021 10:52

«Ser cristiano no es solo tener un sentido religioso, amar la liturgia y estar apegado a una determinada historia nacional»

Mons. Éric de Moulins-Beaufort, arzobispo de Reims y presidente de la Conferencia Episcopal francesa responde a las preguntas de La Nef en el marco del dossier sobre los tradis .

En su opinión, ¿qué lugar ocupan las comunidades llamadas «tradicionales» en la Iglesia en Francia?

Estas comunidades suelen reunir a familias jóvenes y a jóvenes. Algunos de estos fieles han pertenecido al mundo llamado «tradicional» durante generaciones, pero un número no despreciable se ha acercado a la fe gracias a la misa de san Pío V. Los fieles de estas comunidades enriquecen a la Iglesia de Cristo en la medida en que consienten ser miembros de pleno derecho de la «gran» Iglesia. «Extra Ecclesia, nulla salus», decía san Cipriano de Cartago, pensando, no en los paganos, sino en los que se sitúan fuera de la Iglesia.

 

Estas comunidades tradicionales, ¿son una riqueza o una dificultad para la Iglesia en Francia? ¿Qué riqueza pueden aportar? ¿Qué dificultades causan?

Son a la vez una dificultad y una riqueza. Sus exigencias litúrgicas complican la vida concreta de las diócesis, y los institutos correspondientes han desarrollado cursos de formación que a los obispos nos resultan difíciles de controlar.

 

Pero cuando estas comunidades aceptan participar en los acontecimientos que estructuran la vida de una Iglesia particular, cuando comprenden que la misión consiste en vivir de Cristo en el mundo tal como es sin hacerse la ilusión de que el mundo de antaño pueda volver, aportan la belleza de la misa según el misal de san Pío V, con el que la Iglesia ha vivido durante siglos y que tiene una cierta fuerza pedagógica.

 

¿Qué sugeriría para mejorar la acogida, las relaciones y la integración de estas comunidades tradicionales en las diócesis?

Hoy, en muchos lugares, los sacerdotes de varias comunidades de Ecclesia Dei participan de buen grado en las reuniones diocesanas y son acogidos por los sacerdotes diocesanos. Todo sacerdote con una misión en una diócesis pertenece al presbiterio único de esa diócesis. Reflexionar juntos sobre los retos de la evangelización, profundizar la teología y la filosofía, aceptar los ministerios para todos los fieles y no solo para los de la Forma Extraordinaria, son caminos prometedores.

 

Por parte de los fieles, participar en los eventos de la diócesis (misa crismal, ordenaciones, peregrinaciones) aceptando celebrar la misa con toda la Iglesia, participar en los cursos de formación diocesanos, hacerse cargo de los cursos Alpha, servir a los pobres y a los enfermos sin dejarse condicionar por las distintas sensibilidades, son caminos hacia la unidad.

 

Por parte de la Iglesia diocesana esto implica cuidar la liturgia de las celebraciones, que debe garantizar la seriedad de los cursos de formación que ofrece y aceptar las iniciativas llevadas a cabo por las comunidades «tradicionales». La Tradición es el acto mismo de la vida de la Iglesia.

 

¿Cómo ve usted el futuro de estas comunidades tradicionales en la Iglesia de Francia?

Estoy convencido de que estamos avanzando hacia una integración más natural del mayor número de ellas. Pero me temo que algunos grupos se están endureciendo en una postura espiritual y política que los aleja de la vitalidad eclesial. Ser cristiano no es solo tener un sentido religioso, amar la liturgia y estar apegado a una determinada historia nacional. Ser cristiano siempre nos hace ir hacia donde no esperábamos ir.

 

¿De qué modo pueden colaborar juntos estas comunidades tradicionales y el clero diocesano para llevar a cabo la evangelización y en aras del bien de la Iglesia?

El misal de san Pablo VI incorpora los avances de la teología eucarística y de la teología de la Iglesia que se desarrollaron, por un lado, entre la crisis de la Reforma protestante y el Concilio de Trento y, por el otro, entre el Concilio Vaticano II y la crisis causada por la secularización en la humanidad. Compartir estos avances teológicos nos ayudará a todos a comprender mejor cuál es la misión de la Iglesia.

 

Todos los fieles son agentes del anuncio de la buena nueva de la salvación, todos los fieles se ofrecen en sacrificio espiritual para la gloria de Dios y la salvación del mundo, y el sacrificio espiritual siempre se verifica en el hecho de que fortalece la unidad de la Iglesia como comunión en Cristo. Bossuet, por citarlo solo a él, lo explicó con gran claridad. Los sacerdotes son portadores tanto de la Palabra de Dios, que salva, perdona y sana, como de la Eucaristía de Cristo.

 

El ministerio ordenado es necesario para que vivamos bien de Cristo y en la fuerza de su Espíritu, sirviendo al crecimiento y a la unidad interior de la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo. El modo de servir mejor a la obra de Dios se realiza a través de lo fundamental, del camino más elevado.

 

 

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