Viernes, 10 Septiembre 2021 09:14

Grupo de escuelas católicas canadienses quema 4.700 libros infantiles

Vuelve la quema de libros. Pero esta vez no son los nazis, sino un grupo de colegios católicos en Canadá. Y no, no echan a la hoguera obras heréticas o inmorales, sino libros infantiles y juveniles, como los de Tintín y Astérix, porque su contenido podría ofender a los indígenas.

Curiosamente, se vende como “gesto de reconciliación”, aunque la imagen real -piras de libros- no concita precisamente recuerdos de tolerancia. La esperpéntica idea la ha tenido la comisión escolar Providence, responsable de la gestión de 30 planteles católicos y de lengua francesa en el suroeste de la provincia canadiense de Ontario, y consistió en reciclar o directamente quemar más de 4.700 obras de sus bibliotecas, ha señalado Radio-Canadá.

 

La razón aducida por la comisión escolar es que se trataba de libros de contenido “desactualizado e inapropiado”, por representar estereotipos negativos. Bienvenidos al Año Cero, donde todo lo que lean nuestros hijos debe estar en línea con los criterios más estrictos de la corrección política. Fuera para siempre Tintín, que habla de pieles rojas y visita el Congo colonial; a la hoguera con Astérix, que es un puro manojo de tópicos en fila. Que ardan, que ardan.

 

¿Qué cuento, novela, cómic, que tenga más de veinte años, podría salvarse? ¿Cuáles hay que no cometan el pecado imperdonable de “estereotipar” a los grupos de víctimas autodesignadas?

 

Las escuelas católicas en Occidente ya no se suelen tomar muy en serio las verdades de la fe que dicen profesar; pero con las verdades inapelables del discurso dominante son implacables. Lo único que quizá consideren cuestionable es todo el anhídrido carbónico que habrán arrojado a la atmósfera esas hogueras.

 

 

Infovaticana.com