Sábado, 22 Enero 2022 13:59

Benedicto XVI, acusado sin pruebas

No solo en Múnich, sino en toda Alemania se esperaba con expectación el informe sobre abusos sexuales en la archidiócesis de Múnich-Freising, principalmente porque atañe a la época en que había regido la diócesis como arzobispo el entonces cardenal Ratzinger (entre 1977 y 1982), así como al actual arzobispo, el Cardenal Marx (desde 2008), que también fue presidente de la Conferencia Episcopal Alemana de 2014 a 2020.

Un artículo publicado el 4 de enero en el semanario Die Zeit lanzaba el “caso del sacerdote Peter H.”; con “documentos internos de Múnich y Roma” vertía graves acusaciones contra el Papa emérito.

 

Aunque el informe de un bufete de abogados muniqués —que llevó a cabo la investigación por encargo del arzobispado de Múnich, pero con completa independencia— trata los abusos sexuales supuestamente cometidos en la archidiócesis durante 75 años (1945-2019) y bajo la dirección de seis arzobispos —de los que, además de Benedicto XVI y Reinhard Marx, solo vive actualmente el que dirigió la diócesis entre ellos dos, Friedrich Wetter (1982-2008)—, la atención se había centrado en los años de gobierno de Benedicto XVI y más concretamente aún en el caso del “sacerdote Peter H.”, al que el informe denomina “sacerdote X” o “caso X”; siguiendo la numeración del informe, se trata del “caso 41”.

 

Un tomo entero para un caso

También el bufete de abogados concede a este caso especial relieve: a él se dedica un tomo especial de casi 400 páginas, mientras que los otros cuatro casos en los que se acusa originariamente al entonces Cardenal Ratzinger “de no haber reaccionado adecuadamente o de acuerdo con las normas a los casos de (presuntos) abusos que habían llegado a su conocimiento” ocupan las páginas 682 a 754 de las aproximadamente 1.200 páginas del tomo principal del informe. En total se recogen en dicho informe —referidos a esos 75 años— 65 casos en los que consideran que “las acusaciones están probadas”; en 146 llegan a la conclusión de que “son al menos plausibles”, mientras que en 11 casos refutaron las acusaciones, si bien añaden que en 141 casos (el 38%) “no hay una base suficiente para extraer un juicio definitivo”.

 

Siguiendo su metodología general, los abogados autores del informe se dirigieron también a Benedicto XVI para exponerle los casos en que consideraban que no había actuado correctamente, a fin de darle oportunidad para responder a dichas acusaciones. El Papa emérito respondió a todas y cada una de las preguntas que le hicieron al respecto.

 

En uno de los cinco casos que le imputan, el “caso 22”, el informe llega a la conclusión de que la sospecha inicial “no se ha confirmado”. Sin embargo —dejando ahora al lado el caso “especial”, el número 41—, en los casos 37, 40 y 42 se considera que el cardenal Ratzinger actuó “con falta de sensibilidad y disposición a esclarecer los hechos respecto a los indicios de posibles conductas indebidas, en particular de sacerdotes”.

 

La acusación en el principal caso contra Ratzinger se basa en que acudió a una reunión en que se habló del sacerdote implicado, aunque no hay constancia de ello

 

Para llegar a estas conclusiones, los autores del informe siguen en cada caso la misma metodología. Primero, presentan las acusaciones que se vierten contra el entonces arzobispo Ratzinger; en segundo lugar, el informe presenta resumidamente las respuestas que Benedicto XVI envió para hacer frente a dichas acusaciones. En un tercer paso, los abogados revisan dichas respuestas, en un tono claramente acusador y en el que fácilmente se advierte el “regodeo” de los abogados en “pillar” al “acusado” en un renuncio. Por supuesto, sin dar posibilidad de una contrarréplica al Papa emérito.

 

De todo esto, extraen conclusiones como: “Los autores del informe no perciben una voluntad por parte de Benedicto XVI de reflexionar de forma autocrítica sobre sus propias acciones y su propio papel y de aceptar al menos una corresponsabilidad por la inadecuación de sus reacciones tanto hacia los acusados como hacia los agraviados”. En otro caso se dice: “Los autores del informe consideran que su relato no se acerca a la realidad. Les parece tanto menos plausible cuanto que el obispo diocesano tiene un deber especial hacia los sacerdotes que le han sido confiados, entre otras cosas por el fundamento sacramental y la peculiaridad de la relación”.

 

Suposiciones

En cuanto al “caso 41”, que tan ampliamente se trata en el informe, la discusión se reduce principalmente a una sesión de trabajo celebrada el 15 de enero de 1980 en la curia diocesana muniquesa. En su escrito de 82 páginas remitido a los abogados, Benedicto XVI dice no recordar que asistiera a la reunión. Haciendo un equilibrio dialéctico (en el acta no consta como “ausente”; por lo tanto, estuvo presente), el informe asegura que el entonces arzobispo Ratzinger sí asistió.

 

Ahora bien: aun en el caso de que al Papa emérito le falle la memoria y estuviera presente en dicha reunión, no hay ninguna prueba de que se hablara entonces del sacerdote “X”. En la rueda de prensa tras la presentación del informe, el abogado Wastl, del bufete responsable, respondía a una pregunta con un vago: “No me puedo imaginar que se dijera que viene un sacerdote de otra diócesis y nadie preguntara por qué razón. Y si se sabía que estaba en tratamiento psiquiátrico, que no se preguntara por qué. Claro que el hecho de que no me lo pueda imaginar no quiere decir que conozca el tenor literal de la reunión”.

 

El Corriere della sera recoge unas declaraciones del arzobispo Georg Gänswein, efectuadas el jueves por la tarde: “Benedicto XVI no conocía el informe, que tiene más de mil páginas, hasta esta tarde. Durante los próximos días examinará el texto con la atención necesaria. El Papa emérito, como ya ha repetido en varias ocasiones durante los años de su pontificado, expresa su conmoción y vergüenza por los abusos a menores cometidos por clérigos, y manifiesta su cercanía personal y su oración por todas las víctimas, algunas de las cuales ha conocido con ocasión de sus viajes apostólicos”.

 

En cuanto al cardenal Reinhard Marx —al que se le acusa de haber obrado incorrectamente en dos casos y también de no haber concedido la necesaria importancia al asunto, pues no comenzó a ocuparse de ello hasta 2018, diez años después de llegar a la sede muniquesa—, también anunció que estudiaría con las personas correspondientes el informe y que presentaría unas “primeras perspectivas”, el próximo 27 de enero.

 

Condenado ante la opinión pública

No se han hecho esperar las reacciones a la presentación del informe; más que en los casos de abusos en sí, estas se han referido tanto a Benedicto XVI como, en menor medida, al cardenal Marx y sus supuestas “incorrecciones”. Así, la presidenta del “Comité central de los católicos alemanes”, Irme Stetter-Karp, subraya que el informe “contiene claros indicios que prueban que Benedicto XVI, en su época como arzobispo de Múnich, siguió una conducta inadecuada en cuatro casos. El Papa emérito dejó que sacerdotes abusadores siguieran desarrollando su ministerio y los trasladó de un lugar a otro. El hecho de que Benedicto, en su declaración del 14 de diciembre de 2021, parezca no admitir ninguna falta, es aterrador”.

 

Sin embargo, el cardenal Gerhard Ludwig Müller —en una entrevista con el rotativo italiano anteriormente mencionado, que ha difundido asimismo la agencia alemana de noticias DPA— dice: “Se habla más sobre Ratzinger que sobre el caso del sacerdote H. o de otros sacerdotes que han cometido crímenes”. Pero no se muestra sorprendido, pues “en Alemania —aunque no solo aquí— hay un interés de dañar a Joseph Ratzinger”, porque resulta molesto para la “línea progresista”.

 

En Die Tagespost, su redactor-jefe Guido Horst habla de una “ola de indignación” sin precedentes. “En la televisión pública, y a la hora de mayor audiencia, se dio el veredicto: culpable”. Si bien no hay pruebas, “la opinión pública siguió el criterio del tribunal de Múnich, aunque este no es un juzgado sino un bufete de abogados. Si este bufete hubiera sido un tribunal, el ‘acusado’ Benedicto XVI habría sido absuelto por falta de pruebas.

 

Pero esto no funciona así cuando se trata de un eclesiástico cuya teología sigue siendo ortodoxa y cuya imagen de la Iglesia se basa en la fe revelada: hay que echarlo, para que su legado y su herencia no interfieran con la voluntad declarada de levantar una nueva Iglesia de procedencia católica orientada por el modelo progresista protestante. El cardenal Ratzinger fue uno de los primeros en reconocer en Roma, hace más de 20 años, que los abusos y encubrimientos en la Iglesia católica no podían continuar. Como Papa, inició entonces el cambio de rumbo que Francisco está continuando. Este hombre no merece ser puesto en la picota ahora. Sobre todo, cuando no hay ni una sola prueba de su culpabilidad”.

 

 

Aceprensa.com