Jueves, 30 Enero 2014 20:44

Cuando la pérdida de valores no tiene límites

 

 por Carlos Alvarez Cozzi

 

Una semana antes de terminar el mes de enero en mi país, el Uruguay, la prensa dio cuenta de una denuncia de un joven agente de policía de Maldonado, acerca de que un automovilista en Punta del Este había detenido su vehículo para ofrecerle dinero a cambio de sexo.

Textualmente, según denunció, le dijo “querés ganarte unos pesitos”. Ante la insistencia del automovilista y sin reconocerlo aún, el agente pidió apoyo policial a fin de detener al acosador sexual.

Cuando el automovilista advirtió que se le entraba a complicar su galanteo homosexual, porque venía el apoyo policial solicitado, le dijo, “es tu palabra contra la mía”, según consignó la prensa.

Toda esta conducta desnuda un serio problema de valores que en Uruguay ya no reconoce límites. Porque una cosa es una propuesta, sea del tipo que sea, no juzgamos a las personas porque solo Dios conoce los corazones, pero otra muy distinta es el acoso, que es deleznable tanto sea heterosexual como homosexual. Y además puede ser delito según nuestra legislación.

Pero el tema se agrava mucho mas porque cuando la autoridad pública, que es la que tendría que dar el ejemplo a la población, es la que al parecer está involucrada en el hecho, la perplejidad se potencia.

Según la denuncia, el automovilista acosador sería un legislador nacional de la República, que cuando la cosa se le complicó sacó su identificación oficial a fin de presionar para que lo dejaran ir.

Y unos días antes, en un partido de fútbol, en Montevideo, también quienes deberían dar el ejemplo de profesionalidad, ante la vista de todo el estadio, se tomaron a golpes de puño y algunos fueron procesados por el delito de riña en espectáculo público.

Esto nos lleva a diferenciar la tolerancia de la misericordia

Corresponde ser misericordioso y no juzgar a las personas, pero jamás tener tolerancia con lo que está mal, en este caso, si se confirma la denuncia, un delito, porque el acoso sexual lo es.

No podemos mirar para otro lado porque sea, la parecer, autoridad pública la involucrada sino al contrario, exigir que quien hace las leyes empiece por cumplirlas, porque eso es hacer República y además si le quedara un poco de vergüenza, reconociera que estuvo mal, pidiera perdón y tratara de enmendar el entuerto.

La pérdida de valores, a nivel mundial, es una de las consecuencias del relativismo ético, de la “dictadura” del relativismo. Para ella no importa hacer el bien, se puede hacer el mal, mientras no te descubran, parece ser el lema.

 

Montevideo, 30 de enero de 2014