Imprimir esta página
Miércoles, 16 Febrero 2022 12:38

¿Qué hay detrás de la reforma del Papa Francisco en la congregación doctrinal del Vaticano?

El Papa Francisco publicó este lunes 14 de febrero un documento con el que reestructura la poderosa Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) en el Vaticano. El anuncio precede a la tan esperada reforma que prepara para toda la Curia Romana.

La nueva estructura de la CDF fue dada a conocer en un motu proprio (de su propio impulso) del Papa Francisco. Se trata del motu proprio número 48 desde su elección en 2013, confirmando que es la forma predilecta del Santo Padre para establecer cambios.

 

Poco después de su elección en marzo de 2013, el Papa Francisco instituyó el Consejo de Cardenales para asistirlo en el gobierno de la Iglesia y ayudarlo a redactar el borrador de una nueva constitución apostólica que redefina las tareas y funciones de las oficinas o dicasterios del Vaticano.

 

La Curia del Vaticano actualmente opera bajo lo estipulado por la constitución apostólica Pastor Bonus (Buen Pastor) de 1988. El documento publicado por el Papa San Juan Pablo II sigue vigente, aunque buena parte ya ha sido modificado por eventos y decisiones del Papa Francisco.

 

Varios dicasterios mencionados en el texto de 1988 han desaparecido o existen de manera distinta. En la práctica, el Papa Francisco ha implementado la reforma de la Curia personalmente antes de que exista un documento integral, e incluso sin esperar a las reuniones del Consejo de Cardenales.

 

Hoy, la Curia Romana incluye a la Secretaría de Economía, el Consejo de Economía, el Dicasterio para las Comunicaciones, el Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral, el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida; aunque Pastor Bonus es anterior a estos organismos, que no están sustentados aún en una constitución apostólica.

 

Se cree que el Papa Francisco seguirá introduciendo reformas personalmente y que solo publicará una nueva constitución, con el nombre de Praedicate evangelium (Predicar el Evangelio), una vez que ya se hayan hecho todos los cambios.

 

“Centralización excesiva”

Al principio de su pontificado, el Papa Francisco dijo que ya consideraba algunos cambios en la CDF.

 

En su primera entrevista, concedida a la revista jesuita La Civiltà Cattolica en 2013, el Santo Padre dijo: “Impresiona ver las denuncias de falta de ortodoxia que llegan a Roma. Pienso que quienes deben estudiar los casos son las conferencias episcopales locales, a las que Roma puede servir de valiosa ayuda. La verdad es que los casos se tratan mejor sobre el terreno. Los dicasterios romanos son mediadores, no intermediarios ni gestores”.

 

En la misma entrevista, el Papa dijo que “las enseñanzas de la Iglesia, sean dogmáticas o morales, no son todas equivalentes. Una pastoral misionera no se obsesiona por transmitir de modo desestructurado un conjunto de doctrinas para imponerlas insistentemente”.

 

“El anuncio misionero se concentra en lo esencial, en lo necesario, que, por otra parte, es lo que más apasiona y atrae, es lo que hace arder el corazón, como a los discípulos de Emaús. Tenemos, por tanto, que encontrar un nuevo equilibrio, porque de otra manera el edificio moral de la Iglesia corre peligro de caer como un castillo de naipes, de perder la frescura y el perfume del Evangelio. La propuesta evangélica debe ser más sencilla, más profunda e irradiante. Solo de esta propuesta surgen luego las consecuencias morales”.

 

La Evangelii gaudium, la exhortación apostólica que el Papa Francisco considera su programa del pontificado, resalta que “el Concilio Vaticano II expresó que, de modo análogo a las antiguas Iglesias patriarcales, las conferencias episcopales pueden ‘desarrollar una obra múltiple y fecunda, a fin de que el afecto colegial tenga una aplicación concreta’”.

 

Y agregó: “Pero este deseo no se realizó plenamente, por cuanto todavía no se ha explicitado suficientemente un estatuto de las conferencias episcopales que las conciba como sujetos de atribuciones concretas, incluyendo también alguna auténtica autoridad doctrinal. Una excesiva centralización, más que ayudar, complica la vida de la Iglesia y su dinámica misionera”.

 

Esto quiere decir que, desde el principio, el Papa ya pensaba en reformar la CDF, pero ninguno de los 39 comunicados emitidos al final de las reuniones del Consejo de Cardenales siquiera ha mencionado la reforma de la congregación.

 

Además, el tema tampoco estuvo en los encuentros que los directores de la Oficina de Prensa del Vaticano (el P. Federico Lombardi y luego Greg Burke) sostuvieron con los periodistas sobre el trabajo del Consejo de Cardenales.

 

En breve, la reforma de la CDF se da sin mucha antelación y al final de una serie de cambios graduales.

 

De cuatro oficinas a dos secciones

Antes de la reforma, la CDF tenía cuatro oficinas: la disciplinar, la doctrinal y la matrimonial. La cuarta, según señala el anuario pontificio de 2021, tenía la “tarea de seguir el asunto de las relaciones con la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX - lefebvristas), la aplicación del motu proprio Summorum Pontificum, la vida de los institutos bajo la Pontificia Comisión Ecclesia Dei y, en líneas generales, las cosas referentes a la liturgia antigua, conocida como la ‘forma extraordinaria del Rito Romano’”.

 

La cuarta sección perdió su razón de ser luego de la publicación del motu proprio Traditionis custodes (Custodios de la Tradición), que revocó las previsiones establecidas por Benedicto XVI para el uso de la forma extraordinaria. En la práctica, el rito antiguo ya no se considera “forma extraordinaria” del Rito Romano, sino otro rito.

 

La cuarta sección fue establecida luego que el Papa Francisco cerró la Pontificia Comisión Ecclesia Dei en 2019. La comisión fue creada dentro de la CDF precisamente para supervisar las relaciones con la FSSPX. El cierre de la comisión también se dio con un motu proprio.

 

La oficina matrimonial está cerrada ahora, mientras la congregación se reestructura en dos secciones distintas, con dos secretarios. Todo sugiere que uno de ellos será el actual subsecretario, P. Matteo Visioli, quien debería ser promovido luego que el Arzobispo Giacomo Morandi, que sirvió como secretario de la CDF desde 2017, fue nombrado Obispo de Reggio Emilia en enero.

 

Es probable que el otro secretario sea el teólogo Mons. Armando Matteo, muy estimado por el Papa Francisco, quien tuvo palabras de aprecio en su discurso por Navidad a la Curia Romana. Además, el Santo Padre creó para Mons. Matteo el cargo de subsecretario adjunto en la CDF.

 

Cabe resaltar que Mons. Matteo fue recibido en audiencia privada por el Papa Francisco el 21 de enero, poco antes de que el Pontífice diera un discurso a los participantes de la asamblea plenaria de la CDF.

 

Doctrina y disciplina

Con dos secciones, el perfil de la administración de la CDF parece haberse fortalecido, con una estructura más jerárquica y una división más precisa de competencias, aunque es cierto que las cuatro oficinas, trabajando en sincronía, mostraban una verdadera colegialidad en sus decisiones y generaban especialistas en temas específicos.

 

Por encima de todo, el tema doctrinal nunca fue descuidado en las decisiones. Existe el riesgo ahora de que el elemento disciplinar prevalezca sobre el doctrinal porque será una sección separada, con autonomía para la toma de decisiones y por lo tanto no necesariamente llamada a compartir sus elecciones en una discusión amplia.

 

Sin embargo, este por ahora solo es un riesgo y es necesario esperar a ver cómo operará la CDF siguiendo el motu proprio.

 

La opinión pública esperaba una respuesta sobre el tema disciplinar. Las reacciones a este cambio fueron positivas. Muchos comentaristas han destacado que, con la reforma, el Papa ha fortalecido el manejo canónico de los abusos sexuales del clero, al crear la sección disciplinar.

 

Como ya se ha dicho, la oficina disciplinar ya existía. Con las reformas deseadas, primero por Juan Pablo II y luego por Benedicto XVI, la CDF se convirtió en un punto esencial de referencia para lidiar con los abusos. La novedad, entonces, es que el cuerpo disciplinar es una sección y ya no solo una oficina.

 

En cuanto a los delicta graviora –los delitos más graves, incluido el abuso sexual– había un problema en cuanto al manejo de los casos. En 2014 el Papa Francisco estableció una estructura dentro de la CDF para examinar las apelaciones de los delicta graviora, que fue definida en 2018.

 

Esta estructura o colegio tiene 11 miembros y la coordina el Arzobispo Charles J. Scicluna, secretario adjunto de la CDF. Se creó precisamente para hacerse cargo de las apelaciones.

 

En 2001, el Papa San Juan Pablo II estableció que las apelaciones deben tratarse durante las sesiones ordinarias de la Congregación, las llamadas Cuarta Feria, ya que las reuniones se dan los días miércoles.

 

En 2019, Mons. John Kennedy, jefe de la sección disciplinar de la CDF, le dijo a AP que ese año la congregación recibió un récord de mil informes sobre abusos de todo el mundo.

 

La sección disciplinar tendrá ahora más autonomía, presumiblemente en términos de presupuesto. Esto sugiere, tal vez, que para afrontar la mayoría de casos, la sección hará comisiones ad hoc, con miembros internos y externos, con lo que se dejaría así el trabajo colegial que siempre ha caracterizado a la congregación.

 

Con el motu proprio del lunes, la CDF adquiere centralidad y autonomía, pero el resultado es que necesitará ayuda para el manejo de casos. Por eso, es probable que busque el apoyo de Iglesias locales o comisiones externas, poniendo así en práctica el principio de descentralización del que el Papa ha hablado desde 2013.

 

Cambiando la mentalidad de la Curia Romana

Antiguamente, la CDF era conocida como “La Suprema” debido a que tenía que ver con la fe. Hasta el Papa San Pablo VI, la congregación era tan importante que el mismo Pontífice era el prefecto; y en algún momento se rumoreó que el Papa Francisco quería volver a esta costumbre.

 

Sin embargo, se espera que el proyecto para la reforma de la Curia Romana destaque lo que será el Dicasterio para la Evangelización, con lo que la CDF ya no será la primera en la lista de los departamentos del Vaticano.

 

Es posible también que Mons. Scicluna, quien hasta ahora ha mantenido su cargo como Arzobispo de Malta, sea nombrado como nuevo prefecto de la CDF en reemplazo del Cardenal Luis Ladaria, de 77 años de edad.

 

Asimismo, el Arzobispo estadounidense y dominico, Mons. Augustine Di Noia, actualmente secretario asistente de la CDF, se retirará. El Prelado tiene 78 años, tres más de la edad de jubilación para los obispos.

 

Como conclusión, los cambios administrativos de la CDF apuntan a un cambio estructural que busca cambiar la mentalidad de la Curia Romana. Su forma precisa llega por sorpresa, algo típico del Papa Francisco. Y esto podría ser el preludio de otras decisiones similares.

 

 

Aciprensa.com