Miércoles, 23 Febrero 2022 13:52

¿Cómo puedo tener un corazón puro? Obispo enseña 4 claves para lograrlo

El Obispo de San Sebastián (España), Mons. José Ignacio Munilla, explicó qué dice la Iglesia Católica sobre la importancia de mantener la pureza del corazón y cómo es posible alcanzarla.

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A través de su canal de YouTube En ti Confío, Mons. Munilla reflexiona y explica de forma sencilla temas contenidos en el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica. En esta ocasión, el Prelado comentó el número 529 del Compendio del Catecismo que lleva por título: ¿Cómo se llega a la pureza del corazón?”.

 

“El bautizado, con la gracia de Dios y luchando contra los deseos desordenados, alcanza la pureza del corazón mediante la virtud y el don de la castidad, la pureza de intención, la pureza de la mirada exterior e interior, la disciplina de los sentimientos y de la imaginación, y con la oración”, señala el Catecismo.

 

Refiriéndose al texto del Catecismo, Mons. Munilla recordó que “todo bautizado está llamado a la plenitud de la santidad”, y explicó que el sacramento del “Bautismo es el que nos da la semilla para que se vaya desarrollando en todo un árbol de santidad”.

 

En ese sentido, explicó que para que una persona alcance la pureza del corazón necesita integrar en su vida la mística, que es el “don” o regalo de Dios, y la ascética, que es la “batalla moral” o el trabajo y esfuerzo moral diario humano para lograr esta meta. ¿Cómo? Mons. Munilla aseguró que se puede lograr a través de las siguientes cuatro prácticas:

 

1.       Vive la virtud de la castidad

Mons. Munilla dijo que en primer lugar se debe vivir “la virtud de la castidad”, que consiste en “amar con un corazón recto, con un corazón indiviso, amar sin confundir ‘amar’ con ‘utilizar’”.

 

El Prelado señaló que “muchas personas no han sabido distinguir entre ambas cosas: amar o utilizar”, en especial los más jóvenes. “Cuántos adolescentes abren su experiencia a la vida sexual con un tipo de relaciones de usar y tirar, y en seguida son conscientes de que son utilizados, y es una sensación muy triste, muy dura”, dijo.

 

Señaló que a veces ellos suelen pensar así: “Bueno, a mí me han utilizado, ahora yo también voy a utilizar a otros”; y entonces “esas primeras experiencias en la vida sexual muchas veces hacen que ellos lleguen a confundir amar con utilizar”.

 

En cambio, uno experimenta un gozo grande cuando ama con el corazón puro, indiviso, gratuitamente, a fondo perdido. Al vivir la castidad “uno enseña a luchar contra la impureza, porque merece la pena amar y ser amado así. Merece la pena ese modelo de amor”, dijo.

 

Es por eso que para alcanzar la pureza del corazón hay que vivir la castidad, pues “la mejor manera de evitar el mal es aprender a gozar del bien”. Entonces, “cuando uno goza de amar rectamente, esto le da un recurso muy grande para poder rechazar las tentaciones que tenga, porque sabe el goce y la alegría que nace de amar en castidad”, agregó.

 

2.       Conserva la pureza de intención

El Prelado señaló que “además de alimentarnos con esos modelos de amor puro”, debemos “tomarnos en serio la batalla interior de la rectitud por la pureza de intención”.

 

El Prelado explicó que las personas deben esforzarse por purificar sus intenciones en su relación con los demás, pues “fácilmente se nos meten segundas o terceras intenciones”. Es decir, si bien al inicio “tengo un buen deseo”, luego se pueden mezclar “otros deseos que no son limpios”.

 

Para explicarlo, Mons. Munilla citó el texto bíblico de Romanos 12:2, que señala lo siguiente: “No se acomoden a este mundo, por el contrario, transfórmense interiormente con una mentalidad nueva, para discernir la voluntad de Dios, lo que es bueno y aceptable y perfecto”.

 

Esto quiere decir que “no te conformes con mediocridades, no te conformes con lo que no sea la pureza en el amor, no tomes como punto de referencia lo que mayoritariamente hacen los demás. Que tu criterio de moralidad no sea un mínimo común denominador de lo que en tu entorno se vive”, explicó.

 

Por el contrario, alentó a cuestionarse ¿qué es lo auténtico y verdadero? Y luego, ponerse como meta purificar el corazón “de todo lo que no sea un amor en autenticidad” en toda circunstancia. “Tenemos que estar examinándonos, ver en qué momento nos desviamos y tenemos que purificar la rectitud de intención con la que procedemos”, señaló.

 

Por ejemplo, si inicias “una conversación con buenas intenciones”, pero te das cuenta que te estás desviando y conduciendo a esta persona para utilizarla o aprovecharte de ella, o si de pronto comienzas a “preguntarle cosas por morbo o una curiosidad malsana”, entonces detente y “purifica tu rectitud de intención”, dijo.

 

3.       Educa la mirada exterior e interior

Mons. Munilla señaló que para alcanzar la pureza del corazón “hay que educar la pureza de la mirada. Sí, la mirada tiene que ser educada, tanto la mirada exterior [como la interior]”.

 

Sobre la mirada exterior, explicó que “la manera de mirar a las personas es totalmente diferente si alguien está mirando el rostro y viendo en ella su personalidad, que si está casi despreciando su rostro y está mirando determinadas partes del cuerpo en las que él siente una incitación”.

 

Sobre la mirada interior, el Prelado recordó que debemos rechazar el “estar fomentando imaginaciones, toda una serie de ensoñaciones que obviamente no hacen bien”. Entonces, “educar la mirada” implica muchas veces decirle “no” a la forma en cómo miramos y pensamos.

 

Mons. Munilla aseguró que también es importante purificar “lo que vemos en televisión, en internet” y cuestionarse “¿qué me ayuda a ser más puro?, ¿qué me impide ser más puro?”.

 

En conclusión, “se trata de cuidar tu mirada, porque es la ventana del corazón. Decimos que el corazón es como la imagen bíblica de la interioridad del hombre, pero el corazón tiene una ventana y esa ventana son los sentidos y en buena medida, la vista”.

 

4.       Reza y pide la gracia de vivir en pureza  

Finalmente, Mons. Munilla señaló que “la oración es importantísima en este camino de purificación”, pues al rezar “uno aprende a descansar en Dios, a descansar su sensibilidad, a saber que solo en Dios puede encontrar la paz”.

 

Recordó que es importante que nuestra afectividad o afectos descansen en el Señor, por eso, animó a que durante la oración personal se le pida a Dios “como un mendigo” el don de la pureza. ¿Cómo? Díganle a Dios: “Señor sé tú mi pureza, sé tú mi alegría”, dijo.

 

El Prelado dijo que San Agustín de Hipona habla sobre esa gran batalla por la pureza en el capítulo 6 de su famoso libro Confesiones, que dice lo siguiente:

 

“Creía que la continencia dependía de mis propias fuerzas, las cuales no sentía en mí. Siendo tan necio que no entendía lo que estaba escrito: que nadie puede ser continente si Tú no le das la gracia. Y cierto que Tú me la dieras si con interior gemido llamase a tus oídos y con fe sólida arrojase en ti mi cuidado”, escribió el santo.

 

“San Agustín se da cuenta que la continencia es un don de la gracia y que tiene que ser pedida, deseada, rogada, como un mendigo que pide a Dios: ‘Señor dame la gracia de integrar en mi mundo interior dividido y de aprender a vivir en pureza’”, concluyó el Prelado.

 

 

Aciprensa.com