Lunes, 26 Septiembre 2022 18:41

Cuatro pautas para cuando quieres evangelizar a un amigo: «Estar alegre y quererlo tal y como es»

Un viejo dicho asegura que nadie es profeta en su tierra. Algo que puede ser verdad, si tenemos en cuenta lo que le ocurrió al propio Cristo.

 

Transmitir ideas rompedoras a personas que le han visto a uno crecer es, a menudo, muy complicado. Ellos conocen los defectos personales, saben cuál es la trayectoria vital, y puede que anden con más suspicacias. Sin embargo, el mandato evangélico es claro y no renuncia a predicar "a propios y a extraños".

 

Para hablar de fe a los conocidos y no fracasar en el intento es importante saber antes algunas cosas. La divulgadora Kendra Von Esh enumera en Catholic Stand una serie de puntos para que los más cercanos no echen a correr cuando se pronuncia la palabra Dios.

 

Saber de dónde parte cada uno

 

Kendra empieza su artículo asegurando que la fe es un regalo y por ello se debe conocer muy bien en qué punto del camino se encuentra cada uno.

 

La autora confiesa que uno de los primeros errores que cometió al volver a la Iglesia fue "querer convertir a todos", aunque a la gente no le interesara ​​en absoluto. Hay casos, apunta, en el que hablas hasta que la otra persona está a punto de explotar, y esta nunca llegará a absorber nada. La divulgadora invita a discernir muy bien cuándo y cómo compartir la fe con alguien.

 

La divulgadora comenta que, al principio, cuando ella hablaba a todo el mundo de Dios, en realidad, no tenía una vida de oración, no conocía la fe católica, y no estaba familiarizada con la Biblia. Asegura, que solo sabía que Dios existía, en el lugar en el que un día se confesó después de 26 años alejada de la Iglesia. Kendra no comprendía entonces lo que supone la verdadera batalla espiritual y la importancia de tener una vida sacramental.

 

Aunque Kendra llevaba una vida de pecado, tenía mucha sed de aprender más sobre la fe católica. Vivía en una total contradicción. Hasta que un amigo le hizo ver que decía ser cristiana pero hablaba muy mal. "Sabía que tenía que cambiar todo en mi vida", confiesa.

 

Con ella como ejemplo, Dios le había mostrado que cada persona tiene un suelo de fe diferente y, además, que este puede cambiar a diario.

 

Kendra fue consciente, también, de que las personas son libres para aceptar o no el mensaje de Jesús. "Al cristiano le toca sembrar y a Dios cosechar", comenta.

 

La divulgadora empezó a mirar más en su interior y a fortalecer su relación con Dios. Descubrió que necesitaba su gracia cada día, para vivir como una verdadera católica.

 

Intensa vida de oración

 

Para Kendra, a todo cristiano se le ha encomendado un ministerio particular. Una esfera de influencia a su al rededor en la que deberá mostrar a Jesús. Por ello, comenta, se debe anhelar vivir en oración, paz y discernimiento.

 

El católico que quiere evangelizar necesita acercarse a la voz de Dios que se escucha en la oración y, también, de otras maneras, como en la naturaleza, las amistades, las Escrituras, el trabajo, etc.

 

La Biblia dice que hay que orar incesantemente todos los días, afirma Kendra. Y, San Pablo, que hay que hablar y alabar a Dios en todo momento. Si uno quiere ser evangelizador, necesita tener una estrecha relación con Dios para que Él pueda hablar por medio de ellos, y que ellos pidan la gracia de poder hacer lo que Él pide.

 

No se puede evangelizar sin tener una intensa vida de oración, asegura tajante Kendra. Y, añade, que incorporar los sacramentos a la vida, con la mayor frecuencia posible, es algo muy beneficioso. 

 

Conocer la fe que se profesa

 

Kendra recuerda la primera vez que acudió a misa después de muchos años. Al acabar, su deseo de saber más sobre la fe le hizo meterse en Internet, y Dios guio sus búsquedas hasta dar con los Milagros Eucarísticos. Quedó muy impresionada por la multitud de pruebas que daba para demostrar que Jesús estaba en la Eucaristía.

 

Para la divulgadora, una de las cosas más importante es saber en qué se cree. Primero se adquiere conocimiento sobre la fe y luego Dios pone la sabiduría en los corazones, afirma Kendra. Después, el corazón impulsa los pensamientos, las palabras y las acciones.

 

Si no se conoce la propia fe, uno se arriesga a tener que hablar de forma superficial, afirma Kendra. El católico que desea evangelizar debe hacerse como un niño, aprender sobre la fe y aumentar su relación con Dios todos los días. Cuanto más se aprende, asegura, hay más confianza y se dicen las cosas con más amor. 

 

 

 

religionenlibertad.com