Jueves, 15 Mayo 2014 10:12

«El noventa y un por ciento de los hijos no entienden las razones del divorcio de sus padres»

XIX SEMANA DE LA FAMILIA EN LA DIÓCESIS DE CÓRDOBA

La diócesis de Córdoba (España) está celebrando la XIX Semana de la Familia. En su segunda jornada, el profesor del Centro de Magisterio «Sagrado Corazón», Fernando Alberca, ha pronunciado una conferencia sobre las consecuencias que el divorcio tiene para los hijos del matrimonio que se separa.

Don Fernando ha asegurado que el noventa y un por ciento de los hijos no entienden, aunque se les explique, las razones de la separación y ha denunciado que «las relaciones padres-hijos se ven alteradas con un divorcio y la sociedad no ha logrado prevenir cómo actuar ante esta circunstancia»

 

(Diócesis de Córdoba/InfoCatólica) Enmarcada en la décimo novena edición de la Semana de la Familia, Fernando Alberca ha expuesto la ponencia «Consecuencias en los hijos de la separación de los padres», en la que ha manifestado que «el divorcio y la separación de los padres es la solución social cada vez más buscada para dar fin a los matrimonios con problemas y evitar el sufrimiento de los cónyuges, con el consuelo de dar a los hijos así un escenario más pacífico también».
 
Al hilo de esto, el profesor ha indicado que la realidad es muy diferente a esto, ya que «la separación es un fenómeno vivido de forma muy compleja entre los padres que se separan y cada uno de los hijos».

A continuación, el ponente ha explicado que la separación de unos padres suele tener dos fines, o bien solucionar una situación intolerable, o bien rehacer una vida. De ahí que durante la conferencia se haya centrado en analizar la forma en que las personas logran convertir esta esperanza en realidad y las consecuencias en ellos y en los hijos al cabo de los cinco, diez y más años.

«Muchos padres creen que al explicarles a los hijos los motivos de su separación, estos los entiende, pero un 91% confiesan no hacerlo. Y muchos, años después, piensan que el divorcio o la separación de sus padres no acabó con los conflictos matrimoniales entre ellos», ha asegurado.

Relaciones padres-hijos alteradas

 

Asimismo, el profesor Alberca ha comentado que «las relaciones padres-hijos se ven alteradas con un divorcio y la sociedad no ha logrado prevenir cómo actuar ante esta circunstancia.

Sigue actuando como si no hubiera pasado nada y no tiene en cuenta muchos aspectos que al principio parecen secundarios y con los años se manifiesta su importancia en el concepto de pilares tan esenciales para la persona, la familia y la sociedad entera, como por ejemplo el amor, la confianza o la estabilidad».

Por otro lado, ha concluido manifestando que la época en que vivimos exige un conocimiento mayor del fenómeno del divorcio, la separación de los padres, y de las consecuencias en los hijos, «porque es un fenómeno que nos afecta a todos los que convivimos en una sociedad, sin excepción alguna».

La Semana de la Familia continuará hoy, a las 20:00 horas, con la conferencia del Promotor de Justicia del Tribunal de la Rota de la Nunciatura Apostólica de Madrid, Joaquín Alberto Nieva, titulada «Del divorcio a la nulidad». Con esta intervención, se pondrá el punto y final a esta décimo novena edición.

 

11 comentarios

Comentario de Miguel Málaga
 
Las entenderán el día en que a ellos les llegue la hora de lo mismo. Yo tampoco lo entendía. Efectivamente, una ruptura es un fracaso (salvo infidelidad o vicios, que locos y locas hay en todas partes), pero una razón bastante decisiva es precisamente la de evitarles a los hijos una convivencia muy deteriorada y un estado de ánimo insufrible y ya irrecuperable. Y no pasa nada, allá el que siga pensando que esto tenga que ser un valle de lágrimas, más de lo que ya lo es.

Ni tampoco entiendes la homosexualidad hasta que te toca un hijo homosexual y entonces al que diga lo más mínimo vas y te lo comes.

Nada como saber en carne propia de lo que se habla.
14/05/14 10:01 AM
 
Comentario de Javier Ruiz
 
Quizá sea este uno de los problemas más graves de nuestra sociedad, en lo que respecta a ruptura del compromiso, fracaso del proyecto fundamental y falta de empatía hacia el esposo/a y los hijos. 
La clave está en la noticia: "la sociedad no ha logrado prevenir cómo actuar ante esta circunstancia". 
 
Se necesitan asociaciones, fundaciones e instituciones concienciadas en el drama del divorcio y en la búsqueda de soluciones para prevenir esta circunstancia.
Campañas, educación, cursos...
14/05/14 10:02 AM
 
Comentario de hidaspes
 
Miguel Málaga, la vida misma, y el matrimonio no es una excepción, es "valle de lágrimas". Quien contraiga matrimonio para pasar sólo momentos estupendos y hermosos mejor que se lo piense, porque el matrimonio tiene de todo, y nunca deja de ser eso, matrimonio, por muy mal que vengan las cosas.

Ante todo, el matrimonio, para el católico, no es un mero contrato. Es sacramento, es promesa efectuada ante Dios. Y eso lo cualifica considerablemente. Las promesas se mantienen por encima de todo, contra viento y marea. 

Para los casos en que la convivencia es materialmente imposible, el propio Magisterio solemne de la Iglesia, elaborado por sabias mentes, ya dispone la posibilidad de una separación temporal (que no divorcio, claro, el matrimonio como sacramento es indisoluble).
 
Fuera de ese caso excepcional, es responsabilidad de cada católico luchar con todas sus fuerzas por su matrimonio, por ser fiel a la promesa hecha a Dios (auténtica alianza divina, pues). Si la convivencia está deteriorada, hay que poner la voluntad y la humildad necesarias para mejorarla.
 
Si el estado de ánimo es bajo o difícil de sobrellevar, hay que luchar por mejorarlo, siempre recordando la promesa efectuada, "en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte nos separe".

Un hijo homosexual es cosa distinta de la homosexualidad como conducta. El hijo seguirá siendo ya haga una o mil perrerías. Pero no voy a aplaudirle cuando lo haga mal. ¿Qué tipo de padre sería?
14/05/14 7:02 PM
 
 
Por seguir con el sesudo argumento de Miguel Málaga 

Ni tampoco entiendes la violación hasta que te toca un hijo violador y entonces al que diga lo más mínimo vas y te lo comes.
Ni tampoco entiendes el terrorismo hasta que te toca un hijo etarra y entonces al que diga lo más mínimo vas y te lo comes.

Y así ad nauseam
14/05/14 7:32 PM
 
 
Nunca entendí la separación, como tampoco entiendo el breve tiempo de preparación para la celebración del matrimonio por la iglesia, un asunto primordial en la prevención de la separación y el divorcio.
14/05/14 8:39 PM
 
Comentario de M .Carmen RENEDO
 
Y q hacer? Cuándo una d las partes te dice q ya no t quiere como cónyuge sino como a un amigo q esta enamorada, ilusionada, y con ganas de vivir otra ilusión q cree q su destino está con esa persona, pero q por supuesto si quieres podemos vivir juntos como hasta hoy, pero eso si viajando, y saliendo con esa tercera persona, como explicárselo a unas niñas de trece y quince años, por favor contestarme, desde el prisma católico q caminó tomar?
14/05/14 9:07 PM
 
Comentario de aldo vallejos
 
No entiendo la ausencia de una teología del fracaso, para iluminar las situaciones. Quien cae no encuentra un cirineo por ningún lado, y menos dispuesto a levantarte.
En Cristo
14/05/14 10:14 PM
 
Comentario de hidaspes
 
M. Carmen Renedo. El amor no es sentimiento, es acto de voluntad. Yo no amo a mi esposa porque siente amor por ella, es porque tengo la firme voluntad de quererla, tal como es. Y así debe seguir siendo. Lo de "he dejado de sentir amor por ti" se soluciona con la voluntad de seguir amando; si no sientes amor, ten la voluntad de amarme. Hazlo, fue tu promesa ante Dios.Y la otra parte debe ayudar a que el otro cumpla su promesa. 

Claro que todo lo anterior es fácil de escribir, y a menudo es muy difícil de ejecutar. Por eso mi siguiente consejo, que personalmente he probado en mi matrimonio, tanto yo como mi esposa: rezar, rezar mucho, confiar en la Virgen Madre de Dios, que a nadie abandona cuando a Ella se acude. Tanto es el poder de la oración que a menudo la oración de uno sólo de los cónyuges basta. 

Cuando hice el curso prematrimonial el sacerdote me hizo grabarme estas palabras: "Si el matrimonio puede reducirse en una sóla palabra esa palabra es perdón. Cuanto más te ofenda tu esposa, más rápido debes perdonarla, y más debes quererla. Cuanto más te sientas incomprendida, más debes amarla, más debes estar atento hacia ella, con hechos, no sólo palabras. Así tu matrimonio será bendito con la ayuda de Dios."

Que Dios te bendiga.
15/05/14 2:05 AM
 
Comentario de Miguel Málaga
 
Hidaspes: es que tampoco la soltería deja de ser un valle de lágrimas, al fin y al cabo no es más que soledad. Cuántos "rechazados" quisieran que otro ser humano se fijara en ellos con amor, no digo ya con deseo (que también), sino con aspiraciones de compañía y convivencia. Si en realidad en esta vida todo son intentos, por eso el soltero busca novia y el casado está harto del cónyuge. Las palabras son muy bonitas, y los consejos sacerdotales sin implicación práctica diaria también.
 
Yo confieso ante Dios todopoderoso nunca más pecar... y luego tengo que volver a confesar. Pues lo mismo: yo prometo a Dios que esto va a durar hasta que la muerte nos separe... pero si décadas después ya no podemos ni vernos, ya estamos hartos de perdonarnos puesto que no somos Dios, ya ni con oraciones ni con sacrificios ni con novenas, tenemos opciones de independencia y de descanso, los hijos son mayores (e igual mucha culpa es de ellos, que criarlos es otro valle de lágrimas), pues muchas gracias por tu promesa aquella, pero va a ser mejor tú a Boston y yo a California.

Ado: Muy acertada la aclaración "ad nauseam". Efectivamente, no puede haber condena más nauseabunda a millones de padres e hijos que comparar una orientación sexual a un comportamiento delictivo. Asimilar ambas churras y merinas es propio de mentalidades... eso, nauseabundas. Nada nuevo. Suerte a vd. con los suyos, no le vayan a salir terroristas ni maricas ni ultracatólicos.
15/05/14 12:34 PM
 
Comentario de Luis H.
 
Miguel Málaga, no ha entendido lo que Ado le ha querido decir. Que uno no haya pasado por una experiencia no quiere decir que no tenga conocimiento para dar una opinión formada sobre ella. Eso es muy propio del relativismo, solo vale lo que digo yo porque solo yo lo he sufrido. A menudo, es bueno tratar de mirar "con cierta perspectiva", nos ahogamos bastante en nuestros propios problemas. Si hay un problema irresoluble -pero de verdad- de convivencia, uno puede separarse físicamente para no generar un mal mayor.
 
Pero el compromiso de fidelidad en todo sentido a esa persona debe continuar. Si volviese a haber oportunidad de recobrar esa convivencia, se hace. Lógicamente, casos de adicciones, maltratos físicos o psíquicos y conductas similares no permiten una debida convivencia. Pero eso también lo contempla la Iglesia
15/05/14 2:34 PM
 
Comentario de hidaspes
 
Miguel,presentas hechos a manera de hipótesis como si de algo irreversible se tratase.Amar es acto de voluntad,no sentimiento.Uno ama cuando quiere amar.Y es en este momento cuando los católicos recordamos que contraímos un sacramento con rango de alianza divina,una promesa solemne ante Dios.Y una promesa es algo muy serio.Que algo sea materialmente posible no lo legitima moralmente;que yo pueda divorciarme y volverme a casar cuatro veces,no lo legitima moralmente.Si mi convivencia matrimonial se resiente,la solución no es acogerme a las posibilidades legales o meramente fácticas; lo correcto es ser adulto y mantener mi promesa.
 
La analogía expresada por Ado es pertinente.Te recuerdo que las conductas tipificadas como delitos en el Código Penal responden a criterios morales, a imposiciones morales.El robo se tipifica como delito porque detrás hay una valoración moral negativa del acto consistente en robar.
 
Pues bien,los católicos tenemos una valoración crítica de la homosexualidad como conducta (no del homosexual como persona,que nos merece todo el respeto,y quien ofrecemos el mejor camino de dignidad y libertad por medio de la castidad y la oración),aun cuando no entendamos que merezca reproche jurídico-penal.De la misma manera que tenemos una valoración crítica sobre el robo. El hijo ladrón sigue siendo hijo, pero no por ello aplaudiremos el robo;el hijo que practica la homosexualidad sigue siendo hijo,pero no vamos a bendecirle esa conducta.Nada de churras con merinas.
15/05/14 2:43 PM
 
 
 
infocatolica.com  14-05-2014