Miércoles, Noviembre 13, 2019

Política de Estado


Jueves, 28 Junio 2012 13:05

Mecanismos internacionales para inventar nuevos derechos basados en la “orientación sexual”

(26-6-2012) En muchos artículos hemos insistido que la burocracia, enquistada en los organismos internacionales y en las cancillerías, están fabricando nuevos derechos humanos a fuerza de repetir cosas que no son ciertas y hacer que otras personas, instituciones o países lo crean y actúen en consecuencia.

En el Congreso Mundial de las Familia en Madrid, Piero Tozzi (Alliance Defense Fund) alertó en su conferencia sobre los mecanismos internacionales para inventar nuevos derechos basados en la “orientación sexual” en desmedro del derecho natural de las familias a educar a sus hijos, y se refirió a que “el control del sistema educativo es fundamental para aquellos que quieren avanzar en la agenda homosexual”.

Piero A. Tozzi es asesor legal de Alliance Defense Fund (ADF) en su central en Scottsdale, Arizona, donde desarrolla un papel clave en la actividad mundial de ADF. Desde que se unió a ADF en el 2012, Tozzi se ha centrado en litigar en el ámbito internacional de los derechos humanos. Obtuvo su doctorado en la Escuela de Derecho de la Universidad de Frodham en 1996. Es también miembro de la sección para la práctica del derecho internacional de la asociación de abogados de Nueva York.

Tozzi subrayó la importancia de recordar la “noción de derechos fundados en la naturaleza” que son anteriores al estado y frente a los cuales la función del estado es de reconocerlos. “El Estado que no puede crear derechos, sino sólo reconocerlos“.

LA AMENAZA DEL PROGRESISMO INTERNACIONAL: LA ORIENTACIÓN SEXUAL Y LA LEY INTERNACIONAL

Piero A. Tozzi, VI Congreso Internacional de Familias, 26 de Mayo de 2011

Uno oye hablar mucho sobre “derechos humanos” en estos días, pero muchos de los nuevos “derechos” que se escuchan -tales como“derechos reproductivos”, interpretados para incluir el derecho al aborto, o “derechos” basados en “la orientación sexual e Identidad de Género “- suenan como un puñado de injusticias.

En efecto, tal como un amigo y colega, Jakob Cornides, lo ha expresado sucintamente: “Lo que alguna vez fue considerado un crimen debe ser transformado en un derecho, y lo que alguna vez fue considerado justicia, debe ser transformado en una violación de los derechos humanos.”

El escenario está listo para un enfrentamiento entre derechos que compiten, puesto que los derechos basados en nuevos conceptos se insinúan en el discurso de los derechos humanos y el Estado está llamado a hacer cumplir esos derechos recién fabricados.

“La orientación sexual” es un término nebuloso que no está definido en el derecho internacional en ningún sentido vinculante. A primera vista, esto implica una disposición interior, o una orientación. Véase, por ejemplo, la intervención de la Santa Sede en Ginebra [3], en marzo de 2011.

Sin embargo, algunos consideran ampliarla más allá de una disposición interior que necesariamente debe manifestarse en formas de comportamiento que tradicionalmente se han considerado anormales, peligrosas, inmorales y en muchos casos criminales.

Los que seguimos creyendo que esto es así y lo manifestamos públicamente con un sentido de obligación hacia la Verdad y hacia el bien común –por ejemplo, como monseñor Reig Pla- comenzamos luego a ser atacados como delincuentes que ofenden los derechos humanos.

Entonces, ¿qué pasa con los derechos humanos fundamentales, tales como la libertad de religión, de conciencia y de expresión?

Aquí hay una cita de Chai Feldbum, profesora de derecho en la Universidad de Georgetown (una “escuela en la tradición jesuita”), nombrada por el presidente Obama en la comisión federal que supervisa la no discriminación en el trabajo (comisión de igualdad de oportunidad en el trabajo) y lesbiana autodeclarada:

Puede existir un conflicto entre la libertad religiosa y la libertad sexual, pero en casi todos los casos, la libertad sexual debe ganar porque es la única manera de que la dignidad de los gays se pueda afirmar de manera realista. Estoy teniendo dificultades para encontrar algún caso en el que la libertad religiosa debe ganar“.

Esto es preocupante, porque implícitamente moviliza al poder del Estado para “reafirmar” los derechos y la dignidad de las personas que se identifican como homosexuales en contra de aquellos que disienten basados en creencias religiosas y en la objeción de conciencia.

Creo que esto nos obliga a plantear la cuestión sobre qué son los derechos humanos, de dónde provienen y cuál es la relación con el poder del Estado.

El discurso moderno de derechos humanos se remonta a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, que a su vez nació del rechazo a los horrores de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto perpetuado por la Alemania nazi, donde la ley y el poder del Estado no respondían a ninguna ley superior.

Charles Malik, la persona tal vez más responsable de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se hizo la pregunta acerca de dónde provienen los derechos:

¿Con qué título los posee el hombre?“, se preguntó a Malik. “¿Se los confiere el Estado, o son conferidos por la sociedad, o por las Naciones Unidas? … Ahora bien, si simplemente se originan en el estado o en la sociedad o en las Naciones Unidas, está claro que lo que el estado ahora otorga, algún día lo podría retirar sin violar por ello ninguna ley superior. Pero si estos derechos y libertades pertenecen al hombre como hombre, entonces el Estado o las Naciones Unidas, lejos de conferírselos, deben reconocerlos y respetarlos… Esta es la cuestión sobre si el Estado está sujeto a la ley superior, la ley de la naturaleza, o si se trata de una ley que se basta a sí misma. Si se trata de lo segundo, entonces nadie lo juzga: [el estado] es el juez de todo. Pero si hay algo por encima de él, algo que puede descubrir y a lo que pueda ajustarse, entonces cualquier ley positiva que contradiga la norma trascendente es por naturaleza nula y sin efecto. 

Esta formulación del problema por Charles Malik es muy importante al evaluar el conflicto de derechos provocado por aquellos que avanzan en nuevos conceptos tales como derechos basados en la “orientación sexual”.

Una distinción mientras nos involucramos en el discurso de los derechos que es muy importante es la distinción entre “derechos negativos” y “derechos positivos”.

Aquí debemos ser claros, cuando decimos derechos “negativos” no nos referimos a “malo”, ni positivo se refiere a “bueno”.

Por el contrario, los derechos negativos son los derechos fundados en la Naturaleza, los cuales no pueden ser vulnerados por el Estado –uno detenta derechos frente al Estado, de ahí el término “Negativo”. El Estado no puede otorgar estos derechos, sólo puede reconocerlos. A lo que nos referimos como los Derechos Negativos también podrían llamarse “inalienables” o “derechos inalienables”, en base a las leyes de la Naturaleza y del Dios de la Naturaleza de acuerdo al lenguaje de la Declaración de Independencia Americana.

Los Derechos Positivos, en cambio, son los derechos que otorga el estado. La sustancia de los derechos puede ser buena o mala.

Para ayudar a ilustrar la diferencia, aquí hay un ejemplo tanto de derechos negativos y positivos uno al lado del otro en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que es un documento un tanto esquizofrénico, por razones en las que no tenemos tiempo de entrar aquí.

En lo que respecta a la educación, la Declaración Universal dice que “Los padres tendrán un derecho anterior a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos.” Artículo 26 (3).

Este derecho está fundado en la idea expresada en otras partes de la Declaración Universal respecto de que la familia es el elemento fundamental de la sociedad (artículo 16), y que el derecho de los padres a elegir el tipo de educación tiene sus raíces en la naturaleza, porque es “anterior”, preexiste al Estado y es un derecho negativo contra el cual el Estado no puede atentar.

Sin embargo, el mismo artículo también habla de la educación como un derecho “positivo” a ser garantizado por el Estado:
“Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en las etapas elementales y fundamentales. La instrucción elemental deberá ser obligatoria. “(Artículo 26)

Noten aquí cuánto más se proyecta él cuando hablamos de un derecho como positivo … y consideren las implicancias potenciales cuando el contenido sustantivo del derecho provisto por el Estado es moldeado por líderes como Obama o Zapatero.

En España, ustedes vieron un curso de ciudadanía propuesto por el gobierno anterior que no respetaba el derecho (negativo) de los padres a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos, y en su lugar trató de imponer un plan de estudios que estaba lleno de derechos recién fabricados, tales como los basados en la “orientación sexual” en conflicto con el derecho fundamental de los padres y las familias.

Esta misma agenda – lo que se llama el Proyecto Zapatero – con respecto a la “orientación sexual”, cuenta con un análogo transnacional.

Se llaman los Principios de Yogyakarta.

Los Principios de Yogyakarta pretenden ser una “declaración sobre la aplicación de la ley internacional de derechos humanos con relación a la orientación sexual e identidad de género“, así como una “Guía universal a los derechos humanos que afirman normas legales internacionales vinculantes con las que todos los Estados deben cumplir.”

Sin embargo, no tienen carácter vinculante en el derecho internacional, no hay naciones soberanas que se hayan reunido para negociar. En cambio, aproximadamente 30 miembros (auto-elegidos) de diversos comités de seguimiento de tratados de las Naciones Unidas y organizaciones no gubernamentales, así como los relatores especiales y otros “expertos” comprometidos con la agenda homosexual a nivel mundial, han creado un documento que servirá como vehículo para avanzar en su agenda política. Sus defensores luego lo empujan con vehículos transnacionalistas, tales como los órganos de supervisión de tratados de las Naciones Unidas y los reportes de los relatores especiales, para darle la apariencia de tener algún tipo de peso jurisprudencial que exigen debe ser reconocido.

Se trata básicamente de un menú de ansiados derechos positivos a ser creados e impuestos por el Estado. Las piezas son modeladas directamente después de la Declaración Universal de Derechos Humanos -sin embargo, crea un conflicto intrínseco con los derechos fundamentales negativos reconocidos en la Declaración Universal.

Los Principios de Yogyakarta se basan en ciertas nociones antropológicas que creo que son falsas. Sexualidad humana -es decir, “orientación sexual” e “identidad de género” – constituyen una construcción social fluida, no es algo arraigado en la complementariedad biológica de los dos sexos.

Así, los Principios estipulan: “La orientación sexual debe entenderse como referida a la capacidad de cada persona de sentir una profunda atracción emocional, afectiva y sexual hacia, y las relaciones íntimas y sexuales con, los individuos de un género diferente o del mismo género o de más de un género.”

Tengan en cuenta la frase “más de un género” – ¿implicará esto dos géneros?

¡No! Porque el género es una construcción social maleable que no tiene sus raíces en la complementariedad biológica de los sexos –ellos dicen que puede haber una multiplicidad de “géneros”. Es un término ideológico, que no hunde sus raíces en la realidad biológica.

¿Cuáles son entonces los derechos basados en la “orientación sexual” que los Principios de Yogyakarta solicitan, y cuál es el conflicto?

El artículo 19 de los Principios de Yogyakarta, por ejemplo, afirma que “Toda persona tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión, independientemente de su orientación sexual o identidad de género”.

Hasta aquí esto es ciertamente verdadero -los derechos de libre expresión como una cuestión general son universales, y esto es una reafirmación de un derecho negativo fundamental: puesto que todos somos pecadores o nos equivocamos en uno u otro modo, ese derecho no depende de que el individuo esté en un estado de gracia para ejercer el derecho.

Pero luego pasa a comentar que “los Estados deberán… asegurar que el ejercicio de la libertad de opinión y de expresión no viole los derechos y libertades de las personas de diversas orientaciones sexuales e identidades de género”.

Esto es muy inquietante en sus implicaciones -consideren lo que sucede en la España de hoy con Monseñor Reig Pla, o en Suecia con el Pastor Ake Green hace varios años atrás, cuando él predicó un sermón a los romanos.

Lo mismo sucede con el Principio de Yogyakarta 21: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, independientemente de su orientación sexual o identidad de género”.

Una vez más, es cierto. Pero el comentario continua para recitar: “Los Estados deben … asegurar de que la expresión, la práctica y promoción de diferentes opiniones, convicciones y creencias con respecto a las cuestiones de orientación sexual o identidad de género no se lleve a cabo de una manera incompatible con los derechos humanos.”

¿Qué implica esto, a la luz de la cita a Chai Feldblum que leímos antes?

También debemos considerar a la posibilidad de conflicto con la familia y el llamado para que el gobierno intervenga en las familias.

Los Principios de Yogyakarta defienden políticas educativas que socavan el papel de los padres como los principales educadores de sus hijos y exponen a los niños a la propaganda homosexual.

Por ejemplo, el Principio de Yogyakarta 15 asume que “los niños” son capaces de identificarse con una orientación sexual particular, o una identidad de género, que algunas veces será opuesta a la de las familias.

Esto requiere la intervención de los servicios sociales estatales – de ahí la necesidad de establecer “programas sociales” para abordar “los factores relacionados con la orientación sexual o identidad de género”, entre “los niños y jóvenes” que puedan sufrir “el rechazo de las familias.”

Los Principios avanzan para afirmar que los gobiernos deben garantizar que “los métodos de enseñanza, planes de estudio y los recursos sirvan para mejorar la comprensión y el respeto para … diversas orientaciones sexuales e identidades de género”.

Además, los gobiernos deberán “Garantizar la formación… En todos los niveles de la educación pública … para promover … normas de acuerdo con estos Principios, así como para contrarrestar las actitudes discriminatorias por motivos de orientación sexual e identidad de género”.

Por supuesto, el control del sistema educativo es fundamental para aquellos que quieren avanzar en la agenda homosexual. Por su propia naturaleza, los actos homosexuales son incapaces de dar sus frutos – de hecho, estrictamente hablando, no son sexuales, ya que son incapaces de ser generativos o procreativos. Por lo tanto existe la necesidad de desensibilizar y corromper las mentes jóvenes, tanto para socavar la resistencia a la agenda como para reclutar ente los que están en una etapa emocionalmente vulnerable de su desarrollo.

Para obtener los objetivos que los autores de los Principios de Yogyakarta quieren, entonces, se requiere entre otras cosas, la conquista del discurso de derechos humanos, y empujar a la gente lejos de la comprensión del respeto de los derechos negativos que existen frente al Estado hacia la concepción de los derechos como las obligaciones positivas del Estado, y luego tratar de controlar el contenido sustantivo de dichos derechos positivos, tal como el “derecho a la educación”, proporcionada por el Estado. Aunque al principio puedan hablar en términos de derechos negativos, como el “derecho a la privacidad” (y algunos de hecho pueden ser sincero en querer esto), la verdadera batalla se lucha entre concepciones rivales de los derechos, con el Estado alistado de un solo lado.

Aquí está el peligro: está en la naturaleza del gobierno el tratar de “llenar los espacios”, para crecer y desplazar a instituciones mediadoras como la Iglesia y la familia. Uno de los bandos en la batalla por los derechos ha descubierto una manera para enrolar al Estado, de aquí la presión implacable en la que nos encontramos.

Les dejo con un pensamiento final: aquí en Europa, creo que a veces las personas se burlan de lo que consideran las nociones de derechos “anglosajonas” – en esencia, los derechos clásicos negativos que hemos hablado, o la libertad. Existe una mayor conformidad con el rol del Estado como prestador de derechos positivos, como el “derecho a la educación,” o el “derecho a la salud.”

Pero la realidad que enfrentamos es que, en general, los que van a proporcionar el contenido sustancial de dichos derechos positivos en el futuro, serán aquellos que buscan imponer la contra-cultura de la muerte en sus diversas manifestaciones, ya sea el aborto en la salud o los derechos a la “orientación sexual” en la política educativa.

Así, a aquellos que se preocupan por la familia, y la Iglesia, y las demás instituciones mediadoras a las que el gran filósofo político Edmund Burke se refirió como los “pequeños pelotones” que sustentan una cultura no sólo horizontal sino también verticalmente, en comunión con las generaciones pasadas y las generaciones por venir, yo los exhorto a pensar de una manera más “anglosajona” en lo que atañe al discurso de los derechos humanos. Tal concepción de los derechos es, por supuesto, el patrimonio de todos nosotros, de Charles Malik, y de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

¿Quién ganará en el “enfrentamiento de derechos” depende en gran parte, en quién pueda aprovechar la superioridad moral, y controlar los términos del debate. El terreno de nuestra elección, en la que creo que podemos ganar, debe ser la reivindicación de la noción de derechos fundados en la naturaleza, frente al Estado: el Estado que no puede crear derechos, sino sólo reconocerlos. Si podemos hacer eso, para replantear el conflicto de derechos como uno en que los derechos negativos deben prevalecer frente el poder del Estado, entonces creo que el resultado será muy positivo.

Muchas gracias.

Foros de la Virgen María

(Sugerimos al lector tenga la bondad de imprimir éste o cualquier otro artículo que trate temas de interés, y leerlos detenidamente).

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