Lunes, 23 Febrero 2015 16:10

Venezuela y Argentina: el peligro de la impunidad

Son días aciagos en Venezuela y Argentina. En ambos países gobiernan mandatarios déspotas y corruptos que, una vez alcanzado el poder en las urnas, han hecho del atropello su seña de identidad.

Me refiero a Nicolás Maduro y Cristina Fernández de Kirchner, dos discípulos de la dañina escuela populista que propagó el desaparecido Hugo Chávez con su catecismo del socialismo del siglo XXI, trufado del caudillismo autoritario que éste a su vez aprendió de Fidel Castro.

Ahora, con Chávez en la tumba y Castro fuera de juego por su avanzada edad, Maduro y CFK conducen al abismo a venezolanos y argentinos con sus modos de matones.

El pasado 18 de febrero en las calles de Caracas la oposición protestó por el primer aniversario del encarcelamiento del líder de Voluntad Popular, Leopoldo López.

Ese mismo día se cumplía el primer mes de la muerte en Buenos Aires del fiscal Alberto Nisman, quien apareció con un tiro en la sien en vísperas de presentar en el Congreso un informe que responsabilizaba a la presidenta del encubrimiento de terroristas iraníes implicados en el atentado en 1994 contra la sede de la mutual judía AMIA.

En la capital argentina desfilaron más de 400,000 personas en solidaridad con Nisman y exigiendo una investigación independiente que esclarezca las extrañas circunstancias de su muerte.

Un día después de las movilizaciones de la oposición venezolana y las denuncias de la familia de López por los presuntos castigos de los que está siendo objeto en la cárcel militar de Ramo Verde, la policía política bolivariana (Sebín), se llevó preso a Antonio Ledezma, alcalde metropolitano de Caracas, sin una orden de detención.

Sencillamente lo secuestraron y Maduro dijo en un discurso televisado que será procesado por “poner en peligro” la paz del país. En realidad a los chavistas les preocupa la fuerza que de nuevo está cobrando la oposición y el plan de transición para paliar la grave crisis del país que Ledezma, entre otros, presentó recientemente.

Como el perro con rabia, Maduro en Venezuela y CFK en Argentina se revuelven contra quienes osan a criticarlos y señalan sus abusos. Precisamente porque en estos momentos sus reflejos son como los de un animal acorralado, ahora más que nunca resultan en extremo peligrosos.

Incapaces de asumir la responsabilidad del fracaso de sus políticas y enemigos de las libertades, los dos gobernantes acusan a sus detractores de falsas conspiraciones que ellos mismos fabrican para transformar molinos de viento en enemigos que hay que eliminar a cualquier precio;

algo que, lamentablemente, también aprendieron de Chávez y que éste copió de Castro, un verdadero maestro a la hora de culpar a Estados Unidos de todos los males que él y su dinastía le han infligido a los cubanos durante más de medio siglo.

Las noticias que llegan de Venezuela son cada vez más descorazonadoras: la represión chavista arrecia contra una oposición cuyas principales figuras están encarceladas, a la vez que la prensa independiente agoniza por el constante acoso del oficialismo.

Algo parecido está sucediendo en Argentina, donde el kirchnerismo difama a los fiscales que defienden la causa de Nisman y a diarios desafectos como Clarín el propio jefe de gabinete de CFK, Jorge Capitanich, rompe sus ejemplares en una rueda de prensa por informar a fondo acerca de la oscura trama en torno a la muerte del jurista.

Sin perder tiempo, intelectuales y agitadores kirchneristas han descalificado al fiscal Gerardo Pollicita, quien, tras relevar a Nisman en la investigación que éste había emprendido, ha terminado por imputar a la presidenta.

Nicolás Maduro y Cristina Fernández de Kirchner se han embarcado en una peligrosa espiral de opresión y represalias contra sus detractores que les puede salir muy caro. Por lo pronto, su imagen internacional está muy tocada y sus índices de popularidad se sitúan en mínimos.

Ambos podrán invocar fantasmas y supuestas conspiraciones golpistas, pero están abocados a un callejón sin salida. Lo verdaderamente preocupante son las víctimas que dejan en el camino de su estrepitoso declive.

 

Twitter: @ginamontaner

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