Domingo, 12 Julio 2015 00:38

La “parasitocracia” española -Cualquier similitud con Argentina... es verdad

La “parasitocracia” española

 

Por José L. Román.- Es verdad que ya no nos gobiernan los aristócratas; éstos están en la sombra dirigiendo algún que otro “festival”, o llenando la andorga y controlando sus codiciados bienes.

Tampoco nos gobierna un general austero e incorruptible, de aquellos con la fuerza moral integra. Pero, resulta que tampoco nos gobiernan los mejores ni los más preparados aunque hayan sido legitimados por las urnas.

 

No son los más honestos ni coherentes los que dirigen los destinos de nuestra nación; son simplemente los que más aparecen en la televisión, los que más aplauden en un mitin o los que más gritan en la calle; son los que por afiliarse a un partido logran alcanzar un lugar en la lista elaborada por ese partido, que más tarde sería presentada ante los medios, y que el votante por un día y contribuyente de por vida pudo meter en un sobre para después introducirla en una urna ante testigos.

El censado no votó a la persona por su nivel académico, vida familiar, historial laboral ni trayectoria profesional en el ámbito social, votó a todos los que figuraban en aquella lista aunque no supiera quiénes eran, aunque desconociese lo que podían aportar por experiencia y conocimientos, y aunque ignorase si carecían o no de antecedentes penales.

Con este sistema de listas cerradas, la recién estrenada democracia española a finales de la década de 1970, nacía con una patología contraída por un virus de quirófano tras un parto complicado.

Aquella pequeña afección que consideraron sin importancia los padres de la Constitución, ha derivado después de más tres décadas por falta de atención médica y del antídoto necesario, en una necrosis que se propaga imparable.

El sistema se descompone por la corrupción y la putrefacción en la que parasitan miles de gusanos. Estamos infestados de parásitos corruptos; de una ola de saqueos que no es exclusiva -aunque sí liderada-, de la clase política.

Estamos colapsados por un engrudo que detiene el despegue de la economía, movida principalmente por miles de humildes empresarios, trabajadores autónomos y asalariados. Estamos oscurecidos por una sombra que se desliza desde las esferas más altas del poder, hasta la calle más estrecha por donde pueda transitar el más insignificante y común de los mortales.

El filósofo, sociólogo y economista germano-americano Hans-Hermann Hoppe tiene varios conceptos -no todos exentos de polémica-, que atañen a una realidad como la española.

Dice que los elegidos para dirigir la nación, los cargos electos y sus “asesores enchufados”, al ser temporales por un periodo de cuatro años, tienen todos los incentivos para saquear la riqueza de los ciudadanos productivos tan pronto y rápido como les sea posible. Creo que no le falta razón después de ver, cómo la “casta” ha desvalijado y expoliado las arcas de nuestra nación, y las entidades benéficas más emblemáticas.

En España lo que hace falta es un estadista que piense en el bien común y en el futuro de nuestra Patria y de sus hijos, y sobran los “parásitos” que solo piensan en las próximas elecciones locales, autonómicas o generales, para pillar un sillón o montar un chiringuito en forma de asociación, y recibir dinero del presupuesto nacional sin producir absolutamente nada.

En su obra “Problemas de la democracia”, escribe Hoppe: “El resultado de subsidiar a individuos porque dicen que son pobres, sin un riguroso control de su verdadero estado social, genera mucha más pobreza.

Si se subsidia al desempleado dejándolo trabajar en “negro”, o sin apercibirse de si se trata o no de un vago o un holgazán, generará mucho más desempleo. Financiar a las madres solteras sin un control exhaustivo al respecto, generará muchos más nacimientos de niños sin padre conocido (…).

Al hacer que los honrados contribuyentes sostengan el sistema penitenciario manteniendo a los reclusos a cargo del presupuesto, en lugar de obligar a éstos a trabajar para la comunidad al objeto de resarcir a sus víctimas y costear su manutención, se incrementan los delitos de toda índole dentro de los centros penitenciarios sin conseguir para nada la reinserción de los condenados (…).

Y, lo más importante, obligar a los que vertebran un país a mantener a los políticos y a su red clientelar, ejerciendo éstos sobre los contribuyentes una presión fiscal confiscatoria a base de impuestos para financiar sus partidos y la burocracia que generan, contribuye a que haya más fraude, menos creación de riqueza, menos productividad y más parásitos”.

La democracia española y sus diecisiete gobiernos autónomos; la impunidad de los corruptos; los contratos basura y los salarios de miseria, y la demagogia de los que hablan de regeneración democrática con una doctrina marxista en su programa, solo son elementos necesarios para abonar la “parasitocracia”.

Los economistas hablan de “planes de choque” en periodos de crisis, para regalar los oídos a los poderosos adinerados; planes de choque para exprimir aún más a los productores y contribuyentes, pero sin tocar par nada a los parásitos que viven de la política.

Lo que hace falta en España para acabar con la necrosis que padece, no son precisamente parches o un masaje para aplacar el dolor de la gangrena. Lo urgente y necesario es un cirujano de hierro con un bisturí, que corte por lo sano y separe la parte podrida del resto.

Hace falta un estadista que aplaste para siempre a todos los parásitos que de la mano de la política, sin trabajar ni haber trabajado en su vida, sin aportar nada, sin contribuir ni servir a la comunidad, amenazan con comerse absolutamente todo.

 

 

alertadigital.com