Lunes, Agosto 26, 2019

Política de Estado


Lunes, 27 Febrero 2017 09:26

Francisco J. Contreras: “El Islam lleva las de ganar en el choque de trenes con la izquierda en Europa”

En Francia comienzó a agrietarse la civilización europea con la revolución de mayo del 68, más cultural que política, que significó un ataque a la familia y a la autoridad. Y también en Francia ha surgido La Manif pour tous, una revolución antropológica para defender el triángulo padre-madre-hijos, cimiento de la civilización, seriamente amenazado por la cultura de la muerte y la Ideología de Género.

 

Francisco José Contreras, catedrático de Filosofía del Derecho, ensayista, conferenciante, columnista de Actuall, ha coordinado el libro La batalla por la familia en Europa (La Manif pour tous y otros movimientos de resistencia) (ed. Sekotia), en el que él mismo y otros treces cualificados autores reflexionan sobre lo mucho que se juega Europa en un momento de decadencia moral y demográfica como no se veía desde la caída del Imperio Romano.

Autores como Jean Sévillia, Ludovine de la Rochère, Luca Volonté, Sophia Kuby, Mayor Oreja o  Benigno Blanco, entre otros, describen el paisaje antes y después de la batalla, y las iniciativas a favor de la familia y la vida en los distintos países de la UE, todo un movimiento de resistencia frente a una forma de tiranía más sutil pero más peligrosa que los totalitarismos nazi y comunista.

¿Comencemos por el principio, la gran crisis cultural de Occidente empieza en los años 60 con la revolución sexual?

Bueno, es difícil establecer esas cosas de manera categórica. Hay quien se remonta –buscando el origen de “la crisis cultural de Occidente”- nada menos que al nominalismo de Guillermo de Ockham (s. XIV), o a la ruptura de la cristiandad con la Reforma, o a la “filosofía de la sospecha” (Nietzsche-Marx-Freud)…

 

Yo me refería al ataque a la familia de la revolución de los años 60.

 

Pero sí, sin duda la revolución sexual de los años 60 y la consiguiente desestructuración de la familia han hecho mucho daño a la sociedad occidental. Por lo demás, ya había habido una “revolución sexual” en los años que siguieron a la Primera Guerra Mundial, aunque no tan masiva y definitiva como la de los 60-70.

 

Son inevitables los paralelismos con Roma: en el momento de máximo esplendor, una civilización se tambalea porque deja de tener hijos…

 

Sí. En Roma hubo intentos de reacción: el emperador Augusto promulgó leyes que incentivaban fuertemente el matrimonio y la paternidad. Pero, al final, la “invasión de los bárbaros” –que fue una infiltración paulatina, más que invasión violenta- tuvo mucho que ver con vacíos demográficos que son llenados por pueblos más jóvenes y más dispuestos a reproducirse.

 

Como ahora…

 

Exactamente igual a lo que vemos ahora.

 

Nuestra cultura postmoderna es la primera en la historia que se ha desentendido de la reproducción (…) Y lo vamos a pagar muy caro.

 

Hablando de hijos, dice vd. en el libro que lo más determinante en el matrimonio no es el amor, sino la unión de hombre y mujer para tener hijos. Explíquelo porque suena un poco feo…

 

El matrimonio es (o era) una institución que promociona la formación y larga duración de parejas hombre-mujer sólidas. La razón fundamental por la que el Derecho incentivaba y protegía a la pareja hombre-mujer era su fecundidad: de ahí salen niños, ahí es donde los niños pueden ser cuidados y socializados correctamente.

 

Es cuestión de vida o muerte para una sociedad que exista un número suficiente de parejas hombre-mujer dispuestas a procrear y educar: lo primero lleva unos minutos, pero lo segundo requiere décadas. Ahí se juega la conservación de la especie. Lo han sabido todas las culturas, y por eso institucionalizaron y sacralizaron el matrimonio bajo una u otra modalidad (monógama o polígama).

 

…Menos el Occidente actual

 

Nuestra cultura postmoderna es la primera en la historia que se ha desentendido de la reproducción, anteponiendo la libertad amorosa de los adultos al bienestar de los niños, que necesitan criarse con su papá y su mamá. Y lo vamos a pagar muy caro.

 

¿Mayo del 68 materializa aquello de “matar al padre” que decía Freud, al negar la autoridad?

 

En efecto, entre las difusas ideas de mayo del 68 destacaba la rebelión contra toda forma de autoridad (“prohibido prohibir”, etc.), incluida muy especialmente la del padre de familia. Freudomarxistas como Wilhelm Reich o Herbert Marcuse y neomarxistas como Antonio Gramsci llevaban medio siglo denunciando la “familia burguesa” como una institución represiva y castrante.

 

Pero con el aborto lo que hicieron fue “matar al hijo”…

 

Claro. La liberación sexual lleva a la legalización del aborto como última red de seguridad contraceptiva. Desde los años 70 han sido abortados decenas de millones de niños en Occidente.  Los jóvenes que se manifestaban en París en 2013 contra la deconstrucción del matrimonio son los supervivientes de esa generación masacrada.

 

La invención de la píldora a principios de los 60 contribuyó decisivamente a la disociación entre sexualidad, matrimonio y paternidad

 

¿Y con la píldora anticonceptiva “matan” al matrimonio o al menos comienzan a derruirlo?

 

Todo está relacionado, en efecto. La invención de la píldora a principios de los 60 contribuyó decisivamente a la disociación entre sexualidad, matrimonio y paternidad. A partir de ese momento, un porcentaje creciente de personas preferirán las relaciones efímeras al compromiso monógamo vitalicio. La nupcialidad empezó a caer en ese momento, aunque su declive se ha acelerado en las últimas décadas.

 

¿Y qué tuvo que ver el marxismo con mayo del 68?

 

Las hordas estudiantiles de mayo del 68 eran vagamente marxistas y se suponía que querían la revolución socialista. En su mayoría ya no se adherían al marxismo clásico-oficial de Moscú, desacreditado por la represión húngara de 1956 y la de la “primavera de Praga”, contemporánea de los sucesos de París, pero sí a nuevas versiones maoístas, castristas o tercermundistas de la revolución.

 

Ahora bien, lo que en realidad importaba más a los sesentayochistas –y aquello en lo que triunfaron- era la revolución de las costumbres. Como escribió Niall Ferguson, “they loved to party more than they loved the Party” (“Les gustaban más las fiestas que el Partido”). Mayo del 68 fracasó como revolución política, pero triunfó como revolución moral-cultural.

 

'La batalla por la familia en Europa', última obra de Francisco José Contreras

‘La batalla por la familia en Europa’, última obra coordinada por Francisco José Contreras

Y lo que había debajo de las adoquines no era la playa sino las moquetas de los despachos…

 

El liberacionismo sesentayochista es lo más parecido a una “doctrina oficial” que cabe encontrar en el Occidente postmoderno. Los hijos del 68 dominan nuestra cultura. Ocupan los ministerios, las direcciones de los periódicos y los estudios de Hollywood.

 

Mayo del 68 se saldó con una derrota política (De Gaulle salió reforzado al ganar las elecciones) pero con una victoria cultural.

 

Sí. La nueva ética amorosa, el descrédito de la familia tradicional, las reformas legislativas de despenalización del aborto, facilitamiento del divorcio, etc. se extendieron rápidamente a toda la sociedad francesa, igual que a otras sociedades occidentales. Dani el Rojo triunfó.

 

Pera esa victoria cultural es pírrica: una civilización sin familia va directa al desierto demográfico.

 

En mayo del 68 triunfó la cultura de la muerte. Y sí, va a llevar a la muerte a nuestra sociedad. Será una muerte lenta por colapso demográfico e invasión inmigratoria.

 

‘La Manif pour tous’ parece al revés: una (pequeña) victoria cultural, pero sin traducción política.

 

En el libro La batalla por la familia en Europa se analizan con detalle los esfuerzos de La Manif Pour Tous por encontrar una canalización política. Existe una plataforma afín a La Manif (llamada Sens Commun) dedicada precisamente a eso. Un movimiento social-cultural sin brazo político está condenado al fracaso. La prueba la tenemos en España, donde el movimiento de resistencia que empezaba a tomar forma en los años de Zapatero (grandes manifestaciones contra el aborto, la LOE, la Educación para la Ciudadanía, el matrimonio gay, etc.) no terminó de cuajar por la traición del PP. El movimiento se desarticuló y frenó cuando llegó al poder el PP, que se suponía eran “los nuestros”. “Hay que darles un compás de espera”. Tanto duró la espera, que el movimiento se desintegró y desmovilizó.

 

La razón por la que ninguna cultura pensó jamás en extender el matrimonio a las parejas del mismo sexo es que éstas, además de mucho más inestables y menos fieles que las ‘hetero’, son infecundas.

 

¿Qué ha sido más corrosivo para la familia: las leyes divorcistas o el matrimonio gay?

 

Las leyes divorcistas pueden haber sido más nocivas porque afectan a un mayor número de familias (la inmensa mayoría de la humanidad es heterosexual).

 

Sin embargo, el matrimonio gay tiene una gran importancia simbólica, al cortar definitivamente el vínculo conceptual entre el matrimonio y la reproducción. La razón por la que ninguna cultura (incluso las pocas que han sido tolerantes con la homosexualidad) pensó jamás en extender el matrimonio a las parejas del mismo sexo es que éstas, además de mucho más inestables y menos fieles que las ‘hetero’, son infecundas.

 

¿Tan importante es la fecundidad?

 

La finalidad de la institución matrimonial era facilitar la procreación y educación de la prole, no “certificar” un sentimiento. ¡No se ve por qué los sentimientos necesitarían un timbre oficial! Y, sin embargo, es el sentido que tiene el matrimonio en la cultura actual. No puede sorprender que el matrimonio esté cayendo en desuso. La gente ya no entiende su razón de ser.

 

¿La reproducción asistida, los vientres de alquiler… nos llevan a ‘Un mundo feliz’?

 

Huxley tuvo una capacidad de anticipación portentosa. “Un mundo feliz” prefigura más acertadamente algunos aspectos de la sociedad actual (o la que se dibuja ya en el horizonte próximo) que la otra gran distopía, el “1984” de Orwell. En el mundo huxleyano no existe el matrimonio, la sexualidad es libérrima, se instruye a los niños desde la escuela para la promiscuidad, las técnicas de reproducción artificial han sido desarrolladas hasta la total “fabricación” de los niños en probetas (se mira con horror la anticuada reproducción “vivípara”). Estamos avanzando en esa dirección.

 

Las técnicas de reproducción asistida desvinculan definitivamente la procreación de la sexualidad y el amor. En la actualidad su clientela es primordialmente homosexual (vientres de alquiler para gays e inseminación artificial para lesbianas), pero en el futuro podrían extenderse a la mayoría hetero: un soltero o una soltera encargarán un niño –sin tener pareja estable- como quien se compra un perro. De la reproducción sexuada a la autorreplicación solitario-narcisista.

 

Y a la eugenesia… razas puras ¿no?

 

Las técnicas de reproducción asistida también abren la puerta al “bebé a la carta” (ya hay empresas de biotecnología que ofrecen selección del sexo y de otras características del bebé a fabricar), la automodificación de la especie y el transhumanismo. Acabar con la especie humana tal como la conocemos, fabricar super-hombres. Eso con lo que la ciencia-ficción ha especulado tanto tiempo estará muy pronto al alcance de la ciencia real.

 

¿Terminará habiendo en Europa un choque de trenes entre ese mundo y los musulmanes, entre la izquierda progre y el islam?

 

Y el Islam llevará las de ganar, pues al menos cree en algo.

 

¿Será divertido ver qué dicen entonces los progres?

 

No será nada divertido. Puede ser terrible. Como escribió Bruce Bawer: “En una guerra entre personas que tienen creencias sólidas como piedras y personas capaces de encontrarles mil matices incluso a las acciones más atroces [explicaciones progres sobre el terrorismo islámico: “se debe a la pobreza, el racismo, la humillación, etc.”], ¿quién tiene las de ganar?”

 

Espero que la Unión Europea sobreviva a la oleada de populismos e islamismos porque ha garantizado setenta años de paz al Continente

 

¿Veremos en Europa reediciones de lo que pasó en Argelia, cuando el gobierno  anuló las elecciones que iba ganando el Frente Islámico de Salvación (FIS) y llegó a encarcelar a sus dirigentes?

 

Esperemos que no… La novela de Michel Houellebecq (“Sumisión”) fabula un escenario parecido: el líder de un partido islámico moderado llega a la presidencia francesa en coalición con la izquierda… Ciertamente, el presidente socialista Mitterand jugó descaradamente a facilitar la inmigración musulmana, probablemente con el cálculo electoral de que eso terminaría eternizando en el poder a la izquierda. Se sabe que el 90% de los musulmanes franceses votan a la izquierda. En EE.UU. el Partido Demócrata ha seguido una estrategia similar, intentando configurar una coalición de “minorías” (entendiendo por “minorías” a todo el mundo menos los varones WASP: estos últimos se han rebelado votando en masa a Trump).

 

¿Subsistirá la Unión Europea ante la doble oleada de los populismos y de los islamismos?

 

No lo sé. Espero que sobreviva, porque le ha garantizado setenta años de paz al Continente, y porque la zona de libre comercio y la moneda única son beneficiosas en conjunto. Pero no debería convertirse en un super-estado. Los pueblos no desean eso. Europa es demasiado heterogénea para ser una nación. Si la UE descarrila, será por haber quemado etapas demasiado rápido en la dirección del super-estado.

'La batalla por la familia en Europa', última obra de Francisco José Contreras

 

¿No tiene sensación de soledad al saber que libros tan valiosos como La batalla por la familia en Europa no salen en los telediarios y los leen cuatro gatos?

 

Sí. Mucha. Pero eso ya no depende de mí. Es sabido que la izquierda promociona la cultura progresista cuando está en el poder. Pero la derecha piensa que “la economía lo es todo”. La derecha política mira con asco a los intelectuales conservadores. Y las grandes empresas privadas comparten esa indiferencia y ese desprecio por la batalla de las ideas. Como el PP, el “big money” está más bien en la actitud de pedir perdón por existir y hacerse perdonar la vida por la izquierda. En EE.UU. existen formidables think tanks liberal-conservadores financiados por capital privado: en España jamás hemos tenido eso.

“Podemos parecía marginal hace sólo tres años, y llegó a convertirse en lo que es porque los votantes de izquierda no son tan malminoristas y reservones como los de derechas”

¿Cómo convencería al elector de derechas que prefiere seguir votando con la nariz tapada antes de arriesgarse por partidos alternativos que defienden a la familia pero que son ‘outsiders’? 

Les diría que, en materia de familia, el PP ha dejado de ser “mal menor”: las leyes LGTB más intolerantes se han aprobado en comunidades gobernadas por el PP; en la Comunidad de Madrid, el PP (con la excepción de Luis Peral y otros dos diputados) votó a favor de la gestación subrogada, mientras la izquierda votaba en contra.

Si no “arriesgan” un poquito votando a un partido minoritario, se condenan a ver sus valores cada vez más arrastrados por el barro, en justo castigo a su cobardía. Los partidos minoritarios sólo pueden dejar de ser tales a base de votos. Podemos parecía marginal y alternativo hace sólo tres años, y llegó a convertirse en lo que es porque los votantes de izquierda no son tan malminoristas y reservones como los de derechas. La izquierda sociológica es más coherente con sus principios y más exigente con sus partidos. A la derecha social, al final, parecen importarle sólo “las cosas de comer”.

 

actuall.com

En Francia comienzó a agrietarse la civilización europea con la revolución de mayo del 68, más cultural que política, que significó un ataque a la familia y a la autoridad. Y también en Francia ha surgido La Manif pour tous, una revolución antropológica para defender el triángulo padre-madre-hijos, cimiento de la civilización, seriamente amenazado por la cultura de la muerte y la Ideología de Género.

Francisco José Contreras, catedrático de Filosofía del Derecho, ensayista, conferenciante, columnista de Actuall, ha coordinado el libro La batalla por la familia en Europa (La Manif pour tous y otros movimientos de resistencia) (ed. Sekotia), en el que él mismo y otros treces cualificados autores reflexionan sobre lo mucho que se juega Europa en un momento de decadencia moral y demográfica como no se veía desde la caída del Imperio Romano.

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Autores como Jean Sévillia, Ludovine de la Rochère, Luca Volonté, Sophia Kuby, Mayor Oreja o  Benigno Blanco, entre otros, describen el paisaje antes y después de la batalla, y las iniciativas a favor de la familia y la vida en los distintos países de la UE, todo un movimiento de resistencia frente a una forma de tiranía más sutil pero más peligrosa que los totalitarismos nazi y comunista.

¿Comencemos por el principio, la gran crisis cultural de Occidente empieza en los años 60 con la revolución sexual?

Bueno, es difícil establecer esas cosas de manera categórica. Hay quien se remonta –buscando el origen de “la crisis cultural de Occidente”- nada menos que al nominalismo de Guillermo de Ockham (s. XIV), o a la ruptura de la cristiandad con la Reforma, o a la “filosofía de la sospecha” (Nietzsche-Marx-Freud)…

Yo me refería al ataque a la familia de la revolución de los años 60.

Pero sí, sin duda la revolución sexual de los años 60 y la consiguiente desestructuración de la familia han hecho mucho daño a la sociedad occidental. Por lo demás, ya había habido una “revolución sexual” en los años que siguieron a la Primera Guerra Mundial, aunque no tan masiva y definitiva como la de los 60-70.

Son inevitables los paralelismos con Roma: en el momento de máximo esplendor, una civilización se tambalea porque deja de tener hijos…

Sí. En Roma hubo intentos de reacción: el emperador Augusto promulgó leyes que incentivaban fuertemente el matrimonio y la paternidad. Pero, al final, la “invasión de los bárbaros” –que fue una infiltración paulatina, más que invasión violenta- tuvo mucho que ver con vacíos demográficos que son llenados por pueblos más jóvenes y más dispuestos a reproducirse.

Como ahora…

Exactamente igual a lo que vemos ahora.

Nuestra cultura postmoderna es la primera en la historia que se ha desentendido de la reproducción (…) Y lo vamos a pagar muy caro.

Hablando de hijos, dice vd. en el libro que lo más determinante en el matrimonio no es el amor, sino la unión de hombre y mujer para tener hijos. Explíquelo porque suena un poco feo…

El matrimonio es (o era) una institución que promociona la formación y larga duración de parejas hombre-mujer sólidas. La razón fundamental por la que el Derecho incentivaba y protegía a la pareja hombre-mujer era su fecundidad: de ahí salen niños, ahí es donde los niños pueden ser cuidados y socializados correctamente.

Es cuestión de vida o muerte para una sociedad que exista un número suficiente de parejas hombre-mujer dispuestas a procrear y educar: lo primero lleva unos minutos, pero lo segundo requiere décadas. Ahí se juega la conservación de la especie. Lo han sabido todas las culturas, y por eso institucionalizaron y sacralizaron el matrimonio bajo una u otra modalidad (monógama o polígama).

…Menos el Occidente actual

Nuestra cultura postmoderna es la primera en la historia que se ha desentendido de la reproducción, anteponiendo la libertad amorosa de los adultos al bienestar de los niños, que necesitan criarse con su papá y su mamá. Y lo vamos a pagar muy caro.

¿Mayo del 68 materializa aquello de “matar al padre” que decía Freud, al negar la autoridad?

En efecto, entre las difusas ideas de mayo del 68 destacaba la rebelión contra toda forma de autoridad (“prohibido prohibir”, etc.), incluida muy especialmente la del padre de familia. Freudomarxistas como Wilhelm Reich o Herbert Marcuse y neomarxistas como Antonio Gramsci llevaban medio siglo denunciando la “familia burguesa” como una institución represiva y castrante.

Pero con el aborto lo que hicieron fue “matar al hijo”…

Claro. La liberación sexual lleva a la legalización del aborto como última red de seguridad contraceptiva. Desde los años 70 han sido abortados decenas de millones de niños en Occidente.  Los jóvenes que se manifestaban en París en 2013 contra la deconstrucción del matrimonio son los supervivientes de esa generación masacrada.

La invención de la píldora a principios de los 60 contribuyó decisivamente a la disociación entre sexualidad, matrimonio y paternidad

¿Y con la píldora anticonceptiva “matan” al matrimonio o al menos comienzan a derruirlo?

Todo está relacionado, en efecto. La invención de la píldora a principios de los 60 contribuyó decisivamente a la disociación entre sexualidad, matrimonio y paternidad. A partir de ese momento, un porcentaje creciente de personas preferirán las relaciones efímeras al compromiso monógamo vitalicio. La nupcialidad empezó a caer en ese momento, aunque su declive se ha acelerado en las últimas décadas.

¿Y qué tuvo que ver el marxismo con mayo del 68?

Las hordas estudiantiles de mayo del 68 eran vagamente marxistas y se suponía que querían la revolución socialista. En su mayoría ya no se adherían al marxismo clásico-oficial de Moscú, desacreditado por la represión húngara de 1956 y la de la “primavera de Praga”, contemporánea de los sucesos de París, pero sí a nuevas versiones maoístas, castristas o tercermundistas de la revolución.

Ahora bien, lo que en realidad importaba más a los sesentayochistas –y aquello en lo que triunfaron- era la revolución de las costumbres. Como escribió Niall Ferguson, “they loved to party more than they loved the Party” (“Les gustaban más las fiestas que el Partido”). Mayo del 68 fracasó como revolución política, pero triunfó como revolución moral-cultural.

'La batalla por la familia en Europa', última obra de Francisco José Contreras‘La batalla por la familia en Europa’, última obra coordinada por Francisco José Contreras

Y lo que había debajo de las adoquines no era la playa sino las moquetas de los despachos…

El liberacionismo sesentayochista es lo más parecido a una “doctrina oficial” que cabe encontrar en el Occidente postmoderno. Los hijos del 68 dominan nuestra cultura. Ocupan los ministerios, las direcciones de los periódicos y los estudios de Hollywood.

Mayo del 68 se saldó con una derrota política (De Gaulle salió reforzado al ganar las elecciones) pero con una victoria cultural.

Sí. La nueva ética amorosa, el descrédito de la familia tradicional, las reformas legislativas de despenalización del aborto, facilitamiento del divorcio, etc. se extendieron rápidamente a toda la sociedad francesa, igual que a otras sociedades occidentales. Dani el Rojo triunfó.

Pera esa victoria cultural es pírrica: una civilización sin familia va directa al desierto demográfico.

En mayo del 68 triunfó la cultura de la muerte. Y sí, va a llevar a la muerte a nuestra sociedad. Será una muerte lenta por colapso demográfico e invasión inmigratoria.

‘La Manif pour tous’ parece al revés: una (pequeña) victoria cultural, pero sin traducción política.

En el libro La batalla por la familia en Europa se analizan con detalle los esfuerzos de La Manif Pour Tous por encontrar una canalización política. Existe una plataforma afín a La Manif (llamada Sens Commun) dedicada precisamente a eso. Un movimiento social-cultural sin brazo político está condenado al fracaso. La prueba la tenemos en España, donde el movimiento de resistencia que empezaba a tomar forma en los años de Zapatero (grandes manifestaciones contra el aborto, la LOE, la Educación para la Ciudadanía, el matrimonio gay, etc.) no terminó de cuajar por la traición del PP. El movimiento se desarticuló y frenó cuando llegó al poder el PP, que se suponía eran “los nuestros”. “Hay que darles un compás de espera”. Tanto duró la espera, que el movimiento se desintegró y desmovilizó.

La razón por la que ninguna cultura pensó jamás en extender el matrimonio a las parejas del mismo sexo es que éstas, además de mucho más inestables y menos fieles que las ‘hetero’, son infecundas.

¿Qué ha sido más corrosivo para la familia: las leyes divorcistas o el matrimonio gay?

Las leyes divorcistas pueden haber sido más nocivas porque afectan a un mayor número de familias (la inmensa mayoría de la humanidad es heterosexual).

Sin embargo, el matrimonio gay tiene una gran importancia simbólica, al cortar definitivamente el vínculo conceptual entre el matrimonio y la reproducción. La razón por la que ninguna cultura (incluso las pocas que han sido tolerantes con la homosexualidad) pensó jamás en extender el matrimonio a las parejas del mismo sexo es que éstas, además de mucho más inestables y menos fieles que las ‘hetero’, son infecundas.

¿Tan importante es la fecundidad?

La finalidad de la institución matrimonial era facilitar la procreación y educación de la prole, no “certificar” un sentimiento. ¡No se ve por qué los sentimientos necesitarían un timbre oficial! Y, sin embargo, es el sentido que tiene el matrimonio en la cultura actual. No puede sorprender que el matrimonio esté cayendo en desuso. La gente ya no entiende su razón de ser.

¿La reproducción asistida, los vientres de alquiler… nos llevan a ‘Un mundo feliz’?

Huxley tuvo una capacidad de anticipación portentosa. “Un mundo feliz” prefigura más acertadamente algunos aspectos de la sociedad actual (o la que se dibuja ya en el horizonte próximo) que la otra gran distopía, el “1984” de Orwell. En el mundo huxleyano no existe el matrimonio, la sexualidad es libérrima, se instruye a los niños desde la escuela para la promiscuidad, las técnicas de reproducción artificial han sido desarrolladas hasta la total “fabricación” de los niños en probetas (se mira con horror la anticuada reproducción “vivípara”). Estamos avanzando en esa dirección.

Las técnicas de reproducción asistida desvinculan definitivamente la procreación de la sexualidad y el amor. En la actualidad su clientela es primordialmente homosexual (vientres de alquiler para gays e inseminación artificial para lesbianas), pero en el futuro podrían extenderse a la mayoría hetero: un soltero o una soltera encargarán un niño –sin tener pareja estable- como quien se compra un perro. De la reproducción sexuada a la autorreplicación solitario-narcisista.

Y a la eugenesia… razas puras ¿no?

Las técnicas de reproducción asistida también abren la puerta al “bebé a la carta” (ya hay empresas de biotecnología que ofrecen selección del sexo y de otras características del bebé a fabricar), la automodificación de la especie y el transhumanismo. Acabar con la especie humana tal como la conocemos, fabricar super-hombres. Eso con lo que la ciencia-ficción ha especulado tanto tiempo estará muy pronto al alcance de la ciencia real.

¿Terminará habiendo en Europa un choque de trenes entre ese mundo y los musulmanes, entre la izquierda progre y el islam?

Y el Islam llevará las de ganar, pues al menos cree en algo.

¿Será divertido ver qué dicen entonces los progres?

No será nada divertido. Puede ser terrible. Como escribió Bruce Bawer: “En una guerra entre personas que tienen creencias sólidas como piedras y personas capaces de encontrarles mil matices incluso a las acciones más atroces [explicaciones progres sobre el terrorismo islámico: “se debe a la pobreza, el racismo, la humillación, etc.”], ¿quién tiene las de ganar?”

Espero que la Unión Europea sobreviva a la oleada de populismos e islamismos porque ha garantizado setenta años de paz al Continente

¿Veremos en Europa reediciones de lo que pasó en Argelia, cuando el gobierno  anuló las elecciones que iba ganando el Frente Islámico de Salvación (FIS) y llegó a encarcelar a sus dirigentes?

Esperemos que no… La novela de Michel Houellebecq (“Sumisión”) fabula un escenario parecido: el líder de un partido islámico moderado llega a la presidencia francesa en coalición con la izquierda… Ciertamente, el presidente socialista Mitterand jugó descaradamente a facilitar la inmigración musulmana, probablemente con el cálculo electoral de que eso terminaría eternizando en el poder a la izquierda. Se sabe que el 90% de los musulmanes franceses votan a la izquierda. En EE.UU. el Partido Demócrata ha seguido una estrategia similar, intentando configurar una coalición de “minorías” (entendiendo por “minorías” a todo el mundo menos los varones WASP: estos últimos se han rebelado votando en masa a Trump).

¿Subsistirá la Unión Europea ante la doble oleada de los populismos y de los islamismos?

No lo sé. Espero que sobreviva, porque le ha garantizado setenta años de paz al Continente, y porque la zona de libre comercio y la moneda única son beneficiosas en conjunto. Pero no debería convertirse en un super-estado. Los pueblos no desean eso. Europa es demasiado heterogénea para ser una nación. Si la UE descarrila, será por haber quemado etapas demasiado rápido en la dirección del super-estado.

¿No tiene sensación de soledad al saber que libros tan valiosos como La batalla por la familia en Europa no salen en los telediarios y los leen cuatro gatos?

Sí. Mucha. Pero eso ya no depende de mí. Es sabido que la izquierda promociona la cultura progresista cuando está en el poder. Pero la derecha piensa que “la economía lo es todo”. La derecha política mira con asco a los intelectuales conservadores. Y las grandes empresas privadas comparten esa indiferencia y ese desprecio por la batalla de las ideas. Como el PP, el “big money” está más bien en la actitud de pedir perdón por existir y hacerse perdonar la vida por la izquierda. En EE.UU. existen formidables think tanks liberal-conservadores financiados por capital privado: en España jamás hemos tenido eso.

“Podemos parecía marginal hace sólo tres años, y llegó a convertirse en lo que es porque los votantes de izquierda no son tan malminoristas y reservones como los de derechas”

¿Cómo convencería al elector de derechas que prefiere seguir votando con la nariz tapada antes de arriesgarse por partidos alternativos que defienden a la familia pero que son ‘outsiders’? 

Les diría que, en materia de familia, el PP ha dejado de ser “mal menor”: las leyes LGTB más intolerantes se han aprobado en comunidades gobernadas por el PP; en la Comunidad de Madrid, el PP (con la excepción de Luis Peral y otros dos diputados) votó a favor de la gestación subrogada, mientras la izquierda votaba en contra.

De acuerdo, pero por qué votar a partidos que no van a ganar

Si no “arriesgan” un poquito votando a un partido minoritario, se condenan a ver sus valores cada vez más arrastrados por el barro, en justo castigo a su cobardía. Los partidos minoritarios sólo pueden dejar de ser tales a base de votos. Podemos parecía marginal y alternativo hace sólo tres años, y llegó a convertirse en lo que es porque los votantes de izquierda no son tan malminoristas y reservones como los de derechas. La izquierda sociológica es más coherente con sus principios y más exigente con sus partidos. A la derecha social, al final, parecen importarle sólo “las cosas de comer”.

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