Martes, 26 Febrero 2013 21:58

Sobre los Carnavales de Entre Ríos: impresiones y reflexiones.

“Parvus error in principio magnus est in fine”

 
Yo, que hace varios años dejé de estudiar latín, traduzco esta frase de Santo Tomás de Aquino (en el prólogo del “De ente et essentia”) así:
 
Un pequeño error en el principio es grande en el final” (esa es la más literal)
 
Un pequeño error en los inicios es grande con el paso del tiempo” (aquí traduzco principio no en sentido filosófico sino cronológico, principio temporal, que Tomás me disculpe esta adaptación)
 
O más en criollo aún:
“Lo que empieza mal, aunque al principio parezca chiquito, luego se transforma en una tragedia”
 
Esto es solo una introducción para compartirles este artículo de un diario de Gualeguaychú y algunas reflexiones:
 
 
En la nota y en los comentarios se puede observar la claridad con que se narran las “consecuencias” del Carnaval de Gualeguaychú.
 
Les pego dos comentarios, uno que narra lo sucedido y el otro que muestra la “lógica” a la cual hice mención anteriormente:
 
   “Vergonzoso lo que se vivió en Gualeguaychú, era libertinaje, todo lo que tuvimos que vivir durante la temporada, por favor hagan algo para el próximo año yo no quiero esta clase de turismo, no tengo porque bancarme hombres haciendo nudismo y teniendo sexo en la calle, orinando en cualquier lado, manoseando a las chicas nuestras, gritándole ustedes son de gchú son unas hortivas porque no se prestaban al juego de ellos”
 
Y más adelante otro responde:
 
“Que tengan sexo en la calle no me jode, menos si son lesbianas, además nuestro show, “el carnaval del país” muestra un montón de minas en bolas, ¿que nos hacemos los extrañados?”
 
Perdón por la expresión grosera. Pero es clarito: según este comentarista desprejuiciado, el “sexo libre”, el “sexo en la vereda”, entre personas de cualquier condición, es algo que no debe extrañar a quienes aceptan un montón de “chicas desvestidas” (digámoslo con elegancia).
 
Es decir, siguiendo mi razonamiento: la gente se asusta del gran error en el final, pero aceptó naturalmente el “pequeño” error en el principio.
 
¿Cuál es el “pequeño error en el principio”?
 
Creer que los carnavales –sobre todo el que se realiza CON FORMATO RÍO DE JANEIRO-son inocentes.
Creer y sostener que es un “evento cultural” más. Una diversión entre tantas otras.
 
Yo opino (con toda seguridad de mi parte) que eso es falso. Es falso, con meridiana claridad, si aceptamos la cosmovisión cristiana, y si creemos que en hombre hay una naturaleza y unos fines innatos.
 
Y cito, para apoyar mi afirmación, el artículo que pueden leer en Wikipedia. Enciclopedia que nadie tildará de puritana, creo yo.
 
 
Allí se dice, en el encabezado:
“ A pesar de las grandes diferencias que su celebración presenta en el mundo, su característica común es la de ser un período de permisividad y cierto descontrol. En la noche del Carnaval todo  vale”
 
El Carnaval (sobre todo, vuelvo a decirlo, CON FORMATO RÍO, el que se está sosteniendo en Gualeguaychú desde hace años, y prolifera, desgraciadamente, en cada rincón de la provincia) es una fiesta pagana, donde se exaltan todos los excesos, donde el descontrol es la lógica.
 
Descontrol que quizá al principio se disimule o se muestre en “cuentagotas”, pero que progresivamente abandona su “guarida” y se transforma en el eje, en el hilo conductor de la fiesta. Como pueden leer en cualquier nota sobre los carnavales con más años, se considera este tiempo como un tiempo de “vale todo”. Y cuando se dice todo, es todo.
 
El Carnaval CON FORMATO RÍO (aclaro esto porque no me estoy refiriendo a otros carnavales, ni a las murgas y otras expresiones afines) es hoy, sobre todo, una exaltación de la lujuria, del deseo sexual.
 
Es una forma de manipulación de la belleza del cuerpo de la mujer, hiperexpuesta a la mirada de todos. Es, entonces –lo afirmo con toda certeza- una forma de violencia de género. Es una forma de “usar” los cuerpos para el goce egoísta de los sentidos y del corazón corrompido del varón. No respetando la nobilísima dignidad de la mujer y el sentido antropológico profundo de su corporeidad.
 
Hace un par de años, el “puritano” diario Página 12 publicaba que una organización feminista hizo una denuncia contra Tinelli por la “violencia simbólica” contra la mujer que se daba en sus programas.  La responsable de ese movimiento decía así:
“A las mujeres se las trata como a objetos y eso es ilegal. Hablamos de la imagen de un conductor que elige poner primeros planos de los cuerpos de las mujeres casi desnudos y que sea eso lo que hace negocio, que cosifique, que nos ponga en lugar de objetos”
 
¿Alguien puede percibir alguna diferencia sustancial con lo que ocurre todos los veranos en las calles de nuestras ciudades?
 
Progresivamente los límites se han ido “corriendo”. Cada vez era necesario “mostrar” más, como casi “única” forma de progresar y atraer. Así nuestras pantallas de televisión a toda hora, y los sitios de internet de los diarios, están inundados de cuerpos de mujeres semidesnudas, como algo completamente natural.
 
Así se han ido “naturalizando” lo excesos, en todas las direcciones. Termina pareciéndonos natural que nuestros jóvenes no puedan divertirse sin alcoholizarse, que ciertas drogas estén presentes en todas las edades y condiciones sociales. Total, vale todo. Y cuando “vale todo”, vale todo para mí. Total, el prójimo, los demás, el bien común, no importan. De tal forma que la “lógica del descontrol”, divertida al principio, termina afectando necesariamente el tejido y la paz social.
 
Porque la lujuria es lo contrario del amor y del compromiso que fundan una familia, porque el descontrol en el alcohol y las drogas y la “exaltación de la joda” son lo contrario de la disciplina, del espíritu de superación y sacrificio que forjaron nuestra patria.
 
Seguramente alguien pensará: "qué exagerado este cura, debe tener un problema mental", o algo así. "No todos los que vamos a los carnavales llegamos a estos excesos" seguro pensarán otros, y es verdad. Pero la progresiva aceptación de lo degradante va haciendo que todo sea relativo.
 
Hay pocos hechos tan tristes como ver personas ancianas, que han llevado una vida bastante ordenada y limpia, han ido perdiendo poco a poco todo criterio moral. "Eso no es culpa del Carnaval": claro que no, pero repito, cuando uno acepta una lógica, poco a poco la traslada a los diferentes ámbitos de la vida. En personas que han vivido otros estilos, puede notarse menos. Pobres los niños y jóvenes que nacieron y crecieron en ella..
 
Bueno, basta. Necesitaba decirlo, una  vez  más. Sé que el razonamiento no concluye del todo, pero otro día sigo…
Obviamente, nadie está obligado a pensar como yo. Ni estoy juzgando a nadie en particular. Sólo Dios sabe qué grado de responsabilidad hay en cada persona que realiza cada acción, muchas veces sin saber que está mal, muchas veces con la conciencia deformada por malos ejemplos y consejos.
 
Sí estoy interpretando, desde mi visión humana y cristiana, un acontecimiento que cada día parece crecer, sin que nos demos cuenta de sus riesgos. Y que, objetivamente, va expresando y fomentando cada vez más el proceso de degradación moral de nuestra sociedad.
 
Pero como sé que algunos por ahí me leen, sobre todo algunos católicos, quisiera decirun cristiano no puede participar de esta fiesta pagana. Un cristiano debe oponerse con todas sus fuerzas a la lógica del descontrol y de la lujuria que impera en estos eventos. Un cristiano no puede cooperar de ninguna manera en la realización de estas fiestas. Nuestro testimonio en favor la belleza de la pureza y del carácter sagrado de la sexualidad, hoy más que nunca, nítido, claro, luminoso.
 
Les recuerdo dos textos de San Pablo, uno del cuarto capítulo de la carta a los Colosenses:
“Por lo tanto, hagan morir en sus miembros todo lo que es terrenal: la lujuria, la impureza, la pasión desordenada, los malos deseos y también la avaricia, que es una forma de idolatría.”(Col 4, 5)
Y el otro del capítulo quinto de la carta a los Gálatas
 
“Se sabe muy bien cuáles son las obras de la carne: fornicación, impureza y libertinaje, idolatría y superstición, enemistades y peleas, rivalidades y violencias, ambiciones y discordias, sectarismos, disensiones y envidias, ebriedades y orgías, y todos los excesos de esta naturaleza. Les vuelvo a repetir que los que hacen estas cosas no poseerán el Reino de Dios.”
 
En Brasil, donde hace varios años que estas cosas ocurren, algunos grupos de cristianos –sobre todo jóvenes- dedican los días de Carnaval a realizar retiros espirituales y jornadas de Adoración al Santísimo en reparación por las ofensas a Dios y por la profanación de los templos del Espíritu Santo que son los cuerpos de los bautizados.
 
¿Llegará un día en que nosotros, católicos de Argentina, nos demos cuenta con esa misma claridad, y obremos en consecuencia?
 
 

4 comentarios:

  1.  

    Padre, como siempre muy buena y clarita entrada, a nosotros nos consta eso del descontrol, esa es la sensación cuando salís simplemente a dar una vuelta,este año no fuimos, la otra sensación es de invasión, de "esto no es de acá" pero muchos se enorgullecen de como ha "crecido". sobre la ultima reflexión no quiero decepcionarte pero tengo en facebook a una parroquia de la ciudad de Pilar que celebró algo así como corsos y carnavales católicos, ya que muestran toda una fiesta con chicas (pequeñitas) bailando en bikini, muchos con mascaras y murgas (hasta acá todo muy raro peeero) bailando en una especie de procesión con la imagen de la virgen (¡¡¡¡¿¿¿????!!!)les escribí un comentario pero nadie me respondió, no se que hacer....además de rezar, hacer penitencia, ayunar, creo que hay que iluminar pero no se como hacerlo.

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  2.  

    MUY BUENO PADRE! ESTOY DE ACUERDO CON LO QUE DICE, Sabias palabras.

    BENDICIONES

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  3.  

    Muchas gracias Padre Leandro, muy atinado y comprometido sus comentarios y reflexiones. Hoy en día al joven católico, padre de familia católico o simplemente católico se lo mira raro si dice algo en contra de estos espectáculos. Ni hablar si uno no mira todas estas cosas. Somos tildados de retrogrados o bichos raros. Pero la alegría del cristiano es tener a Cristo presente en nuestras vidas y en la comunión diaria.

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  4.  

    Gracias Padre ha expresado lo que nos preocupa y afecta a muchas personas (por lo menos las que tenemos conciencia de lo dañino que es), pero sobre todo a las familias, ya que en el fondo, es lo que se quiere destruir y arrancar de raíz de la sociedad, y es lo más valioso que tenemos.¡Dios lo bendiga!. Constanza