Jueves, Febrero 27, 2020

Política de Estado



Rey Balduino de Bélgica

Hablábamos del aborto, y de que necesitamos más ejemplos de vida estimulantes para nuestro seguimiento cristiano. Hoy voy a unir estos dos temas en una persona...

Pocos hemos conocido la apasionante historia del Rey Balduino I de Bélgica. Grave "pecado", sobre todo si

tenemos en cuenta que fue un rey profundamente vinculado a nuestro país, con una vida apasionante y una coherencia cristiana que hacen de él uno de los personajes más señeros del siglo pasado.

Voy a esbozar una breve biografía: Balduino nace en 1930. Sólo 5 años después queda huérfano de madre y primero en el orden de sucesión de su país por detrás de su padre Leopoldo III.
En 1940 Bélgica es invadida por el ejército nazi y toda su familia recluida al castillo de Ciergnon. Allí, su padre y él se niegan a firmar la carta impuesta por el Reich a la monarquía Belga. Ya tenemos las dos claves principales de la vida del monarca: La preocupación por el más allá y la coherencia de vida.

En 1950 la realeza vuelve a Bélgica tras aprobarse en referéndum con un 57% de respaldo. Un año después Leopoldo III abdica y deja el reinado en manos de un joven Balduino que contaba con 21 años.

Es entonces cuando Bélgica conoce sus mejores años de prosperidad: Se unifican las provincias separatistas, se concede la independencia al Congo e internacionalmente Bélgica se convierte en la referencia de Europa y Bruselas en el motor de la Unión Europea que hoy disfrutamos.
En 1960 contrae matrimonio con la española Fabiola de Mora y Aragón, aunque en 1966 se sabe que no pueden concebir hijos.

En 1990, renuncia a la soberanía de su país al negarse a firmar el decreto sobre el aborto aprobado en el Parlamento Belga.

Muere en su residencia de Motril (Granada) tres años después, siendo admirado por media Europa y odiado por la otra media que envidiaba su coherencia de vida.

Todas las dificultades de su vida (hemos esbozado algunas: orfandad materna, exilio, esterilidad, problemas de gobierno...) las resuelve desde la oración.

Frecuentemente decía "Voy a tomar...El Sol de Dios...", y todos sus colaboradores resaltan en sus biografías las largas horas que el rey pasaba orando delante del Santísimo Sacramento.

Anteponía su seguimiento a Cristo a sus demás obligaciones, y ha pasado a la historia como un referente moral para todos aquellos que prefieren seguir los dictados de su conciencia antes que seguir instalados en la poltrona. ¿Cuántos en nuestra sociedad hacen exactamente lo contrario, renunciar a su conciencia para convertirse en unos trepas sin escrúpulos...?

Ojala aprendamos de él la oración como fuente de vida, y la vida como expresión de la fe...necesitamos más personas tan cristianas y tan valientes como este rey que sabía que sólo hay un Rey...

Unas de sus oraciones era...Gracias Señor... no has querido que tuviésemos hijos, para que espiritualmente todos los niños del mundo fuesen nuestros hijos...( El adoraba a los niños)

El proceso de Beatificación, ha comenzado.

¡ALABADO SEA JESUCRISTO!


 

 

Una anécdota histórica, para que aprendan nuestros gobernantes...

 


BALDUINO, rey de los belgas durante 42 años -salvo un día en que dejó el trono unas horas para no firmar la ley del aborto- no siempre pudo mantener sus principios.


El religioso monarca, propuesto ahora para la beatificación, llegó una vez a la peor encrucijada posible: cuando hay que elegir entre el amor y las convicciones.
 
En aquella primavera de 1962 los médicos presentaron un dilema: si la reina Fabiola no abortaba y se empeñaba en continuar el embarazo, no sólo corría el riesgo de perder el niño, sino su propia vida. El diagnóstico fue rotundo: «Existe un 10% de posibilidades de poder concluir el embarazo y sólo un 5% de que pueda sobrevivir Su Majestad».

Según recogen dos biografías publicadas recientemente, Balduino, católico firmemente anti-abortista, optó por el amor y llegó a sugerir a su esposa que salvara su vida y, por tanto, que aceptara una interrupción médica del embarazo. Pero Fabiola de Mora y Aragón, que en su época de soltera firmaba sus cartas como «hija de María», se negó.
 
«Si se me impone esta solución, solicitaré la anulación de nuestro matrimonio en Roma y me retiraré a un convento en España», amenazó la Reina, según recogen Philipp Séguy y Antoine Michelland en su biografía «Fabiola, la Reina blanca», escrita con el consentimiento real, según los autores.

Fabiola continuó su embarazo y no pudo evitar perder el niño de forma natural. Pero salvó su vida e impidió que tanto ella como su marido cargaran sobre su conciencia un aborto que atentaba contra todos sus principios.

Stéphane de Lobkowicz también recoge en su biografía «Balduino», en versión flamenca, este episodio de la vida del Rey. Este príncipe belga cree en su veracidad, aunque admite en declaraciones a EL MUNDO que «lógicamente, la conversación entre los Reyes no tuvo testigos». En la Casa Real belga, de la que forma parte Fabiola, declinan hacer comentarios.

Tras la muerte de Balduino, en agosto de 1993, Fabiola continúa ostentando el rango de Reina y mantiene su popularidad intacta entre los belgas. Se casó con Balduino el 15 de diciembre de 1960 y entre 1961 y 1966 quedó embarazada en varias ocasiones, todas ellas sin éxito.
 
En este último año creyó en el milagro. Sentía crecer el niño y confesó a sus íntimos que esta vez lo lograría: «seré madre un día, aunque me cueste la vida». Pero una noche comenzaron los dolores y de nuevo los médicos pronosticaron un embarazo anormal. El 12 de julio de aquel año, la Casa Real emitió este comunicado: «Una evolución imprevista en el estado de salud de la Reina ha provocado la necesidad de una intervención quirúrgica».

Tras la operación, los médicos consideraron que la esterilidad de Fabiola era ya irreversible. Ella se rebeló y, saltando el protocolo, buscó el apoyo de Dios en una peregrinación a la basílica italiana de San Francisco de Asís.

Se rumoreó entonces que Balduino abdicaría al ser ya imposible la descendencia. Pero los Reyes acordaron seguir juntos y continuar en el trono. Consultaron a los más grandes especialistas, entre ellos el suizo Hubert de Watteville y el ginecólogo sueco Carl Axel Gemzell, autor de un tratamiento eficaz contra la esterilidad.

En marzo de 1968, Fabiola volvió a la clínica Saint-Jean de Bruselas, pero esta vez para intentar una operación que la permitiera ser madre. Sin éxito. Con ya cuarenta años, la española renunció a su sueño.

El Rey de los belgas sorprendió al mundo el 29 de marzo de 1990 al negarse a sancionar la ley que permitía una despenalización parcial del aborto. El senador socialista, Roger Lallemand y el flamenco Lucienne Herman-Michielsens, presentaron una propuesta de ley, que fue adoptada por el Parlamento.
 
Sólo quedaba la firma rutinaria del Rey. Pero Balduino se negó por una vez a cumplir con su obligación. «Sé que no escojo una vía fácil y que corro el riesgo de no ser comprendido por un gran número de mis conciudadanos, pero es el único camino que, en conciencia, puedo tomar», afirmó. «¿Es lógico que sea yo el único ciudadano belga obligado a actuar contra su conciencia en un aspecto tan esencial? ¿Acaso la libertad de conciencia vale para todos, salvo para el Rey?», se preguntó.

El Gobierno belga tuvo que buscar una solución jurídica. El rey Balduino no podía impedir el buen funcionamiento de las instituciones democráticas y vetar una ley aprobada por los representantes del pueblo. Para ello se esgrimió el artículo 82 de la Constitución que establece que si el Monarca «se encuentra en la imposibilidad de reinar, los ministros, tras constatar esta imposibilidad, convocan a la Cámaras para la regencia».

Con ello, el Gobierno se arrogó por unas horas de los poderes constitucionales del Rey y sancionó y promulgó la ley del Aborto. Posteriormente, convocó de nuevo a las Cámaras en pleno y constantaron que la imposibilidad de reinar de Balduino había durado sólo unas horas.

Esta actitud moral y su trayectoria en defensa de los valores cristianos ha llevado a distintos colectivos católicos belgas a solicitar su beatificación.- CARLOS SEGOVIA (Bruselas).


 

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Dios de nuestro padre Israel,

 

por los siglos de los siglos.

 

 

Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder,

 

la gloria, el esplendor, la majestad,

 

porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra,

 

tú eres rey y soberano de todo.

 

 

De ti viene la riqueza y la gloria,

 

tú eres Señor del universo,

 

en tu mano están el poder y la fuerza,

 

tú engrandeces y confortas a todos.

 

 

Por eso, Dios nuestro,

 

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De tu ternura de madre

 

Y una constante actitud

 

De consagración total

 

A tu Inmaculado Corazón

 

Y que

 

Por el conocimiento

 

El amor

 

Y la consagración

 

Pueda hacerme

 

Un poco más semejante

 

A tu tan querido Hijo

 

Mi Salvador y Señor

 

Jesucristo

 

Amén