Martes, Diciembre 10, 2019

Política de Estado


Jueves, 18 Agosto 2011 14:55

Tenemos que conocer a los candidatos

 

 El voto es una de las principalísimas oportunidades que tienen los ciudadanos de un país, para poder intervenir, con su aporte, en la construcción y la consolidación de la democracia.

Es importante entonces que sepamos elegir a los mejores, a los más honestos, a los más íntegros. Debemos conocer lo que más podamos de su vida, su ideología, su experiencia previa, y, sobretodo, tenemos que saber cuál es su pensamiento acerca de las cuestiones de índole moral, como son: el aborto, el matrimonio homosexual, el control de la natalidad, la fecundación in vitro, y
muchos otros temas que, para poder comprenderlos cabalmente, es imprescindible tener una muy buena formación ética y moral, y también religiosa.

 

Pero a los argentinos ¿nos interesa verdaderamente conocer bien a los candidatos?, ¿nos interesa saber qué es lo van a hacer para mejorar la economía, para mejorar el sistema jurídico, para mejorar el cobro de los impuestos, para administrar eficientemente la nación, por citar solamente unos pocos temas? La respuesta es no, en un porcentaje de alrededor del 50% de la población, y es sí, con algunas diferencias de intensidad, en el otro 50 por ciento.

Creo que la situación descripta se produce también en la mayoría de los países de mundo. No obstante, me parece que en Argentina, al igual que en muchos países, la población no está mayoritariamente preparada para discernir cuales deben ser las principales aptitudes y creencias de nuestros candidatos que son más convenientes para el cargo para el cual se postulan.

Por ejemplo, si le preguntamos a los jóvenes de entre 18 y 30 años si están de acuerdo con que a una pareja de homosexuales se le otorgue una libreta matrimonial, creo que estarían mayoritariamente de acuerdo, mientras que con los hombres mayores de 30 años sucedería todo lo contrario.

En casi todas las elecciones de la historia democrática del país hemos votado a muchísimos diputados, senadores e incluso a gobernadores y presidentes, sin haber conocido mínimamente sus ideas. Después nos lamentábamos de que aprueben leyes y tomen decisiones, en contra de los verdaderos intereses de la nación.

En cierta manera me parece lógico que no todos los ciudadanos de una nación tengan necesariamente la vocación de interesarse por la vida política del país. Es por ello que estoy muy de acuerdo con que el voto no sea obligatorio, como ocurre en muchas de las principales democracias del mundo.

Pero así como no todos los ciudadanos tienen un conocimiento mínimo como para intervenir responsablemente en la elección de los gobernantes, también tenemos la gran dificultad de que muchos de los periodistas, al igual que otros muchos políticos y dirigentes de todos los ámbitos culturales y sociales, no tienen suficiente formación ética y moral, ni mucho menos religiosa.

Yo, para ser sincero, siento una gran admiración por la gran mayoría de los periodistas y políticos, pues es indudable que tienen verdadera vocación por lo que hacen y me agrada escucharlos en los debates, entrevistas, conferencias, gracias a los cuales he aprendido mucho respecto de lo que necesita Argentina en materia de desarrollo económico, educación, salud, vivienda y todo lo concerniente al orden temporal.

Sin embargo, debido a la falta de una recta formación moral y religiosa, encontramos que muchísimos periodistas y políticos apoyan leyes que destruyen los valores de la familia, la educación y las buenas costumbres, debido precisamente a la grave carencia de formación ética y moral que ostentan.

Para que no suceda como ha sucedido a lo largo de toda nuestra historia, y en virtud de que hoy en día los adelantos tecnológicos hacen posible que la información llegue con facilidad a todos los rincones del país, debemos exigir que todos los candidatos sean perfectamente conocidos por todos los votantes antes de que éstos emitan su voto.

Casi siempre, en el pasado, ni los periodistas tenían intención de preguntar a los políticos, ni los políticos tenían intenciones de responder acerca de determinadas cuestiones tales como por ejemplo el aborto, el matrimonio homosexual y el control de la natalidad, porque quienes están a favor de legalizarlos saben que encontrarían mucha oposición, y si bien se trataban en algunas ocasiones esos temas, dolía ver el bajo nivel de discusión, para cuestiones que requieren de la presencia de los hombres más sabios y acreditados, a la hora de opinar.

Obviamente que solamente con saber elegir no solucionamos todos los problemas de la democracia argentina, pero es un capítulo importantísimo. Si los argentinos reconocemos que nos falta seriedad, dedicación, más amor a la patria, estudiar los grandes temas que hacen al bienestar de la familia y de la nación, y hacemos también una oración por nuestro éxito como país, seguramente podríamos mejorar inmediatamente la imagen del país y alcanzar espectaculares progresos en poco tiempo.

Un economista decía, en una entrevista televisiva, que el aumento del PBI de Argentina, más allá de que aumente por el crecimiento de la economía, va a estar de igual forma limitado en los próximos 8 ó 10 años, debido a la poca inversión que ha habido, lo cual es producto de: las erráticas políticas económicas, el despilfarro de los dineros públicos, la injusta e ineficiente asignación de los recursos, una pobre capacidad de gestión, y al desprestigio internacional que impide que otros países inviertan en Argentina.

Si reconocemos que el principal problema que tiene Argentina es de orden moral y religioso, antes que económico y político, pensemos cuántos años más deberán transcurrir para cambiar la cultura y el alma de los argentinos. A pesar de todo, sigo creyendo en un cambio copernicano, a partir de la humildad y la docilidad de un pueblo que solamente obedece con entusiasmo a quienes tienen sincera honestidad y buenas ideas, y dirigentes que verdaderamente estén a la altura del servicio patriótico desinteresado que requieren los tiempos y las circunstancias actuales.

En los EEUU, cuando hay dos candidatos a legislador, y uno de ellos es pro-vida, por ejemplo, lo comentan hasta el cansancio en todos los medios católicos, y van informando constantemente a los electores acerca de cuáles son los candidatos pro-vida en todos los estados.

Me sorprende, como me ha venido sorprendido en los últimos años, que haya muchos candidatos de todos los partidos políticos, que fueran entrevistados muchas veces en los últimos meses, y sin embargo no se han explayado claramente acerca de sus propuestas de campaña, y muy especialmente acerca de los temas como la defensa de la vida, el matrimonio homosexual, la educación sexual en las escuelas primarias y secundarias, y todo acerca de lo cual podría legislarse en el próximo período presidencial.

Si un candidato está dispuesto a legalizar la matanza de los niños por nacer, no debemos votarlo. Que no debemos matar a un niño en el seno de su madre es una verdad revelada por Dios, una verdad en la que creen muchos argentinos de buena voluntad. El próximo gobierno debe también derogar la bochornosa ley de matrimonio entre dos hombres o entre dos mujeres.

En mi opinión deberíamos también fijarnos quienes tienen los mejores equipos económicos, pues la primera política social debe consistir en tener un plan económico ortodoxo que permita la máxima producción, el pleno empleo, la estabilidad de los precios y la inversión productiva argentina y extranjera; deben estar dispuestos a dialogar con todos los partidos políticos y trabajar en conjunto, siempre que sea beneficioso y útil para el país; deben trabajar intensamente para reducir la inflación hasta llegar a los niveles de países como Perú o Brasil (alrededor del 4% Anual); deben ocuparse de erradicar todas las villas de emergencia del país; deben tener un plan de construcción de viviendas para argentinos que no pudieron acceder a ella.

Creo que los argentinos tenemos que tener un poco más de seriedad y de responsabilidad en todos los órdenes. La cultura y la honestidad que debemos exigir de los políticos es también deber de cada ciudadano. Saber votar implica tener un mínimo de educación democrática y moral. No obstante, si bien la honestidad, como virtud global, debe ser enseñada en todas las aulas, no olvidemos que sólo se la aprende bien en la oración.

Debemos cultivar nuestra mente, pero también necesitamos una conversión profunda que nos lleve a poner en práctica la cultura del esfuerzo, de la perfección y del servicio desinteresado al bien común.

Si amamos de verdad a nuestra patria, seamos responsables a la hora de votar, sabiendo que no solamente debemos votar por candidatos y partidos políticos, sino que debemos llevar al gobierno a una élite de dirigentes totalmente íntegros, que trabajen en políticas públicas para los próximos 4, 8, 20 ó 50 años. Aunque no se vean los frutos. Que Dios bendiga a la Argentina.

 

Carlos Alberto Ferrari  18-08-2011

 

 

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