Domingo, Agosto 20, 2017

Política de Estado


Sábado, 06 Julio 2013 08:36

El descenso de la natalidad

El descenso de la natalidad


T
res noticias muy recientes-el índice de natalidad en España: 1,07 hijos por mujer, a mediados de siglo apenas llegaremos a los 30 millones de habitantes y mecesitaremos anualmente centenares de miles de emigrantes para mantener nuestras industrias y servicios- parecen haber encendido la luz roja en nuestra sociedad y las alarmas han comenzado a dispararse.
 
Decía Cela en una reciente entrevista: Los españoles somos una especie en vías de extinción.

 

LOS HECHOS


 

Datos del Instituto Nacional de Estadística: de 2,24 hijos por mujer, en 1970, hemos pasado a 1,25 en 1991, 1,16 en 1997 y 1,07 en 1999-¡el índice más bajo del mundo!- (Los demógrafos sitúan en 2,10 el número mínimo de hijos por mujer para que se produzca el relevo generacional: 2 para reemplazar en su día a los padres.

 

El problema es tanto más grave cuanto que la sociedad española no parece haberse preocupado por él, ni tomado medidas para solucionarlo. Como si no estuviera en juego nuestra misma existencia como pueblo... Ya el mismo Gobierno socialista reconoció la gravedad de la situación en el Informe que elaboró en 1994 para la Conferencia Internacional sobre la Población y Desarrollo de El Cairo:

 

La evolución demográfica en España-decía ese Informe- ha supuesto una considerable reducción de la proporción de menores de 15 años en el conjunto de la población -de 28% a 19% entre 1970 y 1991-. De persistir las actuales tendencias, el número de jóvenes continuará reduciéndose, hasta llegar en el año 2020 a la mitad de los actuales ocho millones.

 

Correlativamente, la proporción de personas de más de 65 años ha aumentado en el mismo período del 10% al 14%. A comienzos del próximo siglo, es probable que esa proporción llegue a representar el 17% de la población, en el año 2020 más del 20% y en el 2030 una cuarta parte del total.

 

LAS CAUSAS


 

¿Cuáles pueden ser las causas del descenso de la natalidad? Porque sólo conociéndolas-y conociendo las consecuencias- nos hallaremos en condiciones de arbitrar soluciones que pongan remedio a estesuicidio colectivo.

 

Entre las más importantes, están:

 

 

-la generalización de los anticonceptivos, que ponen el placer sexual al alcance del hombre y de la mujer sin el peligro de que se siga la procreación (y cuando fallan esos anticonceptivos se recurre, en no pocos casos, a la interrupción voluntaria del embarazo);

 

-la ausencia de una política de protección a la familia y a la natalidad;

 

-la falta de reconocimiento social del trabajo de la madre en el hogar, considerando que la mujer no se realiza si no trabaja fuera de casa y que algo de tanto valor para la sociedad como es la atención al hogar, al marido y los hijos carece de valor;

 

-la idea de que, a menor número de hijos, mayor bienestar material;primero debemos situarnos profesionalmente, comprar la casa, el apartamento en la playa, adquirir un nuevo coche, etc.; después ya habrá tiempo para pensar en hijos;

 

-el trabajo de la mujer fuera del hogar, con múltiples aspectos positivos, como el de su realización personal y el que pueda aportar sus múltiples valores a la sociedad, pero que no debe ir en detrimento de una maternidad que le da su plenitud como esposa, madre y mujer.

 

¿Resultado?: una mentalidad anti-baby cada vez más generalizada. Son escasos los matrimonios que tienen hijos al poco tiempo de casarse. Los años pasan sin que la sonrisa de un niño alegre el hogar. Y cuando llegue , si es que llega, será hijo único, o integrante de una parejita.

 

LAS CONSECUENCIAS

PARA LOS ESPOSOS:


 

-En el plano de la afectividad. El hijo es como el amor hecho carne. En él se hace realidad maravillosa ese querer ser uno los dos que se aman.

Pero hay más: la mujer tiene, en cuanto madre, una serie de potencialidades escondidas-paciencia, entrega, capacidad de sacrificio...- y ¿dónde hacerlas mejor realidad sino en ese hijo que lo es todo para ella?

 

Y algo parecido ocurre con el hombre. Por naturaleza es más duro que la mujer, pero el hijo hace surgir en él una delicadeza y una ternura que también le enriquecen.

 

-En el campo del carácter. ¡Cuánto dominio de sí, cuánto desinterés y paciencia supone para los padres la presencia de los hijos! ¿Quién le iba a decir a aquella muchacha que su fuerza de voluntad le llevaría a pasar noches enteras en vela a la cabecera de su hijo enfermo? ¿Quién le iba a decir a aquel joven que iba a renunciar a su comodidad para ayudar al hijo a concluir sus deberes, o a dominarse cuando ya se le escapaba el bofetón?

 

La confianza que los hijos ponen en sus progenitores constituye una permanente invitación a no defraudarles. ¿Puede haber mayor estímulo para los padres?

 

-En el aspecto intelectual. Los hijos, con su carácter diferente, con sus valores y sus defectos, obligan a los padres a agudizar el ingenio para ver la mejor manera de tratarles: una verdadera gimnasia intelectual.

Padres que, convertidos en profesores particulares, tienen que estudiar para poder enseñar a sus hijos; padres que, para hacer frente a tal o cual problema, se ven obligados a formarse, o que se encuentran en los mismos hijos el gran libro en el que aprender.

 

-En el ámbito educativo. En cuanto educadores, los padres reciben de los hijos una valiosa ayuda. ¡Cuánto beneficia al pequeño ver que sus derechos están limitados por los de sus hermanos, que tiene que compartir y aguantarse y ceder...!

 

Pero hay más: los hermanos mayores roturan el terreno que recorrerán los siguientes y los hermanos menores dan la oportunidad de ejercer sobre ellos cierto dominio. Y tanto unos como otros facilitan el vivir en un ambiente en el que se aprende la lección de que no se está solo en el mundo, sino que hay que contar con los demás...

 

-En el mundo profesional. ¿Los hijos, carga para los padres? ¡Las alas son también carga para los pájaros, pero gracias a ellas pueden lanzarse a las alturas! Son muy significativas las conclusiones llevadas a cabo por el doctor Hungtinton, sobre antiguos alumnos de la Universidad de Yale: aquellos que alcanzaron mayor éxito en su profesión fueron precisamente los que tuvieron un mayor número de hijos.

 

La presencia de varios hijos a los que sacar adelante despierta en los padres nuevas energías, a la vez que les obliga a ejercitar una serie de virtudes-paciencia, generosidad, espíritu de colaboración, etc.- que contribuyen grandemente al éxito profesional.

 

-En la unión conyugal. Nada une más a dos personas que centrar en el mismo ser su cariño y sus preocupaciones. ¡Cuántas veces se superan las dificultades conyugales por el bien de los hijos!

 

PARA LA FAMILIA


 

Con una natalidad de 1,07 hijos por mujer, la mayoría de nuestros hogares-nueve de cada diez- serán hogares de un solo hijo: Imagínese lo que puede significar-dice el profesor Julián Marías- la situación que se anuncia.

 

Un empobrecimiento extraordinario, no de los recursos económicos, al fin y al cabo secundario, sino de la misma realidad humana: El niño sin hermanos, en una extraña soledad originaria, sin conocimiento de una de las formas más intensas y enriquecedoras de convivencia.

 

Pero hay más: esa cifra de 1,07 hijos por mujer significa que nueve de cada diez matrimonios tendrán un solo hijo, el cual, al no tener hermanos, tampoco tendrá sobrinos.

 

Y en cuanto a sus hijos-los hijos de ese hijo único- no tendrán tíos (puesto que sus padres no tuvieron hermanos), ni tendrán primos (puesto que los primos hubieran sido hijos de unos hermanos que nunca existieron)...

 

Esto es: la familia extensa o familia grande-tan habitual entre nosotros como complemento y ayuda a la familia nuclear y constituida, además de por los abuelos, por los sobrinos, los primos y los tíos- será desconocida por nuestros nietos. Con el empobrecimiento consiguiente.

 

PARA LA SOCIEDAD


 

Envejecimiento de la población. En diez años, de 1980 a 1990, el número de jóvenes menores de 15 años ha pasado en España de 10.300.000 a 8.300.000, ¡dos millones menos! Como, por otra parte, la población anciana aumenta-en 1980 había 4.200.000 personas de 65 ó más años y este año 2000 somos ya dos millones más-, los problemas se agravan.

 

Menor peso de España en el concierto de las naciones. ¡Es tan distinto, a la hora de hacer valer nuestros derechos, que seamos un país de cuarenta o cincuenta millones de habitantes a que sólo tengamos treinta o quince!

 

Peligro de quiebra del sistema de Seguridad Social. Según el anterior ministro de Economía, para el 2015 o 2020 hay peligro de que la Seguridad Social no tenga dinero suficiente para pagar a los pensionistas. El señor Solbes no inventaba nada, se atenía a las estadísticas.

 

En 1975, por cada pensionista había seis trabajadores que cotizaban; en 1996 sólo había dos; y para la segunda década del siglo que acaba de comenzar ya será mayor el número de pensionistas, a los que deberá atender la Seguridad Social, que trabajadores que cotizan.

 

Problemas migratorios. Para atender a la industria y a los servicios, tendremos que recurrir a la mano de obra de inmigrantes de países africanos o hispanoamericanos. Dicho de otra forma: los balseros que exponiendo sus vidas cruzan el Estrecho serán recibidos con los brazos abiertos por nuestros hijos dentro de no muchos años.

 
PARA LA IGLESIA

España ha sido y es uno de los pilares de la Iglesia. La disminución de su población y su envejecimiento dejará sentir también su influjo negativo sobre esta institución. Por otra parte, nuestro país es el que hoy cuenta con mayor número de misioneros en todo el mundo. Al ser menos los españoles, menos serán los que consagren su vida a esa labor de tanta trascendencia.

 

Pero no es sólo en las misiones donde la Iglesia trabaja, sino en multitud de obras culturales, asistenciales que, atendidas por sacerdotes y religiosos de ambos sexos, se hallan extendidas por toda nuestra geografía. Ahora bien: las familias medias y numerosas son la principal fuente de vocaciones.

 

Al ser cada vez más escasas esas familias, y en consecuencia las vocaciones que surjan de ellas, ¿quién atenderá esas actividades? (El hijo único crece en un ambiente poco propicio para la vocación, que los padres tratarán de sofocar-en el caso de que se diera- pues carecen de otros hijos que puedan orientar hacia el matrimonio).

 

LAS SOLUCIONES


 

Cuando una sociedad es poco propicia a la llegada de los hijos, es difícil hacerle cambiar de idea. No es sólo-aunque también influya- cuestión de dinero, sino de mentalidad. Pero el problema es tan serio que se impone un esfuerzo continuo por parte de la Administración, en el campo de las leyes, en las familias y en los mismos individuos.

 

Por parte de la Administración: reconocer la importancia del trabajo de las madres en el hogar y en la educación;

 

subvencionar a la natalidad; ayudar a las mujeres gestantes, a las familias con miembros en paro, etc.;

 

volver a situar en el lugar que les corresponde las enseñanzas de Religión y Humanidades para formar debidamente la mentalidad de las futuras generaciones; promover, en TV especialmente, programas que ensalcen los valores de la familia;

 

reorientar la enseñanza de la sexualidad bajo la visión del amor y la responsabilidad; informar sobre la realidad el aborto-no hay mujeres abortistas, sino mujeres desinformadas- etc.

 

En el campo de las leyes: leyes que protejan al niño antes y después del nacimiento; que combatan la pornografía; que favorezcan la estabilidad del matrimonio, que establezcan ayudas sustanciales-económicas, fiscales, etc.-, que favorezcan la natalidad, etc.

 

En el campo de la familia: compartir ambos cónyuges las tareas del hogar; ejercitar una paternidad responsable y abierta a la vida; inculcar en los hijos valores de austeridad y de generosidad a fin de que el egoísmo no les conduzca a decir no a la vida, etc.

 

En los mismos individuos: formarles adecuadamente sobre estos temas, porque son ellos quienes luego actuarán en la familia y en la sociedad y sólo lo harán con acierto si tienen ideas claras sobre el daño que la involución demográfica conlleva.

 

Sólo así, con unas ideas claras sobre la situación en que nos encontramos, conseguiremos invertir la actual tendencia del índice de natalidad y reemprender el camino hacia horizontes más prometedores.

 

Recordemos, para concluir, una afirmación del Consejo Económico y Social de la Comunidad Económica Europea en relación con este problema: Un niño encarna la esperanza. No hay ningún niño que no sea necesario.

 

 

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1 comentario

  • Enlace Comentario Gabriel Sábado, 06 Julio 2013 23:07 publicado por Gabriel

    Muy buena noticia, muchas gracias señor Ferrari, nutro mi programa de Radio con sus noticias y siempre nombro la pagina.
    saludos desde Capilla del monte

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Mi Salvador y Señor

 

Jesucristo

 

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