Jueves, Noviembre 23, 2017

Política de Estado


Sábado, 03 Marzo 2012 12:03

A los argentinos nos falta: disciplina, responsabilidad y honestidad.

Los argentinos tenemos que exigirnos un poquito más de disciplina y honestidad, principalmente quienes cumplen alguna función de liderazgo. Los padres deben exigir más a sus hijos, los maestros deben exigir un poquito más a sus alumnos, algunos gobernadores deben exigirles un poco más a sus funcionarios, y darle mucha más importancia a los organismos de control y de auditoría.

 

Bajar la inflación, por ejemplo, implica que el gobierno debería exigirse bastante más en el manejo de los dineros públicos, como así también debería hacer el esfuerzo necesario para conseguir la meta macroeconómica de la estabilidad de los precios.

Pero un país como Argentina, con tanta abundancia de riquezas, no necesita hacer tanto sacrificio. Lo que ocurre es que el gobierno, aparentemente, tiene miedo de tomar las medidas adecuadas.

Las negociaciones paritarias, como las estamos utilizando en la Argentina, duran mucho tiempo, no tienen límite de aumentos, y los empresarios ceden a sabiendas de que luego van a tener que trasladar a los precios los aumentos de salarios convenidos.

Convendría volver a los aumentos de salarios por decreto, o encontrar otra solución más semejante a la de los países vecinos.

Cuando un sindicato recibe un aumento del 17%, viene otro que pide 19%, luego, a los pocos días le toca negociar a otro sindicato que, basándose en lo que lograron los anteriores, pide 21%, empujando la inflación hacia arriba, como ha venido sucediendo en los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner.

Tanta inflación se ha producido, que últimamente se está negociando por un año, pero con alguna cláusula de ajuste a los 6 meses. Ningún país del mundo tiene estas negociaciones paritarias, pero aquí los argentinos también somos originales, solamente para nuestro mal.

Con este sistema de negociaciones paritarias es imposible controlar y reducir la inflación, pues atenta contra el imprescindible equilibrio macroeconómico, que es tan elemental para nuestra nación.

Si la Presidenta cree que sabe de Economía y para colmo designa, para los distintos ministerios, a hombres de poca experiencia, no nos hagamos ilusiones, deberemos esperar hasta que termine su mandato para que Argentina vuelva a tener funcionarios de primer nivel, que estén a la altura de una nación muy rica, llena de talento y de recursos naturales, con una población de 40.000.000 de habitantes.

Tanta riqueza argentina no puede estar en manos de funcionarios improvisados e incapaces. Si no fuera por los precios internacionales de los granos, muy distinta sería la situación de nuestro país. Creo que nunca he visto perder tantas oportunidades y administrar tan mal los dineros públicos.

La Sra. Presidenta, ya sea cuando habla en sus discursos, como cuando toma algunas medidas de gobierno, da la impresión de que lo hace como parte de una campaña política, no como parte de un plan de gobierno.

Los que entendemos algo de economía y política, sabemos muy bien que muchas veces Cristina Fernández exagera un poco los logros de su gobierno.  Cuando Cristina Fernández decide “fútbol para todos” y automovilismo para todos, destinándole cientos de millones de pesos, no piensa en el bien común, está simplemente haciendo campaña política con nuestro dinero.

Parecería que la Sra. Presidenta no acierta en la tarea de frenar la escalada inflacionaria. Quizás cree que con una actitud voluntarista va a conseguir sus objetivos, pidiendo moderación desde el púlpito.

Pero lo cierto es que no parece tener un funcionario en Economía capaz de liderar, en su nombre, un acuerdo de precios y salarios. O por lo menos, un plan racional para reducir la inflación de una vez por todas.

Necesitamos un equipo económico que sea capaz de vendernos, a todos los argentinos, la necesidad imperiosa de conseguir la estabilidad de los precios. Argentina está atrasada más de 40 años en materia de equilibrio macroeconómico.

Los argentinos estamos consumiendo mucho, pero hay poco ahorro, poca inversión, poca vivienda para la clase trabajadora, pocas autopistas, tenemos trenes antiguos y sucios, despilfarramos un inmenso dinero precioso en “futbol para todos”, “automovilismo para todos”, tenemos muchos funcionarios corruptos. Y en medio de todo este desbarajuste la Sra. Presidenta nos dice que Argentina creció, durante su gobierno y el de su marido, más que en los últimos 200 años.

La inflación es la libreta de calificaciones de un país, pues es el resultado de muchos aciertos o de muchos errores, que están directamente relacionados con la capacidad, la honestidad, y la ideología de los funcionarios gubernamentales. No es casual que en Argentina hayamos tenido varios años de mucha inflación. Algo, evidentemente, tiene que haberse hecho muy mal.

Tenemos que ser un poquito más sacrificados. Estamos viviendo en una época en la cual los derechos están a la orden del día, pero de los deberes hablamos poco. Por ejemplo, si como resultado de un acuerdo, los sindicatos resignaran un 2 ó 3 % de aumento salarial mientras que los empresarios se comprometen, como contrapartida, a controlar un poco más los precios, ya tendríamos un principio de solución para reducir definitivamente la inflación.

Pero todo depende del gobierno, y yo me pregunto ¿tan difícil es bajar la inflación en la Argentina?

Los argentinos no hemos descubierto todavía el inmenso potencial que podemos desarrollar para llegar a ser el mejor país del mundo. Ojala que todos adquiramos la cultura y la formación humana y moral necesarias para realizarnos plenamente como nación.

Los argentinos necesitamos que nos enseñen qué es amar a la patria, que el dinero fácil no nos trae la felicidad, que la honestidad nos engrandece y nos enriquece, que la disciplina bien vale la pena, y que con el trabajo responsable de todos protegemos nuestra vida y la vida de los demás. Recemos por nuestro país.

 

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